sábado 30 de abril de 2011

Ernesto Sabato (1911 - 2011) Adiós, querido y remoto muchacho





Desde hace unas semanas intentaba unos apuntes para escribir un texto con el que se podría celebrar los cien años de vida de Ernesto Sábato. La muerte, como siempre, cambió los planes. Pero no mucho. Hace unos años escribí un texto que titulé "La cercana e imposible muerte de Ernesto Sábato", lo reescribí y publiqué un par de veces, hoy compruebo que esa cercanía era real y más cierta la imposibilidad de la muerte del maestro Sabato. Hoy, que ando con mis propias penas a cuestas, por fin puedo sentarme a escribir unas brevísimas líneas en honor a ese "querido y remoto muchacho" que fue Sabato y que se hizo cercano hasta la intimidad a través de sus novelas y sus ensayos. Una vez más vuelvo a sus propias palabras para decir lo que yo quisiera decir. Pero eso ya no importa. Tampoco vale la pena repetir fechas y lugares para tenerlo presente. Hoy, que pienso en mis propias faltas, negligencias y frustraciones, no tengo mucho que decir sobre el viejo Sabato, el mismo que fue elegido por los universitarios argentinos como su presidente honorario (¡qué nonor!). Hoy, que a pesar de mi cargada nostalgia puedo acariciar la esperanza, también uso sus palabras y me consuelo. La muerte ha llegado tarde para reclamar a Sabato y se ha llevado un cuerpo, cuando todo Sabato ya era inmortal. En algún banco de parque, en el laberinto de Buenos Aires, Florencia debe estar sentada, pensando también en el maestro, esperando que alguien la abrace. Hoy que se va abril, vuelvo, entonces, a pesar de mis deudas, feliz, a las palabras del maestro ¡Biba la palavra!:






"También yo quise huir del mundo. Ustedes me lo impidieron, con sus cartas, con sus palabras por las calles, con su desamparo.


Les propongo entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso: salgamos a los espacios abiertos, arriesguémonos por el otro, esperemos, con quien extiende sus brazos, que una nueva ola de la historia nos levante. Quizá ya lo está haciendo, de un modo silencioso y subterráneo, como los brotes que laten bajo las tierras del invierno.


Algo por lo que todavía vale la pena sufrir y morir, una comunión entre hombres, aquel pacto entre derrotados. Una sola torre, sí, pero refulgente e indestructible.


En tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche. Lean las cartas que Miguel Hernández envió desde la cárcel donde finalmente encontró la muerte:


"Volveremos a brindar por todo lo que se pierde y se encuentra: la libertad, las cadenas, la alegría y ese cariño oculto que nos arrastra a buscarnos a través de toda la tierra".


Piensen siempre en la nobleza de estos hombres que redimen a la humanidad. A través de su muerte nos entregan el valor supremo de la vida, mostrándonos que el obstáculo no impide la historia, nos recuerdan que el hombre sólo cabe en la utopía.


Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido."





(Ernesto Sabato: Antes del fin, 1988)

martes 26 de abril de 2011

Carlos E. Zavaleta, fin




"A más dictadura dijimos: más arte"


Carlos Eduardo Zavaleta (Caraz, 7 de marzo de 1928 - Lima, 26 de abril del 2011)

lunes 25 de abril de 2011

Gonzalo Rojas (Diciembre 20 de 1917 - Abril 25 de 2011)





Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación...




Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación

se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure

en mis pulmones

una semana más, los días van tan rápidos

al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro

y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera

nadie allá, voy corriendo a la materna hondura

donde termina el hueso, me voy a mi semilla,

porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas

y en el pobre gusano que soy, con mis semanas

y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas

de reírse de haber entrado en este juego delirante,

pero el espejo cruel te lo descifra un día y

palideces y haces como que no lo crees,

como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá

en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella

para engañarte, si eres varón pones más duro

el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,

y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:

así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos

con lo que somos, pero quememos, no pudramos

lo que somos. Ardamos. Respiremos

sin miedo. Despertemos a la gran realidad

de estar naciendo ahora, y en la última hora.



De “Contra la muerte”

martes 12 de abril de 2011

eielson



Jorge Eduardo Eielson habría cumplido este 13 de abril 87 años, pero se murió en marzo del 2006. Aquella tarde, en uno de los patios de la UNSA, en Arequipa, lo recordábamos con un letrero que decía "eielson". La imagen es una escultura de Eielson.




