sábado 31 de julio de 2010

Dos poemas de Abelardo Luza

Gracias a Fernando Chuquipiunta recibo estos poemas de Abelardo Luza Gironzini, amigo y poeta huancaneño que ha ido publicando sus libros en Arequipa y que merece una mayor atención por parte de quienes analizan, estudian, antologan y promueven la literatura en el sur del Perú.

Bohemiada

Han de tardarse en llegar los amigos
con su soledad de rostros humedecidos
de tanto invierno y queriendo morir
en los últimos rincones del alma.

Cuánto han de tardarse los amigos
en llegar y si no me encuentran
se irán con la tristeza de los ojos
o con sólo su soledad
y mis labios humedecidos.

Que no sea tarde cuando regresen
que encuentren intacto mi dolor
y que saquen la cuenta de estar atados
por tanto tiempo.

Que no sea tarde cuando me encuentren
saboteando mi soledad
con ese dolor que me duele hasta en el alma

Reminiscencia

No se puede hacer la diferencia entre la luz
y el juramento escondido en el manantial
rojo de los atardeceres
desde este rincón de la luna que se extingue azul amarilla

los atardeceres se visten de luz brillante
cuando los caminos se unen
y los amantes recogen sus manos
en oración contrita

el manantial ha recogido sus aguas
desde la última forma de los besos
que le alumbran el alma
y que le escriben versos en roca viva

martes 27 de julio de 2010

Antonio Machado, 135 años.

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

CRECE EN LA PLAZA EN SOMBRA

Crece en la plaza en sombra
el musgo, y en la piedra vieja y santa
de la iglesia. En el atrio hay un mendigo...
Más vieja que la iglesia tiene el alma.

Sube muy lento, en las mañanas frías,
por la marmórea grada,
hasta un rincón de piedra... Allí aparece
su mano seca entre la rota capa.

Con las órbitas huecas de sus ojos
ha visto cómo pasan
las blancas sombras en los claros días,
las blancas sombras de las horas santas.

NUNCA PERSEGUÍ LA GLORIA

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

sábado 24 de julio de 2010

Manuel Puig: el chisme como obra de arte


Artículo que se publica en medios escritos en mi columna El barco ebrio

Por: Alfredo Herrera Flores

Dicen que cuando Mario Vargas Llosa era jurado de una de las ediciones del premio Biblioteca Breve, que fue creado por Carlos Barral en España y fue el primero en ganarlo con “La ciudad y los perros” e iniciar así el fenómeno literario conocido como el boom de la novela latinoamericana, se negó a premiar una obra presentada por el entonces desconocido Manuel Puig, manifestando que se retiraría del jurado si se premiaba “a ese argentino que escribía como Corin Tellado”.
Dicen también que Manuel Puig era muy querido por sus vecinos, los habitantes del pueblo General Villegas, donde había nacido en 1932 y lo conocían como Coco, pero que luego de que publicara su novela “Boquitas pintadas”, lo desconocieron y hasta le quitaron el saludo.
Son chismes, y como los chismes algo de verdad y mucho de mentira deben tener. Lo cierto es que precisamente Manuel Puig se atrevió a introducir el chisme en el proceso de creación y en el contenido de una novela y no solo consiguió una obra de arte, sino que renovó el género en una etapa histórica en que parecía que ya no había espacio ni tiempo para hacerlo.
Si bien la mayoría de novelistas coinciden en que la renovación de la novela latinoamericana se inicia con la publicación de “El Pozo”, de Juan Carlos Onetti en 1939, es desde la publicación de la novela de Vargas Llosa (1963) que esta renovación se hace evidente y se extiende tanto al interior del propio continente como a Europa, precisamente a través de las campañas editoriales emprendidas por la editorial Seix Barral.
Entonces los escritores aparecían con muchas novedades. Se publicaron novelas densas y barrocas como “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, escritas casi como hablan sus protagonistas como “Tres tristes tigres” de Guillermo Cabrera Infante, en forma de rompecabezas como “Rayuela” de Julio Cortázar, mágicas y maravillosas como “Cien años de soledad”, con personajes atormentados y oscuros como los de “Sobre héroes y tumbas” de Ernesto Sabato, y un largo etcétera. Sin embargo todas tenían en común la carga política y el compromiso de su autor respecto a la situación de su país o del continente y una intención seria de manejar bien el lenguaje, el idioma.
Y es entonces que en 1969 un escritor argentino de provincia, seducido por el cine, publica una novela en la que deja de lado la seriedad y formalidad que caracterizó a los escritores íconos del boom y recurre a recortes de periódicos o revistas sociales, partes policiales, llamadas telefónicas, letras de tangos y boleros, saludos e amor radiofónicos, cartas y notitas llevadas a escondidas y sobre todo chismes de barrio, para tramar una historia de amor a través de la cual pone en evidencia la forma tan superficial, hipócrita y fútil en que se vive tanto en los pueblos del interior como de la propia capital argentina.
La novela se titula “Boquitas pintadas” y los críticos la encasillaron con el despectivo rótulo de “folletín”, es decir como una historia sin importancia que viene de “regalo” por la adquisición de una obra seria, un diario, una revista u otro libro. Un año antes Puig había publicado la novela “La traición de Rita Hayworth”, una historia que se fue construyendo a raíz de sus recuerdos de películas vistas en su infancia en las precarias salas de su pueblo, donde muchas mujeres, especialmente, y de todas las clases sociales, se reunían no solo para ver una película, sino para ponerse al día en los afanes amorosos y las intimidades de sus vecinas. Dicen, y el propio Puig lo dijo, que iba al cine de la mano de la sirvienta de la casa o de su madre, pero nunca acompañado de las dos juntas, evidentemente porque juntas no podían cumplir con sus pretensiones de enterarse de lo que pasaba más allá de las calles del pequeño pueblo, que en la penumbra del cine se convertía en infierno grande.
“Boquitas pintadas” fue un éxito, como todos los libros que se enmarcaban en este proceso renovador de la novela que se daba dentro del boom, pero los críticos no se animaron a celebrarla como lo hicieron con las otras, tal vez porque no podían aceptar que las denuncias sociales vengan en formato de chisme, de un chisme de barrio, además, y porque su autor no asumía las correspondientes posiciones serias o acartonadas para codearse con su colegas.
Los otros novelistas empezaron a decir que Puig no leía, que solo iba al cine, que era homosexual, que no entendía nada de política, que solo le interesaba hablar de actrices. Dicen que decían y todo era verdad. Manuel Puig, antes de publicar su primera novela, estudió cine y dirección cinematográfica, pero no pudo hacer un buen guión ni conseguir dirigir alguna película, entonces recurrió a lo que había visto hacer desde niño, chismear.
Pero luego sorprende a la crítica y a los lectores con una novela en la que dos personajes sostienen un diálogo interminable en la celda de una cárcel, uno de ellos es homosexual y a través de su dramática situación denuncia el abuso de poder, la exclusión y la represión política que soportaba Argentina. En “El beso de la mujer araña” (1976) Puig manifiesta una visión muy personal de la condición humana. No recurre a técnicas narrativas complejas, simplemente pone a dialogar a sus personajes y de allí se desprende el drama que también es la tragedia del propio Puig.
La novela fue llevada al cine, fue un éxito, y a William Hurt, que interpretó al homosexual preso, le valió un Oscar. Muchos dicen que con esto se hizo por fin realidad el sueño infantil y juvenil de Manuel Puig, que era alcanzar la fama a través del cine, pero a esas alturas ya la literatura era el motor de la vida de este escritor que terminó escribiendo ocho novelas y muriendo en México, el 20 de julio de 1990.
La crítica literaria ha vuelto los ojos a Manuel Puig, y a pesar de la fama conseguida incluso con la calificación de ser uno de los primeros en hacer literatura “light” o “liviana”, se le considera como un autor pionero en el uso de recursos visuales o de los medios de comunicación, para crear sus novelas. Otros lo denominan como autor “pop”, por saber usar en sus novelas elementos populares que, en un lenguaje peruano, podríamos decir que es propio de la cultura “chicha”.

