miércoles 31 de agosto de 2011

Lolo Palza presenta "Vida breve"


Esta noche es la cita. Lolo Palza presenta su último libro, "Vida breve", en una reunión en la que Ana María Flores y Domingo de Ramos harán los comentarios de rigor. Salud, poeta, estaremos, aunque la distancia haga lo suyo.

La breve nota de invitación dice así:


Cascahuesos Editores y Albazos - pisco bar se complacen en invitar a usted a la presentación del nuevo libro del poeta peruano Lolo Palza Valdivia (Puno, 1964) Vida Breve. Este evento se llevará a cabo en Albazos - pisco bar, ubicado en Calle Berlin 172, Miraflores, el día miércoles 31 de agosto a las 21:00 horas; y la presentación estará a cargo de los poetas:

• Ana María Flores Núñez
• Domingo de Ramos

Agradecemos su gentil asistencia.

miércoles 24 de agosto de 2011

Poética de la Inconexión



Marco Fonz envía desde México este texto que, aún sin publicarse, ya ha tenido algunas respuestas. Pero antes de responder y para poder debatir, antes habrá que leer.

Escribe: Marco Fonz

Hoy, agosto del año 2011 lanzo como propuesta estética para la poesía lo que llamo La Poética de la Inconexión ¿Qué es y qué no es?

La Poética de la Inconexión no tiene los ojos azules ni es dios en la tierra, pero baila
la danza de todos los dioses de la naturaleza en la naturaleza y en la vida artificial.
No es humana pero practica el Antihumanismo.
No es lógica y no tiene un cuerpo armonioso; le gusta lo amorfo y la teoría de la belleza
difícil y la estética de la fealdad.
La Poética de la Inconexión no parte de una secuencia razonada. Practica el error como un ejemplo de la
libertad creativa y la libertad de vida y pensamiento.
No es imaginativa, es realista.
No es escritura automática. Es un sueño en una casa llena de espejos. Un árbol del
bosque de coral negro en el cerebro del poeta.
El Poeta de la Inconexión escribe versos como el cerebro crea pensamientos:
El pensamiento no es lineal, brinca de un lado a otro en su desorden ordenado.
Con mis Poemas Inconexos de La Poética de la Inconexión quiero decir algo pero no
quiero contar nada.

La Poética de la Inconexión se vea o no, al final se percibe:
Estamos rodeados por ella –se encuentra en el aire– pero sólo aquel que tenga los sentidos alterados podrá ser parte de ella.
Si la letra, la palabra y los versos son materia, entonces los espacios en blanco de

La Poética de la Inconexión es antimateria.
Los poemas escritos bajo esta propuesta estética son escritos por varios seres en uno, asimilados, aceptados como personalidades múltiples, necesarias para acompañar estos tiempos en los que la creación se acerca más a un suspiro: la atención del artista a la obra se mantiene hasta que interviene el mínimo distractor.

La Poética de la Inconexión prefiere dar un paso a la experiencia espacial en las múltiples realidades que medir todo por tiempo y vivir en el tiempo.
Excluir a la anécdota del poema. Estamos mal acostumbrados a buscar en el poema una historia o un cuento debido a la mala lectura de la poesía y mala práctica desde nuestras bases educativas. Si quieres contar un cuento pues escribes un cuento o una novela o un micro relato:


La poética de la Inconexión deja de contar historias y cuentos pero te dice algo que resulta intangible, insaciable y necesario para la conciencia y la experiencia existencial.
Si existiera una anécdota en el Poema Inconexo se desarrollaría sin lógica ni orden.
Lo sentimental y emocional se suple por lo sensorial y visionario.
Entonces los poemas que escribo son Poemas Inconexos y pertenecen a la estética que denomino La Poética de la Inconexión.

Cambiar de dirección requiere nuevo traje y nuevo calzado. Listos los materiales y herramientas en el saco creativo, listo el camino, listo el arriesgarse, todo listo y preparado para comenzar una nueva etapa en la poesía.

Los antecedentes de los Poemas Inconexos son claros, se inventa hoy lo que en otro momento de la vida poética se llamará Historia. Y esta Historia tendrá múltiples rostros. Y uno de ellos será La Poética de la Inconexión.


Marco Fonz / México, D.F.



La foto ha salido de aquí (gracias).