Columna al otoño


Se pierde el tiempo, las sedosas sombras

Que ruedan entre esferas de esmeralda

Hacia la muerte. Frente al otoño

Respiro como un ángel, escucho el silbido

De las flores vivas, veo grandes cielos,

Y corrientes frías de olvidados rostros

Pasan por mi frente. Yo sé bien,

Corazón mío, gorgona púrpura y girante,

Cómo es de oscura tu sonrisa y cómo se agita

Tu corona de gusanos en la sombra. Rey vulnerado

Por las detonaciones lilas del otoño,

Heme aquí, transido ante los fuegos estelares,

Mirando cómo arden en una azul columna,

Agreste y solitaria, mi corazón, los árboles y el viento.


Esposa mía sepultada


Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,

Con el agua en las rodillas, te pregunto

¿Es el peso del manzano, claveteado de estrellas,

Sobre mi corazón oscuro, o eres tú, cabeza

Fugitiva de las horas, novia mía enterrada,

La que arrastras tu cabellera incesante

Como una botella rota, por entre mi sangre?

Yo no sé, señora mía, luto de mi amor,

Si eres tú la que reinas sobre tanta ceniza,

O si es sólo tu sombra, tu velo de novia en el aire,

-Poblado de perlas, naves y calaveras-

El que inunda mi alcoba, igual que un océano.


príncipe del olvido

¿Soy yo, arenas giratorias, libres astros,

Firmamento hundido, el que se inclina

Y besa su rostro puro entre velos y serpientes?

Mil años dormida junto a un cráneo, un candelabro

De oro, un paño colgado, la he besado.

Sobre mi cabeza avanza su respiración,

Sus labios sordos, como un ruido de tambores.

¡Irrespirable y santo es su castigo, su osamenta!

(Aquí, en la sombra, cráter de terciopelo,

Sabiamente amueblado está el volcán, lo que es suyo

Como el fuego, salones olvidados de espantable encaje,

Sofás donde su cuerpo grita roncamente, degollado.)

Sepultura de la carne, yo os imploro,

Caballos encerrados, polvo incansable,

Un solo instante cálido, perfecto junto a ella,

Un solo instante vivos, y el olvido, la corriente

De mil años destruidos por un beso.

No importa ya su rostro a la deriva, iluminado

Y chorreante de gusanos, los diez dedos

De turquesa en que diluye las edades.

No importa ya su lámpara encendida bajo tierra,

Si antes hubo de rodearme mansamente

Con sus ojos y sus labios aún vivos,

Si antes hubo de asistir, como una sombra, a la caída

De la fruta sobre el mundo. Mansiones vítreas

Con alas de lagarto, entre las nubes,

Lagos aéreos pasan ante mí, batiendo sus cenizas.

Yo sólo sé, reina mía enterrada, gorgona inerte,

Cuál es mi silla y mi corona, cuál mi tristeza.

Garcilaso de la Vega: abril


El cusqueño Garcilaso de la Vega, apodado el Inca, de nacimiento Gómez Suárez de Figueroa, es el primer peruano mestizo ilustre de alcance universal. Nació y murió en abril (Cusco, 12 de abril de 1539 - Córdoba, 23 de abril de 1616). La estatua que lo recuerda está en Lima.

lunes 11 de abril de 2011

Tres poemas de Brasil


En un paquete íntimo (con dulces y abrazos) me llega, desde México, "Estrellas pájaros", un libro de poesía brasileña, exquisita selección de José Javier Villarreal en una edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tres poemas de muestra y celebración, también íntima, de la palabra, en abril, que tanto nos gusta. La imagen es una pintura de Emiliano Di Cavalcanti (Río de Janeiro, 1897 - 1976) y se puede ver más aquí.


EN MEDIO DEL CAMINO


En medio del camino había una piedra

había una piedra en medio del camino

había una piedra

en medio del camino había una piedra.


Nunca olvidaré ese hecho

en la vida de mis retinas fatigadas.

nunca olvidaré que en medio del camino

había una piedra

había una piedra en medio del camino

en medio del camino había una piedra.