viernes 23 de julio de 2010

Poesía amorosa de Homero Aridjis

Homero Aridjis es uno de los poetas más singulares de México. Su poesía va desde la simpleza de imágenes hasta la complejidad de metáforas de diferentes connotaciones, sin embargo, su poesía amorosa y erótica es de las más finas de la lengua castellana. Aridjis nació en Michoacán, en 1940, ha publicado también novelas y ensayos y ha ejercido la docencia y el periodismo. (Foto: Javier Lira/ Notimex)


Déjame entrar a tu íntimo alfabeto

Déjame entrar a tu íntimo alfabeto
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de nieblas.
éjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti.
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como una niña
para que todos se expresen con acento puro.


He de perseguir tu cuerpo...

He de perseguir tu cuerpo
hasta donde dos cuerpos pelean
tu callejón oscuro

y peligrosamente el día
tiene contacto con una luz que no le corresponde
para sentirse propio y poseído
hasta donde la demolición de los conjuros
no perdona el rumor de las palabras

he de perseguir tu cuerpo
hasta el fin de tus calles
donde los saludos forman esquina con el viento

y la seguridad imposible de manos conocidas
hace vivir deseos constelaciones
en el solo equilibrio de la sombra

Abril es ella quien habla por tus labios...

Abril es ella quien habla por tus labios
como un joven sonido desnudo por el aire

En la noche ha volado con tu vuelo más alto
con risa de muchacha
como el fuego nocturno de los frutos del viento
donde vibran los pájaros

Manzana del amor
su voz bajo la lluvia es un pescado rojo

Embarcada en sus cuencos con los ojos absortos
es la virgen gaviota que ha bebido del mar
en el agua su sol mariposa de luz


Te recuerdo corriendo por la calle

Te recuerdo corriendo por la calle,
envuelta en un impermeable percudido,
yo vestido de verde y de día viernes,
tapándote la cabeza con un periódico
para que no nos viera tu padre.
Era noviembre y lloviznaba,
tu pelo empapado sobre el impermeable
era una mariposa que volaba.
De tu bolso abierto caían monedas
que recogía un mendigo.
Andábamos de luna de miel de calle en calle,
sin ceremonia civil ni religiosa,
casados por el santo sacramento del amor.
Nuestros pasos pesaban en el piso,
y los zapatos ahogados en el agua
hacían ansiosa nuestra fuga.
Mojados nos metimos en el metro,
a empujones abordamos un vagón,
y las puertas sobre tu espalda
plegaron como dos alas tu impermeable.
Mirándonos nos fuimos en el tren,
que nos llevó en su propio mundo,
lejos del día y lejos de la noche.
Yo besé tus labios con sabor a lluvia.