lunes 22 de agosto de 2011

Susana Baca: la ministra que amaba la poesía




Por: Vladimir Herrera

1. La actual ministra de cultura Susana Baca solía llegar por las mañanas con Jorge Pimentel al Pasaje Velarde 113, cerca de Wilson el año de la catapúm. Traían su incakola, su chancay y algunos chicharrones para los vagos aquellos que pernoctábamos en esa piscina. Sus razones tendrían. Porque en esos poquísimos metros cuadrados habitábamos Omar Aramayo mi paisano, el zambo Verástegui, Oscar Málaga, y el que esto escribe. A Verástegui lo dejábamos dormir con medio cuerpo afuera para que nuestros sueños de humo tuvieran paz. De ello se encargaba el incorruptible Málaga mientras una soga para ahorcados presidía la noche.
2. La futura ministra con el signo de géminis en las manos y enamorada de la poesía era una auténtica inspiradora de aquellos desgreñados. Por las noches y en mancha éramos invitados a casa de Chabuca Granda. Creo recordar que Cesar Calvo era el puente. En casa de Chabuca cantaban Andrés Soto y Paco Guzmán, nuestros íntimos de Jesús María también asiduos al pasaje Velarde 113.
3. Hasta que un día empezó la diáspora: Oscar Málaga se casó por primera vez con uno de mis trajes cusqueños. Verástegui publicó sus Extramuros y no se le volvió a ver. Aramayo y Susi se fueron junto a Gonzales Viaña que desde entonces comenzó a odiar la poesía. Sobre esto pueden dar más detalles los interesados. Aquel año también se publicó Mate de Cedrón y el autor se fue de Lima.
4. VLADIMIR HERRERA.




El texto de Vladi viene de aquí.

viernes 12 de agosto de 2011

La tradición poética en Arequipa, una propuesta futura





Por: Juan W. Yufra



El discurso literario de las comunidades que acogen un intercambio cultural -en este caso poético- tienden a elaborar una tradición que convoca al diálogo y a una polifonía de la experiencia; es decir, cobran existencia las voces que representan el proceso evolutivo de un espacio, que a su vez explica las motivaciones y su impronta en el texto. Su trascendencia debe ser validada por el tiempo; y, las obras, una prueba tangible de su expresión material.
No hay amistad en “la gran poesía”. La tradición es la huella de una identidad. Y Arequipa es el espacio cuya existencia no se debe a sus críticos (que ya no viven en esta vida) sino a sus creadores que a fuerza de rodar a la ventura, la construyeron. Si revisamos el siglo XX, sólo ciframos esperanzas en las Antologías realizadas por Jorge Cornejo Polar. Celebramos a los poetas reunidos allí, como si la subjetividad de Cornejo Polar fuera el santo y seña del cannon. Es hora de anular esa impronta. Quienes lean con atención dichas selecciones, tanto la de 1976 y 1990, encontrarán excesos, errores por la dispersión, carencias en los textos seleccionados. Y el presente siglo debe reconocer la calidad de sus escritores en la dimensión de su trascendencia. Sin apropiaciones antojadizas y sin la infinita ingenuidad de los hacedores. No podemos elaborar “espantapájaros” aunque sean muy necesarios, pues sirven para generar la diferencia. No. No se debe sustentar "nuestra” poética en la farsa y en la ridiculez. Entonces, es necesario su replanteamiento, pues se debe construir y sustentar en la medida de su intensidad y requerimientos. Esto lo determina la época y la naturaleza del lenguaje poético que lo condiciona todo.
En la posible selección podemos señalar periodos de apertura y ruptura. La gran búsqueda de la ansiada originalidad se dio en la vanguardia de principios del siglo anterior. Esta distensión en las propuestas poéticas nos dieron el carácter de sus creadores. No se debe de obviar la beligerancia de ciertos discursos, a veces exagerados pero necesarios. Explican su tiempo.
Hay de todo, es cierto. Algunos desmerecen a Alberto Hidalgo, otros pretendieron olvidar a Alberto Guillén. Los más piensan que la ecuación C. A. R / G. M. B. contiene las respuestas a la sensibilidad de Arequipa. Durante todo el siglo anterior se difundieron de ellos sólo los poemas que rendían culto a la naturaleza arequipeña, dicha naturaleza iba por expresar una realidad aprehensible que simbólicamente dialogaba con el imaginario retrógrado de las generaciones de otrora, ya devastadas por la realidad contemporánea, pero que aún se arrastran.
El problema surge en la segunda mitad del siglo XX. Los trasterrados aparecen en cuerpo y alma. En Arequipa surge un acento de ciudad; la exploración en la subjetividad se hace posible mediante la occidentalización del discurso. Y este periodo sólo puede interpretarse desde una mirada que acepte lo heterogéneo (incluso un yo poético que se implanta y difumina en los textos líricos) y la fragmentación de sus espacios de enunciación. Las poéticas aquí se impregnan de otra sustancia. Arequipa deja de ser la videncia del poeta. Y uno de esos forasteros es José Ruiz Rosas. Su riqueza verbal es innegable, también su influencia, así como su identificación con la tradición manifiesta en esta tierra. Ruiz Rosas es un poeta que debe mucho a César Atahualpa Rodríguez; y para mí, esa es la marca de una tradición. JRR supo interpretar el contexto y lograr la originalidad al desafiar a sus predecesores. Lo logra. Y cuando conversabas con él, hacía lo propio, reconocía sus influencias. Además los textos están publicados. Su visión de la poesía como artesanía, su creencia en algo que sólo podía significar una condena a la soledad, es digno de valorar. No había en él desfachatez ni angurria. Era un poeta con mística. Cosa, –aunque Sábato dijo que “casi nunca suceden cosas” – aspecto que percibo en J. G. Valdivia. Sólo en él se percibe dicha mística, por eso se convertirá en el Poeta de Arequipa una vez que Ruiz Rosas abandone estas laderas.
Ahora, mi criterio de selección tiene que orientarse hacia la apertura, digo para mis adentros. Debe de construirse el contexto de una Arequipa que otorga tales condiciones. El espacio deviene en imperiosa necesidad. Los poetas imprescindibles que marcaron el siglo XX son, a mi juicio:
1. César A. Rodríguez
2. Alberto Hidalgo
3. Alberto Guillén
4. Guillermo Mercado
5. Gustavo Valcárcel
6. Edgar Guzmán Jorquera
7. José Ruiz Rosas
8. Enrique Huaco
9. Cecilia Bustamante
10. Peter O’Brien
11. Alberto Vega
12. Oswaldo Chanove
13. José Gabriel Valdivia
14. Alonso Ruiz Rosas
15. Luzgardo Medina
16. Odi Gonzales
17. Roselena Maldonado
18. Alfredo Herrera
19. Lolo Palza
20. Jimmy Marroquín