Carlos Drumond de Andrade (Itabira, 1902 - Río de Janeiro, 1987)


EL POEMA


Un poema como un trago de agua bebido

en la oscuridad.

Como un pobre animal palpitante, herido.

Como una pequeña moneda de plata

perdida para siempre en la selva noctura.

Un poema sin otra angustia que su misteriosa

condición de poema.


Triste.

Solitario.

Único.

Herido de mortal belleza.


Mário Quintana (Alegrete, 1906 - Porto Alegre, 1994)


POEMA


No morir - mas ser cogido por la muerte.

Ser cogido, porque maduro, hacia el silencio.

No morir - mas pender hacia la muerte,

como las frutas que, tocadas por el tiempo,

se inclinan hacia el húmedo suelo.


No morir - mas estar con la muerte amplia y serena

en los ojos, en el corazón, en el cuerpo y en el alma.

Estar para el fin, maduro como las propias moras,

como las moras de la montaña.


Sentir en sí la armonía de los últimos pasos

y el consuelo de las miradas

que no quieren ver más.

Ser llevados por las manos de la muerte,

y estar con la muerte, como esperanza,

como única esperanza.


Augusto Federico Schmidt (Río de Janeiro, 1906 - 1965)

sábado 9 de abril de 2011

Piglia, Premio de la Crítica en España


Los españoles dan muchos premios, algunos de ellos, como el Premio Nacional de la Crítica, son muy influyentes y consolidan al autor que lo recibe. Acabábamos de anotar que Ricardo Piglia, además de buen narrador es buen profesor, y ya llega esta noticia desde la península, donde le han dado al argentino este premio por su novela "Blanco Nocturno", sin dinero pero con fama, incluso pasando por nuestro Nobel. En poesía fue celebrada Juana Castro, a quien no conocemos y ya leeremos.

La nota viene en El País.
Escribe: Javier Rodríguez Marcos
El escritor argentino Ricardo Piglia ha obtenido el Premio Nacional de la Crítica en la categoría de narrativa con su novela Blanco nocturno (Anagrama, 2010). El jurado de la asociación de críticos literarios se ha reunido en esta ocasión en Cáceres para fallar un galardón que no tiene dotación económica pero sí mucho prestigio y que puede ser concedido a cualquier autor en lengua española siempre que la obra haya sido publicada en España. Aunque no se establecen oficialmente finalistas, entre los candidatos de este año figuraban nombres como Marcos Giralt Torrente, Fernando Aramburu, Mario Vargas Llosa o Luis Mateo Diez.

"Blanco nocturno" es la cuarta novela de Ricardo Piglia -nacido en 1940 en Adrogué, en la provincia de Buenos Aires- uno de los grandes nombres de la narrativa argentina de las últimas décadas. La obra galardonada vino precedida de una gran expectación dado que la anterior novela de Piglia se había publicado en 1997: Plata quemada, premio Planeta Argentina y adaptada al cine en 2000 por Marcelo Piñeyro con Leonardo Sbaraglia y Eduardo Noriega como protagonistas.

Piglia, que actualmente en profesor de literatura en la universidad estadounidense de Princeton, dirigió durante años una famosa Serie Negra que difundió en su país la obra de los clásicos modernos del género policiaco -de Hammett a Chandler-. No es pues extraño que muchas de sus obras mezclen la investigación de un crimen con las más penetrantes reflexiones sobre el hecho de narrar. "Se podría pensar que la novela policial es la gran forma ficcional de la crítica literaria", afirmó en el libro de conversaciones Crítica y ficción (1986) para subrayar la relación entre las figuras del detective y el lector.

También Blanco nocturno, participa de ese espíritu. En la novela ahora galardonada, Piglia parte de la muerte en un pueblo de la provincia de Buenos Aires de Tony Durán, un mulato puertorriqueño que viaja a Argentina siguiendo a una mujer, Ada Belladona. Tras un arranque de género negro, al novela de Piglia deriva en una historia familiar que transcurre en 1972 -"Quería contar la historia de mi primo", declaró el escritor a EL PAÍS- y termina mezclando realidad y ficción; y, por supuesto, reflexiones sobre ambas.