jueves 22 de julio de 2010

Manuel Puig recordado


Manuel Puig se ha ido convirtiendo en las últimas décadas en un escritor de culto. La novedosa manera de contar sus historias, como si fueran chismes o recortes de revistas o papeles oficiales robados de las dependencias policiales, renovaron la novela latinoamericana, luego se convirtió en autor popular y después de ser negado por sus amigos del pueblo donde transcurre su novela Boquitas pintadas, se murió. Ahora lo leen los jóvenes con avidez y curiosidad y sus libros, si bien se reeditan, son siempre difíciles de encontrar. Entre sus títulos están La Traición de Rita Hayworth, Buenos Aires Affair, El beso de la mujer araña, Pubis angelical, Maldición eterna a quien lea estas páginas, Sangre de amor correspondido, Cae la noche tropical. Aquí una breve pero intensa nota en su recuerdo, que me tomo la libertad de recoger de la Revista Ñ.


Por: Patricia Suárez


Hoy se cumplen veinte años de la muerte de Manuel Puig. Había nacido en General Villegas, provincia de Buenos Aires en 1932, adonde lo llamaban Coco, apodo que él cambió por Toto, cuando se convirtió en personaje de su primera novela, en 1968: La traición de Rita Hayworth . Cuando publicó la segunda, Boquitas Pintadas, un año después, dejó de ser un miembro querido en el pueblo.

Puig construyó esas obras sobre los recuerdos del pueblo y la publicación de los mismos fue, allí, un escándalo: hasta hoy muchos niegan haberlo leído. Boquitas fue escrita con los chismes que el pequeño Coco oía contar a las mujeres. En su pueblo natal, Manuel Puig se aburría, excepto por las matinés en el cine. Se convirtió desde muy niño en un amante de las películas. Iba al cine con Quica –la sirvienta– o con su madre, pero no podía ir con Quica y con su madre: así entendió pronto cómo funciona la estructura de clases en la sociedad.

Su vocación era el cine. De su arribo a la escritura literaria declaró: "Yo no elegí la literatura... La literatura me eligió. Nunca tuve fantasías sobre escribir ficción. Mi única fantasía sobre la escritura era que en la vejez, después de dirigir muchas obras maestras, escribiría mis memorias".

Se convirtió en el primer escritor pop del continente, ya que escribía apelando a recursos no literarios o provenientes de otros géneros, como el folletín, el cine, los medios de comunicación. Y renovó el género novelístico para siempre. Cada una de sus novelas es una denuncia sobre los prejuicios e hipocresías sobre los que se asienta la sociedad. Sólo que lo hizo con un estilo lleno de desparpajo y humor.

Nadie puede leer a Manuel Puig sin conmoverse por su escritura. Nadie sale indemne de sus libros, quizás porque, como él mismo decía, "escribir es un diálogo con otra persona".

En 1976 escribió El beso de la mujer araña , novela que se hizo famosa por la película que filmó Héctor Babenco con Raul Juliá y William Hurt. Mientras que muchos ignorarán quién fue el autor de la novela que inspiró la película, otros lo recordarán por eso. Para Puig habrá sido un deseo cumplido: ahora estaba en la pantalla grande, en Hollywood.

Puig termina su novela Sangre de amor correspondido con esta frase: "La muerte es lo peor porque la gente te olvida". Es algo de lo que Manuel Puig está exento: con él no es posible el olvido.

miércoles 21 de julio de 2010

Ministerio de la Cultura: ¡Bueno, ya está!


La verdad es que uno sabe si aplaudir o lamentarse. El presidente Alan García acaba de promulgar la ley que crea el Ministerio de la Cultura, debatida previamente en el Congreso de la República sin que, como siempre, se consulte o se pida la opinión de quienes están directamente vinculados al quehacer cultural del país, es decir, a todos, desde estudiantes hasta organismos internacionales que apoyan el desarrollo cultural en el Perú. No es que hablemos ahora cuando pudimos haberlo hecho antes, en pleno debate, sin embargo, hay que hacernos siempre la idea de que ni antes ni después los "padres de la patria" se dignarán en consultar, o escuchar, a la ciudadanía sobre sus ideas. ¿Qué podría esperarse de un Congreso que condecora a Mercedes Cabanillas y a Javier Velásquez por su "aporte a la cultura nacional"? ¿Qué esperar de funcionarios de la cultura que permiten ¡en pleno 2010! la destrucción de muros incas en el centro del Cusco por manos de hoteleros?
Pero, bueno ¡ya está!
Lo que sigue va a ser la tremenda sorpresa que nos llevaremos cuando sepamos quién es el flamante Ministro (a) de la Cultura (mientras no sea Lucianita León) y esperemos -siempre hay esperanza- no decepcionarnos como ha sucedido con el Ministerio del Ambiente (que no ha hecho absolutamente nada para detener la depredación de la selva ni la contaminación de los rios por las mineras ni hacer respetar los derechos de las comunidades nativas) y su ministro. Ojalá no sigamos decepcionándonos.
Por lo pronto, y como siempre, el presidente ha dicho al promulgar esta ley, como si fuera Colón, que "ningún pueblo puede vivir sin cultura", hay que recordarle que hemos podido vivir sin Ministerio de Cultura y lo hemos hecho bien.
Pero, como dije, no hay que perder las esperanza ni ser negativo, perjudicial, o aguafiestas. Hay que aportar. Yo me anoto.
El flamante ministerio se "encargará de la formulación, planeación, dirección, coordinación, ejecución, supervisión, evaluación y fiscalización de las políticas nacionales del Estado en materia de cultura, aplicable en todos los niveles de gobierno" y entre sus competencias está "implementar y administrar el sistema de registro nacional de bienes de patrimonio cultural, creadores, productores de arte y de especialidades afines". Lástima, lo que significa que la institución que debió haberlo hecho (INC) no lo hizo.
Además tendrá dos viceministerios: el de patrimonio cultural e industrias culturales, y el de interculturalidad y promoción de las letras y artes.
Este ministerio será un misterio.