Para mí esta lista genera complicaciones por todos lados; hay apropiaciones como la que se hace de Enrique Huaco; otros que no nacieron en Arequipa; de manera circunstancial como J. G. Valdivia (Callao, Lima), pero que es más arequipeño que el Chili y el Misti, juntos; los que llegaron a cumplir sus estudios escolares o superiores como Odi Gonzales, Alfredo Herrera, Lolo Palza; los que llegaron por llegar: Ruiz Rosas, incluso mi caso. Escritores tardíos como Guzmán Jorquera. El que se fue y vivió en carne propia el destierro y una ideología, G. Valcárcel. Están los que desaparecen. Quizá algún día vuelvan. Ahora, tampoco se trata de hacer una Lira Arequipeña, pero si sacamos a los trasterrados quedarían:

1. César A. Rodríguez
2. Alberto Hidalgo
3. Alberto Guillén
4. Guillermo Mercado
5. Edgar Guzmán Jorquera
6. Cecilia Bustamante
7. Alberto Vega
8. Oswaldo Chanove
9. Alonso Ruiz Rosas
10. Luzgardo Medina
11. Roselena Maldonado
12. Jimmy Marroquín

Arequipa, la República de los poetas, no existiría con la dispersión. Y si hacemos caso a los improvisados:
1. César A. Rodríguez
2. Guillermo Mercado
3. José Ruiz Rosas
4. Oswaldo Chanove
5. Alonso Ruiz Rosas
6. Etcétera
Saco a Hidalgo porque hasta hoy se le contempla como un poeta menor y conflictivo y se le usa para dejarlo “mal parado” cuando en realidad es el mejor poeta de Arequipa del siglo XX; y peor a Alberto Guillén que casi nadie ha leído. No pues. Así no juega Perú.
Y me pregunto qué queda. ¿Habría que añadir a Walter Márquez, Aníbal Portocarrero, Quintino,…? Que me disculpen, pero, ¡Por favor! Los libros se discuten con libros. ¿Y si coloco a mis patas? Cómo entonces nos enfrentamos a otros espacios o comunidades literarias.
No hay que olvidar que una tradición está contenida en la apertura que las obras originan en las generaciones posteriores. Repito, no hay amistad en “la gran poesía”.

Cuando me preguntan, los jóvenes, a quiénes respeto, siempre digo que me he mechado con CAR-AH-AG-GM, en todo momento; José Ruiz Rosas, O. Chanove – J.G. Valdivia y con Jimmy Marroquín.
Les doy un ejemplo, muchachos:


NOCTURNO DE LA CALLE

Las doce de la noche.
Mis pasos se duplican en el eco.
Luces y sombras juegan en la calle
a barajar los límites. El viento
lame papeles desgarrados…
Desolación. Silencio.
Todo es espacio rígido. Mi vista
crea dos magnitudes: Cerca y Lejos.
La eternidad es sólida;
sólo se desmigaja lo perecedero.
Y yo, ¿quién soy rodando como un átomo
sobre este mar inmóvil? ¿Soy el tiempo?
¿Tengo cuerdas y resortes? ¿Y voluntad
y corazón? ¿Soy un reloj de péndulo?
¿Qué mido?
¿Qué quiero?
Un linternazo de automóvil
me dibuja en los muros otro cuerpo
que se escapa del mío.
¿Cuál es el verdadero?
Despejando preguntas, mis zapatos
golpean fuerte sobre el pavimento.
Camino sin conciencia de ser algo,
de ese algo que se va, que se está yendo…

El texto anterior es de César Atahualpa Rodríguez. Fue escrito hace más de 70 años atrás. Cómo un poeta va a pasar por alto esta pieza de orfebrería. Los que me critican no han leído a CAR; peor, no saben nada de poesía. No han escarbado en la oscuridad, ni conocen el universo de una palabra, ni cuándo se desmorona ni cuánto cae a pedazos sobre el papel.
La Antología que he preparado a los largo de estos años pasa por la modernidad del lenguaje poético, los poemas seleccionados tienen el mismo nivel del ejemplo y la lista de 20 se reduce considerablemente. No hay ni una mujer, es lo único que puedo adelantar.


El texto de Yufra ha sido tomado de aquí y la foto de allá.