Uno de los personajes de Blanco nocturno es, además, Emilio Renzi, un habitual en Ricardo Piglia desde la novela que lo consagró en 1980, Respiración artificial, una investigación literaria considerada por muchos como una de las grandes alegorías narrativas de la dictadura militar argentina. En la actualidad, Piglia publica regularmente en Babelia, el suplemento literario de EL PAÍS, una selección de sus míticos diarios, una oceánica obra de décadas que solo ahora el autor argentino se ha decidido a dar a la luz.

Premio de poesía

Por su parte, el Premio de la Crítica en la categoría de poesía ha recaído este año en Cartas de enero, un libro inédito incluido en el volumen antológico Heredad (Fundación José Manuel Lara). Su autora es la cordobesa Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), que, precisamente, estos días participa en el festival Cosmopoética de su ciudad. Castro se dio a conocer en 1978 con Cóncava mujer, un título al que le seguirían otros como Narcisia, Arte de cetrería, Fisterra o Los cuerpos oscuros. En el prólogo a Heredad, la poeta Olvido García Valdés destaca que el "valor estético" de la obra de Juana Castro reside en su modo de escapar tanto a la "conciencia ideológica" como al "saber formal". Cuando se publicó al selección que contiene el libro galardonado, su autora se refirió a él como nacido de "la perplejidad de los espacios y la perplejidad de los géneros masculino-femenino ante la vida y el mundo: diálogo imposible".

jueves 7 de abril de 2011

Ricardo Piglia aconseja


El escritor Ricardo Piglia dialogó con lectores y estudiantes, y ante unas preguntas aparentemente simples aflora su lado de profesor. Aquí la breve crónica de la conversación y los consejos que ensaya Piglia. La nota viene en la Revista Ñ.


Escribe: Patricia Kolesnicov

(Clarín)

Este es Ricardo Piglia, el profesor : una chica del público, en la charla que dio el miércoles en la librería Eterna Cadencia, le pregunta si prefiere escribir novelas o cuentos. Una pregunta simple, diría una.

Pero el profesor Piglia tiene muñeca: “La primera cuestión es si uno sabe, cuando tiene una historia, si va a ser un cuento o no. Habría una primera distinción de ciertas historias con duración limitada y otras que tienden a promover algo más parecido a una novela”. ¿Qué los diferencia? La sala llena de la librería, incluyendo a los dos presentadores, Jorge Consiglio y Patricio Zunini, escucha: “Quizás los cuentos están más conectados con las anécdotas y las novelas con los personajes . Por ejemplo, uno quiere contar un hijo que recibe un telegrama diciendo que su padre se ha suicidado y tiene que viajar a Mar del Plata; puede ser cualquiera el personaje que realiza esa acción. Mientras que habitualmente las novelas empiezan con personajes y luego se va definiendo la intriga.” Bien, entonces, ¿cuento o novela? “Mientras la ilusión mía con las novelas es que todas sean distintas, los primeros cuentos que he escrito en los años 60 y los que estoy escribiendo ahora son muy parecidos. Formalmente, quiero decir. Como si el cuento no fuera un espacio de experimentación como es la novela. Hay que pensar por qué pasa eso.” Y este es Piglia, el narrador : “Me gustaría escribir una novela sobre una guerra”, dice. “Aunque no tengo ninguna experiencia”. Sólo, dice, la colimba. Y acomódense, que viene el cuento: “Logré no entrar en diciembre sino en marzo, tres meses después que el resto de los colimbas”, dice. Y esto es lo que va a contar, pero abre un segundo relato, dentro del primero: “El Tata Cedrón me acomodó, era profesor de guitarra de la hija de un coronel, lo conocían los oficiales. Yo estaba tirado en un playón con todos los civiles que íbamos a recibir la instrucción, me vio y fue al tipo que estaba haciendo los destinos de los soldados y dice: ‘El coronel dijo que lo haga venir en marzo’ y nadie iba a preguntarle al coronel si había dicho eso, en el ejército nadie pregunta nada”.