martes 20 de julio de 2010

Arequipeña gana premio de novela corta CPL


La noticia es buena, pero como sucede cada vez que no gana un limeño, hay poquísima información al respecto.
La pintora arequipeña Rosario Cardeña acaba de ganar el premio de novela corta que convoca la Cámara Peruana del Libro y que por segundo año consecutivo se otorga con ocasión de la Feria Internacional del Libro de Lima.
El título de la obra es El amante y lo que se sabe de Cardeña es que ha estudiado artes en la Universidad de San Agustín y trabaja en un periódico de la ciudad de sillar.
El premio en metálico (S/. 10.000) se otorgará en el marco de la feria y luego la novela será publicada por la Cámara Peruana del Libro y, entonces, habrá oportunidad de disfrutarla. Por ahora, a celebrar.

Destino kafkiano de Kafka

Los manuscritos que Kafka confió a su amigo Max Brod para ser destruidos han tomado un rumbo al más puro estilo de su autor. Conocido es que el amigo desobedeció y publicó algunas obras maestras, pero resulta que hay más material inédito que ha hecho otros recorridos impensados y por fin están saliendo a luz. Aquí la nota que trae el diario español El País.

Escribe: Rodrigo Carrizo Couto (El País)

Al parecer, en las míticas cajas fuertes de los bancos suizos no solo se ocultan las oscuras fortunas de personajes cuya ética es más o menos dudosa. Ahora resulta que se encuentran también otro tipo de tesoros. En el caso que nos ocupa se trata de manuscritos inéditos y dibujos originales del autor de La metamorfosis.
La institución que alberga estos valiosos materiales de Franz Kafka no es otra que UBS, el buque insignia de la banca suiza, que se ha enfrentado a no pocas dificultades en los últimos tiempos en su tira y afloja con las autoridades fiscales de Estados Unidos o la Unión Europea. En esta ocasión, sin embargo, el conflicto lo protagoniza el Estado de Israel, que desea nacionalizar los documentos del autor checo. De hecho, la Biblioteca Nacional de Israel hizo saber que desea "recuperar los manuscritos de Kafka".
El propio Kafka habría encargado a su íntimo amigo, Max Brod, la destrucción de esta documentación tras su muerte en 1924. Brod, sin embargo, incumplió los deseos del escritor praguense de lengua alemana y se llevó los documentos a Israel, país al que emigró en 1939 huyendo del Holocausto provocado por los nazis.
Max Brod traspasó en 1945 los documentos a su secretaria privada, Esther Hoffe, a la que dio instrucciones para que engrosaran los fondos de la Biblioteca Nacional de Jerusalén, todavía en proyecto cuando el albacea de Kafka falleció en Tel Aviv en 1968.
Pero igual que Brod desobedeció a Kafka, Hoffe desobedeció a Brod y legó a sus dos hijas los documentos que había depositado en un banco suizo en 1956. La propia Hoffe subastó en 1988 el original de El proceso, adquirido por 1,5 millones de euros por el Archivo Alemán de Literatura de Marbach am Neckar, dependiente del Ministerio de Cultura de la entonces República Federal de Alemania. Israel también reclama esa pieza.
Tras la muerte de la secretaria de Max Brod, sus hijas y supuestas herederas del legado de Kafka, hoy octogenarias quisieron hacer valer sus derechos. El choque con los intereses de las autoridades israelíes no tardó en producirse.
Con el fin de confeccionar un inventario en toda la regla de cara a la futura batalla legal, los manuscritos y dibujos del creador de El castillo vieron la luz ayer, tras 56 años ocultos en las seguras tripas de la oficina central de UBS en Zúrich. El material estaba distribuido en cuatro contenedores.
Se cumplía así el dictamen del Tribunal Supremo de Israel, que debería decidir en última instancia si las hijas de Esther Hoffe tienen realmente derecho al usufructo de los originales de Kafka. Según ha explicado el diario suizo Neue Zürcher Zeitung, la primera persona en tener acceso a los valiosos documentos ha sido el especialista en literatura Itta Shedletsky, quien será el responsable de preparar el inventario.
A partir de ahora, el enfrentamiento legal entre las aspirantes a herederas del material inédito del escritor y las autoridades culturales del Estado de Israel se anuncia duro. Por su parte, y sin que sea ninguna sorpresa, los responsables del banco que custodia el material declinaron toda explicación del caso a los medios de comunicación argumentando que "no es costumbre de UBS comentar las actividades de sus clientes".

lunes 19 de julio de 2010

Poesía joven ecuatoriana

Ecuador es el país invitado de honor de la Feria del Libro de Lima, que se inicia esta semana, buen motivo para repasar una breve muestra de la poesía joven ecuatoriana. Hay interesante material de poetas jóvenes del país norteño en Letralia. Foto: una plaza en Quito.