Fin del relato insertado, volvemos al principal: “Entonces aparecí en marzo. Me dieron un uniforme inmaculado, me mandaron a la cuadra. La primera noche. Había una serie de rituales para acostarse, levantarse. La ropa estaba al pie de la cama, uno se vestía y pasaba el oficial de guardia haciendo la revisación. Y yo cuando me levanté me habían cambiado el uniforme nuevo y me habían puesto uno todo roto. Entonces estaba yo ahí parado con el uniforme roto y el oficial me dice: ‘¿Soldado, por qué tiene esa ropa toda rota?’ ‘No sé, me sacaron la ropa’. ‘¿Y por qué no cambió la rota por otra?’ me dijo. ‘Pero alguno hubiera tenido la rota’, le dije yo. ‘¿Usted es comunista, soldado?’’” El público se ríe. Lo celebra. Le preguntan de todo, le preguntan a quién va a votar y dice que a Cristina Kirchner porque “la política ha tomado un sentido distinto en la discusión general, más allá de la posición que uno tome”. Le preguntan por su vínculo con los lectores y aprovecha para tirar un diplomático palito a sus colegas: “Me llama la atención que muchos escritores argentinos estén ubicando novelas en Europa. En muchos es así porque les parece que está bien ponerla allí, y en otros, porque piensan que si la ponen en Europa quizás la novela va a tener un efecto más amplio. Ahí uno puede encontrar un signo de este tiempo, lo español, la idea de traducciones”.

El público hipnotizado, es hora de cerrar. Los aspirantes a escritores se llevan, como souvenir, un consejo: “En broma, hace años repito que hay dos maneras de narrar: o uno cuenta un viaje o uno cuenta una investigación. Pero si uno cuenta un viaje, si uno empieza una novela con alguien que está por tomar un tren, algo de narración se va a encontrar. Cuenta que se va, después la razón por la que se va, se pelea, lo echaron, y el tipo sube y se encuentra con alguien: ‘¿Y usted dónde va?’ Y empieza a contar la historia del tren. Si no saben cómo empezar una novela empiecen así”.

miércoles 6 de abril de 2011

Abril, Gabriela Esquivel

ABRIL: Me gusta abril. Aunque Abril que pasas sea ya un recuerdo. Me sigue gustando mucho abril, tal vez demasiado, aunque ahora envueltos en sueños vuelvan antiguas nostalgias y cariños, entonces me siento melancólica por el abril de adentro y escribo. El Abril de afuera es diferente, es nuevo, hace aire, en el abril de afuera son las cuatro de la tarde y te escribo intentando enviar un recuerdo. Gabriela Esquivel, desde México, con su aire y su abril.

martes 5 de abril de 2011

Julio Ortega: votar en el Perú



Interesante texto del crítico Julio Ortega, respecto a las elecciones en nuestro país, publicado en su blog y del cual me tomo la libertad de reproducirlo. A ver cuánto nos identificamos.


VOTAR EN EL PERÚ


Por: Julio Ortega


Celebro la estimulante experiencia peruana de no saber bien por quién votar. Me parece que declara no una falta de convicciones sino un ejercicio de saludable incertidumbre. Quienes condenan a unos candidatos para celebrar al suyo, ejercitan su derecho a la fe. Pero el método de persuadir a partir de los males del otro produce, en la política como en la retórica, el efecto contrario. Me temo que la política sea el espacio del efecto contrario: los que ejercen una convicción encarnizada son los que peor se engañan. Dados los costos de la política como descalifiación mutua, que deprime la civilidad en todas partes, hoy se configura una hipótesis de la política como la negociación permanente.

Borges dijo ser conservador porque era la única opción política que renunciaba al entusiasmo. No menos irónico es el caso de quienes se declaran “liberales” pero se dedican a descalificar con violencia a quienes no lo son. Los liberales son unos señores reposados que creen que la verdad está al medio; y su deportivo escepticismo los hace más civiles y relativistas. El liberalismo descree de las luces extremas, las de los iluminados; cultiva, más bien, una zona gris, esa gama de matices que llamamos tolerancia. Los neo-liberales (o neo-cons) son los marxistas de hoy: están poseídos por convicciones incólumes, autoritariamente jerárquicas, y nos ven a los demás como neófitos en trance de aprendizaje, a punto de ser salvados por la verdad universal del mercado. Hablan de “mantener el modelo” haciendo eco a Fujimori, cuando se proclamaba candidato por tercera vez a nombre del “modelo” por preservar. Ignoran que nosotros somos expertos en dudar.

He leído en alguna parte que la democracia se distingue por la incertidumbre. Recuerdo bien el día siguiente a la caída del PRI mexicano después de 70 años en el poder. Muchos amigos míos vivieron una emoción desconocida: el paso incierto de tener que elegir. Por primera vez, cuando despertaron el dinosaurio ya no estaba allí.

Por otro lado, votar no es un acto tan privado como se dice. Uno entra a la casilla acompañado de sus simpatías y diferencias, filiaciones y expectativas. Platón dijo ser más amigo de la verdad que de sus amigos. Se ve que no tenía mucho talento para hacer buenos amigos. La amistad es una forma de la certidumbre, y esa verdad es una ética afectiva. Claro que es una verdad zozobrante, porque la afectividad nos resulta trabajosa, si no bochornosa. Por eso los peruanos somos los mejores amigos pero también los peores testigos. Vallejo, por ejemplo, estuvo rodeado de amigos pero merecía testigos mejores.

Para responder a tu pregunta por quién, finalmente, votaré, debo confesar que yo habría votado por Manuel Rodríguez Cuadros, amigo mío desde comienzos de los años 70, cuando él empezaba su brillante carrera diplomática. Todavía me parece inconcebible que la prensa no le diera el espacio que, democráticamente, merecía como candidato a la presidencia y como intelectual crítico con un mensaje serio. También conozco a Pedro Pablo Kuczyinski con quien he coincidido en las reuniones anuales del Foro Iberoamericano. Él es uno de los pocos profesores que puso a prueba sus saberes y dejó las aulas por las finanzas, con éxito. Y debe ser el único ciudadano norteamericano que ha recuperado su pasaporte peruano para apostar por la presidencia y renunciar, con suerte, a su ciudadanía americana. PPK pasa en Lima por un gringo deportivo pero, en verdad, es un limeño de antes. Tiene un sentido del humor tolerante y dice lo que piensa sin insultar al expresidente Toledo, que ya es decir. Habla de las finanzas como quien comenta una obra de arte.

Para complicar mi voto, el otro día escuchando a un asesor de Humala, me pareció recuperar una entonación del entusiasmo universitario: la posibilidad de que una izquierda prudenta legitime (como en España y en Chile los partidos socialistas en su hora) el proceso de desarrollo en su racionalidad social. ¿De qué nos serviría como nación un capitalismo exportador que no reporta ni reparte? Sólo haría que la base social acreciente el otro lado del mercado triunfante: el mercado negro, hoy dia ocupado por el narcotráfico y la violencia. Hablando con un colega peruano de estas grandes indecisiones que uno debe tomar, le confesé que estaba estudiando el programa de otro candidato. “Yo también,” me dijo, bajando la voz. Lo cual quiere decir que un buen número de peruanos decidiremos a solas, con el lápiz en la mano. Dada la paridad de intenciones de voto, confiemos que la legitimidad pase por el ágora de las convergencias.

Me preguntó el otro día Carlos Fuentes por qué todos los peruanos quieren ser presidente. Sospecho, respondí, para poder hacer otra cosa. Por ejemplo, dar un discurso de pie en una piedra. Pero no por vanidad o banalidad, que son lo mismo. Si no por el sueño colectivo de reconstruir una casa perdida. Tal vez sea ésta una variante del deseo primario y peruano de recuperar una familia. En todo caso, por las razones contrarias. Al final, votaré en contra, por las dudas.

Percy Ramos Torres (Puno, 1969 - 2011)

Brevísimas palabras en memoria de Percy Ramos Torres. Hace unos años lo encontré en Puno, con mucho ánimo para reponerse de la experiencia de la prisión. Luego él me encontró en Lima, me extendió un libro y un abrazo. Después, un libro suyo hizo un viaje por medio Perú para llegar a mis manos (ver entrada del 17 de junio de 2008). Ahora las noticias dicen que ya no está. Un mal en la columna y la tuberculosis, además de la prisión, han acabado con su vida.

domingo 3 de abril de 2011

Pedro Salinas, un poema de abril


Ya es abril, cantaremos.

Un poema de Pedro Salinas



Navacerrada, abril

Los dos solos. ¡Qué bien

aquí, en el puerto, altos!

Vencido verde, triunfo

de los dos, al venir

queda un paisaje atrás;

otro enfrente, esperándonos.

Parar aquí un minuto.

Sus tres banderas blancas

-soledad, nieve, altura-

agita la mañana.

Se rinde, se me rinde,

ya su silencio es mío:

posesión de un minuto.