Álex Tupiza Aldaz
(Quito, 1975)



Dios sus amores


Sabe del mundo que fue
el que es
el que será
Omnipotente
Omnisciente
Omnipresente
pero frente a los muslos de María
no fue más que una triste palomita






César Eduardo Carrión
(Quito, 1976)


Epitafio del poeta


He tocado tantas noches un tambor con este nombre
que ahora dudo de los ecos que reposan en la piedra.
Aunque ignoro la precisa ubicación de tu tumba,
ambiciono lejanas semejanzas contigo.
Yo sé bien que este río no moja tu cuerpo,
siempre sordo, de granito,
escultor de vientos.




Siomara España
(Manabí, 1976)



Me despido de tu cuerpo
de tus ojos, de tus manos
de la cama vieja y de su estruendo
me despido de las fiebres
de los ecos de mis huesos en tus manos
de tus dientes mordedores
me despido porque es temprano
me despido porque aún escucho tus gemidos.
A chorros me sangran tus heridas
aún escarbo la nostalgia de tu cuerpo
porque si no me marcho
podríamos ser felices



Edison Lasso Rocha
(Piñas, El Oro, 1977)



La ciudad


Nos dejó construirnos en voz baja
(para no despertarnos)
y con precaución
integró la esquizofrenia con los laberintos
hasta precipitarse el carbón
que respiramos varias veces
pues es lo único que sirve aquí
y al final, sólo al final
Descubrimos nuestras manos tristes




Juan José Rodríguez
(Ambato, 1979)



Nunca


a Bladimir Goyes



Requieres una lengua que renombre
este rocío oscuro, este légamo triste.
Tus dedos sienten la memoria en la piedra:
la mano de alguien que un día la arrojara.
Y vuelven siempre los objetos del río:
rocas, ramas chapoteando en el tiempo.
Esa piedra es el niño que fuiste al arrojarla
y en tu mano persiste el tacto de los óxidos.
Una palabra que renombre tu mano derruida
no existiría si tú la pronunciaras.
Pasa azul pájaro del cielo. Pasa y cántala.






María de los Ángeles Martínez
(Cuenca, 1980)




La sacrílega comedia


Si Dios desciende seguro le destrozamos,
cada uno querrá un souvenir de Dios.
Se harán urnas y escapularios,
de sus partes cercenadas,
de su divinidad.
Se venderán
pedacitos pirateados, falsos.
y la humanidad será feliz con una nueva mentira
guardada en el disco duro,
bajo la almohada,
o cosida al sostén.
Bienaventurados los que tengan
un trozo del ser supremo
que ellos tendrán vacaciones,
y seguro social, y auto del año.
Por eso Dios se queda arriba,
con razón nos promete resurrecciones diplomáticas
y no viene jamás a visitarnos.




Ana Minga
(Loja, 1983)



XVI


El día que comenzaste a quedar en silencio
mi padre en el cartón de su ropa
traía el aliento de los amantes enterrados.
Callada supe
cómo el fémur cruje debajo de las hojas.
Este mes
ese padre mío dejará a los de Sumpa
saldrá de la llaga
bajo el brazo llevará sus restos
mientras yo por las calles
llevaré a tu hijo en el cerebro.




Carolina Patiño
(Guayaquil, 1987)



Muñeca de porcelana


a Carmen Váscones
Suenan infernales campanas de escuela
y yo entre viva y muerta me tambaleo.
Mientras el reloj de arena rojo
aparece y desaparece
y mi terrible aragnofobia me reclama
creen que estoy rota,
pues lo estoy;
como esa muñeca de porcelana
a la que le arranqué los ojos.

domingo 18 de julio de 2010

Pensar la violencia política desde la literatura peruana


Artículo que se publica en diversos medios en mi columna El barco ebrio. La foto es una de las imágenes emblemáticas de lo que dejó la violencia terrorista en el sentimiento de los peruanos, corresponde al poblador Edmundo Camana, sobreviviente de la matanza de Lucanamarca fallecido el año pasado y proviene del archivo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación


Por: Alfredo Herrera Flores

Uno de los mayores aciertos editoriales de la historia de la literatura peruana ha sido titular la obra cuentística de Julio Ramón Ribeyro como “La palabra del mudo”. Nadie como el autor de “Silvio en el Rosedal” para ilustrar, a través de la literatura, el espíritu de una sociedad marginal en pleno proceso de integración a una comunidad que a su vez buscaba, y busca, su propia identidad. Ribeyro terminó dándoles a esos excluidos la voz que no tenían y que tampoco la asumió la política, o la sociología.
Es cierto que otros escritores notables también hicieron lo propio, dieron voz a través de sus obras literarias a diferentes sectores de la población que han sufrido, y sufren, la marginación que por siglos ha ejercido sobre ellos el centralismo y los regímenes políticos que, más preocupados en sus propios intereses que en los de la población de todo el país, no han podido mirar más allá de sus narices o más abajo de su ombligo. José María Arguedas, Ciro Alegría, Gamaliel Churata, César Vallejo, Manuel Scorza, Izquierdo Ríos, Galvez Ronceros, Alejandro Romualdo y un largo etcétera, no solo son nombres de la retórica académica sobre representantes de la literatura peruana, sino que son un ejemplo del interés y la necesidad de reflejar una realidad específica que han vivido de forma directa. La obra reunida de todos ellos bien podría resumirse en el título de Ribeyro.
Sin embargo, en algunos casos, como el de Arguedas y el del propio Ribeyro, el conflicto que se produce entre reflejar una realidad e interpretarla, conlleva a desencuentros con resultados fatales. El escritor no siempre presenta un análisis de una situación social, política o cultural en su obra, sino que la representa, la retrata, la simboliza y la convierte en un signo, un discurso, que le corresponde interpretar al lector, o al crítico, o el científico social, que previamente tiene su propio punto de vista del hecho al que se refiere el artista, y que no siempre son coincidentes. Esto no quiere decir que el escritor no analice su entorno o la realidad sobre la que va a crear, por el contrario, conoce tan bien esa realidad que no le es ajena ni difícil de recrear artísticamente, tal vez el problema esté en el sujeto que interpreta esa literatura, o expresión artística.
Esta hipótesis se ve claramente en “Sasachakuy tiempo, memoria y pervivencia, ensayos sobre la literatura de la violencia política en el Perú” (editorial Pasacalle, Lima, 2010, 160 pp.), último libro de Mark R. Cox, conocido profesor universitario estadounidense que se ha especializado en el análisis de la literatura peruana con contenido o expresiones sobre la violencia política que ha vivido el Perú en las últimas tres décadas. El libro recoge ensayos sobre este tema escritos desde tres perspectivas claramente definidas: la de los escritores andinos, la de los denominados ex insurgentes y la de los académicos.
En el primer grupo los escritores que han publicado obras, cuentos o novelas, desde su experiencia en la sierra peruana, escenario primigenio de la guerra emprendida por Sendero Luminoso en 1980, defienden su condición de testigos de muchos de los sucesos violentos y critican la actitud impostada y mal informada de los escritores que desde su experiencia citadina también abordan el tema de la violencia. Los escritores andinos son, sin embargo, más analíticos respecto al proceso de la guerra interna, y así lo demuestran en sus ensayos, que no son más que extensiones críticas de sus obras artísticas, sus ficciones.
En el caso del segundo grupo, los autores son actores directos o protagonistas de los hechos que narran en sus historias. Son doblemente testigos, tanto del contexto social como de los hechos de violencia. Tal vez por ello es que se les ve más alejados del aporte artístico y sus obras terminan siendo discursos dogmáticos envueltos en ficciones pobres. Julio Ramón Ribeyro, por ejemplo, no necesitó de discursos políticos para denunciar injusticias sociales como las que cuenta en su notable relato “Al pie del acantilado”, que es, como toda su producción narrativa, una obra de ficción salida de un hecho real. Corresponde, sea dicho una vez más, al lector o al científico social, sacar las conclusiones políticas o sociológicas que encierra esta obra maestra de la narrativa ribeyrana.
Precisamente en el tercer grupo de los textos recopilados por Cox se reúnen ensayos escritos desde la perspectiva de la teoría literaria, o si se quiere, desde el academicismo. Estos ensayos son más objetivos, se centran en la calidad de las obras y desde los hechos y personajes que allí se representan, analizan en qué medida reflejan la violencia vivida por el país y cuánto pueden influir con su mensaje en la conciencia del lector o de la sociedad.
Como es de esperar, hay posiciones encontradas en los tres grupos propuestos por Mark R. Cox. Sin embargo quiero referirme brevísimamente al análisis que hace Dante Castro sobre la premiada novela de Santiago Roncagliolo, “Abril rojo”, en la que encuentra tantos errores, desfases e incongruencias que hace dudar de la capacidad del jurado internacional que ha visto en esta historia una buena novela y ratifica el interés comercial de un tema que puede sorprender a lectores de otros países y no a nosotros.
Este es otro fenómeno que destaca a lo largo del libro de Cox. El interés por el tema de la violencia es temprano y no posterior al periodo de mayor violencia, como creen autores como el propio Roncagliolo, Alonso Cueto o Ivan Thais, que abordan el tema desde hace dos o tres años. Ya Mario Vargas Llosa tiene un intento fallido con “Historia de Mayta” (1984) y otro en “Lituma en los andes”, que también es una novela premiada internacionalmente, obviamente por el anzuelo económico que significa el nombre del arequipeño, pues ninguna de ellas alcanza niveles de alta calidad como otros de sus títulos harto conocidos. Antes de 1985 ya se premiaron y publicaron en el Perú historias con contenidos políticos y específicamente referidos a la guerra interna que empezaba a alcanzar niveles insospechados para la ciudadanía y cínicamente negados por los políticos y gobernantes.
Es, entonces, oportuna la pregunta sobre cuántos textos más habrá que traten el tema de la violencia y que no son conocidos o no han salido de los pequeños círculos que se forman en las ciudades del interior del país, ya que los referentes mencionados son “famosos” gracias a los premios internacionales. A Mark R. Cox le debemos un paciente estudio recopilatorio sobre este asunto. El 2008 tenía registrados 306 cuentos y 68 novelas por 165 escritores, más 30 novelas en inglés y 16 películas en español e inglés, pero esta cifra, reconoce, debe ser mucho mayor, pues es sabido que gran parte de la literatura que se produce en la sierra o selva no se conoce en Lima o en las principales ciudades del país.
Es importante el nuevo aporte de este profesor universitario, pues más que darnos una visión más amplia de las diferentes perspectivas literarias sobre el dramático periodo de violencia que ha vivido el Perú, nos hace reconocer que se deben tomar en cuenta otros documentos para aprender lecciones y evitar los errores que derivaron en tanta violencia y muerte. El informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación es uno de ellos, en él no hay ficción, a pesar de que el horror que provoca supera a todas las historias de famosos y anónimos escritores, y a todas las historias que aún se cuentan en tertulias y sobremesas, en las que se lamentablemente comprobamos que ningún peruano ha sido ajeno a tanto horror.