Y de pronto mi mano

que te oprime, y tú, yo,

-aventura de arranque

eléctrico-, rompemos

el cristal de las doce,

a correr por un mundo

de asfalto y selva virgen.

Alma mía en la tuya

mecánica; mi fuerza,

bien medida, la tuya,

justa: doce caballos.


Seguro azar, 1924-1928

viernes 1 de abril de 2011

Juan Gelman: justicia alcanzada


La nota viene desde Buenos Aires y aparece ya en la red. Tomo la historia de El Mundo, que tiene una mirada más abierta sobre el drama del poeta argentino Juan Gelman (1930), quien desde hace treinta años ha buscado a su hijo, su nuera y su nieta, secuestrados por la dictadura argentina. La justicia de su país, también tardona, ha sentenciado a los asesinos. Justicia que llega, pero que no alcanza.



Condenados los asesinos del hijo de Juan Gelman


Por: Juan Ignacio Irigaray, Buenos Aires



El Premio Cervantes de Poesía 2007, el argentino Juan Gelman, ha conquistado la Justicia por la que tanto batalló durante las últimas tres décadas: los cuatro verdugos que asesinaron a su hijo, Marcelo Ariel, de 20 años, han sido condenados. El Tribunal Oral Federal 1 castigó con penas de reclusión perpetua al ex general Eduardo Cabanillas, 25 años a los agentes civiles de la 'guerra sucia' de la dictadura argentina Honorio Martínez Ruiz, alias 'Pájaro' y Eduardo Alfredo Ruffo, alias 'Zapato' o 'Capitán', y 20 años para Raúl Guglielminetti, alias 'Mayor Guastavino'.

Ruffo ya cumplió condena por la apropiación de la niña Carla Rutilo Artés, secuestrada el 2 de abril de 1976 en Bolivia junto a su madre. El padre, en tanto, fue asesinado. Recién en 1985 y merced a la búsqueda de su abuela, Matilde Artés Company, la niña pudo librarse de Ruffo y ambas viajaron a Madrid, donde todavía viven.

Al hijo de Gelman, militante de la Juventud Peronista afin a la guerrilla montonera, lo secuestraron en su casa el 24 de agosto de 1976, cuando su padre ya se había marchado al exilio. Lo trasladaron al campo de torturas Automotores Orletti donde fue vejado y asesinado entre el 4 y el 9 de octubre de 1976.

Le dispararon un tiro en la nuca, metieron su cadáver en un barril de petróleo vacío que rellenaron de cemento y lo arrojaron al un canal del Río de la Plata. De allí fue rescatado recién a fines de los años 80 y, finalmente, en 1990 la familia pudo hacer el velatorio en el sindicato de periodistas de Buenos Aires e inhumarlo.

Todavía hoy, Gelman da la pelea por encontrar a su nuera, María Claudia Iruretagoyena García, secuestrada con Marcelo Ariel y desaparecida, a los 19 años, embarazada de ocho meses.

En Automotores Orletti había uruguayos secuestrados y represores de varios países del Cono Sur, gracias al plan criminal Operación Cóndor con que Videla, Pinochet y otros dictadores militares de América Latina coordinaban la persecución, intercambio, y eliminación de opositores políticos.

Acaso por una extraña devolución de favores, los represores argentinos dejaron a sus pares de Uruguay llevarse a ese país a dos prisioneras embarazadas: una era María Claudia, que voló a Montevideo acompañada por los oficiales José Gavazzo y Manuel Cordero.

"Los militares uruguayos trasladaron como un envase a mi nuera, embarazada de ocho meses y medio, de Buenos Aires a Montevideo, esperaron el nacimiento de la niña y, dos meses después, se la arrebataron, asesinando a María Claudia en Uruguay", dijo Gelman.

No se sabe aún dónde escondieron el cadáver. Presumiblemente, fue dentro de un cuartel castrense en Montevideo. Sí se supo, en cambio, que por el asesinato está acusado el policía militar Ricardo Conejo Medina, quien habría entregado al bebé, María Macarena, a su tío, el comisario Angel Tauriño, como un obsequio porque su esposa sufría de esterilidad.

Años atrás el Premio de Poesía Cervantes reencontró a su nieta María Macarena en Montevideo y le obsequió su identidad, igual que hacen las Abuelas de la Plaza de Mayo argentinas