miércoles 14 de julio de 2010

Consejos de Roberto Bolaño

Se recuerdan siete años de la muerte del escritor chileno Roberto Bolaño (1953 - 2003) cuya fama y mito se acrecienta en los últimos años. Claro, también se recuerda a Compay Segundo, nacido Francisco Repilado (1907 - 2003), el también mítico músico cubano del Buena Vista Social Club, fallecido el mismo día que Bolaño, a quien casi casi le doblaba en edad. El chileno, con su pose de sabelotodo, ya daba consejos para escribir cuentos, porque sabía lo que hacía. Aquí recordamos algunas de sus ideas.
Escribe: Roberto Bolaño
Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo

martes 13 de julio de 2010

Homenaje a Carlos Monsivais en el FCE

El Fondo de Cultura Económica dedica el número de julio de La Gaceta, su revista literaria, a rendir homenaje a Carlos Monsivais (México, 1938 - 2010). Una serie de artículos, testimonios, dibujos, fotografías y análisis de la obra del gran "Monsi" recorren estas páginas, en lo que se convierte en uno de los homenajes literarios más importantes que se han hecho a este importante escritor, uno de los mayores críticos de la literatura, política y sociedad mexicana del siglo xx. Adelantamos la primera parte del artículo de Nicolás Alvarado, "Under the rainbow" (Bajo el arcoiris), como una invitación a deleitarse con este extraordinario número de La Gaceta y que pinta de cuerpo y espíritu entero a Monsivais. La revista completa se puede leer pulsando en la página del FCE.

Escribe: Nicolás Alvarado

He aquí uno de los contadísimos casos en que la televisión lega una imagen (si no es que una idea) a la posteridad literaria: el féretro de Carlos Monsiváis cubierto por tres banderas, la tricolor
de México (patriotero y previsible pero pertinente), la azul y oro de la unam (un pelín inexplicable sobre el ataúd de quien fuera sobre todo un autodidacta pero acaso justifi cable
dado el amor que profesara —not wisely but too well— a dicha institución) y, sorpresa mayúscula —no por reveladora sino por inesperada, por impensable hasta su muerte— la que ostenta
los colores del arco iris y representa la diversidad sexual.
Cuentan los rumores que quien tuvo la ocurrencia de disponerla sobre los restos fue Horacio Franco, flautista conocido tanto por su solvencia musical como por su identidad e imagen
orondamente gay. ¿Por qué lo hizo? Ignoro la respuesta precisa y, aunque podría marcar su número telefónico y preguntárselo, prefi ero, imaginativo (y remolón), especular con tres posibilidades.
Una (la políticamente correcta): que lo haya hecho en reconocimiento a los esfuerzos literarios y políticos del escritor por colocar el respeto a las sexualidades alternas en la agenda nacional. Otra (la más probable): que con el acto haya pretendido (y logrado) sacar ofi cialmente a Monsiváis del clóset, expropiarlo al menos parcialmente como avatar icónico del gay pride. O la tercera (la más ambiciosa): que al desplegar el estandarte sobre el cuerpo inerte del escritor haya decidido dar fe pública de uno de los elementos consustanciales de su obra y postular no a Carlos como un hombre homosexual sino a Monsiváis como un escritor (también) gay.
Dudo que haya sido la tercera. (Ya lo averiguaré.) Pero habría sido no sólo la más elegante sino también la más lúcida.

lunes 12 de julio de 2010

Cisneros recibe premio Pablo Neruda

En una ceremonia desarrollada hoy en Casa de La Moneda, sede del gobierno chileno, Antonio Cisneros recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. La nota y la foto son de La Tercera, de Chile.


"Estoy destinado a ser protegido por los dioses de Chile". De esta manera el poeta peruano Antonio Cisneros se refirió a los reconocimientos que a la fecha nuestro país le ha otorgado gracias a su obra poética, sumando al premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda recibido hoy, el Premio Iberoamericano José Donoso que le fue entregado con anterioridad.
De manos del Presidente Sebastián Piñera, Cisneros recibió un diploma y una medalla honorífica que, junto a 30 mil dólares, conforman el reconocimiento, otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para distinguir lo mejor de la poesía de la región.
"No saben lo agradecido que estoy del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y de la Fundación Pablo Neruda por haberme concedido el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Agradezco en nombre mío, de los poetas del Perú y de todos los poetas del mundo pues creo que poeta celebrado debe aprovechar la ocasión para reconocer a todos los demás. La poesía ante todo es un acto de amor", dijo Cisneros sobre la condecoración en el Salón Montt Varas del Palacio La Moneda.
Sus palabras recordaron los primeros pasos como escritor, su acercamiento a la poesía de Pablo Neruda gracias a la rica biblioteca de su padre, a la que calificó como un "cataclismo de belleza", y que se convirtió "en una de las partes imprescindibles de mi vida, esa sombra inmensa, luminosa que reparte vida", ejemplificada en los primeros versos de Farewell, 20 poemas de amor y una canción desesperada, o las Alturas de Machu Picchu, al que denominó como el más grande poema del vate chileno.
Elegido en junio de forma unánime por un jurado presidido por el ministro de cultura, Luciano Cruz-Coke, Cisneros es el séptimo poeta (y segundo peruano, pues en 2006 lo obtuvo Carlos Germán Belli) en recibir esta distinción que surgió en 2004 en el Centenario del nacimiento de Pablo Neruda y que permite que Chile se siga posicionando a nivel regional como un país fundamental en materia poética.
Luciano Cruz-Coke, destacó las referencias que Cisneros hizo sobre las anécdotas en sus primeros pasos como poeta. "Es precisamente ahí donde uno se enamora de la poesía, de ese mundo interno que el creador es capaz de recrear, y en ese sentido Cisneros transmite de manera vívida al público". Asimismo, agregó el titular de Cultura, "percibí por parte de Cisneros y de los presentes, una emoción sentida al entregar y recibir este premio, totalmente despojada de formalismos", explicó.
Además del premio, y como parte de la Colección Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en marzo del próximo año se editarán 1500 ejemplares de una antología poética de Cisneros para distribuir en bibliotecas públicas y otras instituciones.
El jurado, que deliberó el 8 de junio en la casa museo La Chascona, estuvo conformado por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (Ganador de la versión pasada) quien votó vía epistolar al no poder estar presente en la ceremonia; la académica y crítica literaria chilena Adriana Valdés; el poeta peruano Arturo Corcuera; el crítico literario y escritor uruguayo Alfredo Fressia; y la poeta chilena Delia Domínguez.

domingo 11 de julio de 2010

Palabras de Juan Marsé

A propósito del último premio literario otorgado al español Juan Marsé, en una entrevista que publica el diario ABC de España, el escritor hace unas declaraciones en la que ilustra la atención que le pone al proceso de creación, y que vale la pena tomar en cuenta.
Escribe: Félix Iglesias

Los integrantes del jurado del Premio Internacional de la Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras no tuvieron ayer duda alguna a la hora de conceder el galardón a Juan Marsé, de cuya obra apuntaron, entre otros méritos, el haber «elaborado un retrato preciso del ser humano con todas sus contradicciones», además de subrayar «su especial acierto a la hora de resaltar la contrafigura literaria del marginal, el fracasado o el perdedor, tan vinculados a la sensibilidad del hombre del siglo XX, con amplitud de miras y con acierto literario».
El autor catalán, que espera publicar a finales de año una nueva novela que podría titularse «La caligrafía de los sueños», destacó a ABC «la gentileza» del jurado por pensar en él y por permitirle compartir galardón con los anteriores premiados, caso de Vargas Llosa, Caballero Bonald o Cabrera Infante, pues es como «si estuviera en casa», ya que en algún caso le unen años de amistad. Preguntado por la valoración de que su obra apunta a las contradicciones humanas, Marsé considera que no hacerlo «sería un gravísimo error», pues «todo creador debe aceptar y reflejar en su obra esa contradicción».
Precisamente, ese meter el dedo en la llaga le acarreó al autor de «Tardes con Teresa» algunos problemas en su momento, algo que considera ya pasado y propio de un «regimen dictatorial» como el franquista. «Por fortuna, ahora estamos en un sistema democrático», aunque reconoce que «es cierto que uno acaba, a veces, harto de los políticos cuando apuestan por los enfretamientos más allá del debate democrático». A pesar de esa hartura, Juan Marsé se muestra convencido de que, «como país democrático, no corremos pelígro alguno».
Pero, política al margen, Marsé se encuentra enfrascado en su próxima novela, que ya cuenta con tres centenares de folios, y que «espero que se publique a finales de año». Sin embargo, reconoce que aún sigue siendo aquel joven que trabajó en un taller de joyería: «Escribo lentamente. Siempre he pensado que ese trabajo minucioso, de detalle de la joyería, donde antes de comenzar a tallar se hacía un dibujo que luego podía modificarse, lo he trasladado a mi manera de escribir».

sábado 10 de julio de 2010

Libros para escolares en Arequipa

Flora Tristán, personaje arequipeño histórico, estará más al alcance de la juventud arequipeña.


En el diario El Pueblo, de Arequipa, leo la información sobre la distribución de 180 mil libros de literatura clásica arequipeña para escolares de la región, una buena iniciativa que concreta el Gobierno Regional con el apoyo de la Asociación Cerro Verde, y que demuestra que sí se pueden hacer realidad proyectos de conservación, rescate y difusión de la cultura local. Aunque este buen esfuerzo contrasta con las denuncias sobre millonarios contratos irregulares para realizar obras públicas, vale la pena destacarlo para ejemplo de otras regiones.
El proyecto consiste en la publicación y distribución de La colección de la Biblioteca Juvenil Arequipa, que consta de 10 tomos. El I tomo: Comentarios Reales de Inca Garcilaso de la Vega. El II tomo: Poesías completas, de Mariano Melgar. El III tomo: Jorge o el hijo del pueblo, de María Nieves y Bustamante. El IV tomo: Peregrinaciones de una paria, de Flora Tristán. El V tomo: Antología poética, de Guillermo Mercado. El VI tomo: Arequipa y los viajeros, Antología básica. El VII tomo: Repertorio poético arequipeño, Antología básica. El VIII tomo: Meditaciones arequipeñas, Antología básica. El IX tomo: Tradiciones y leyendas arequipeñas, Antología básica; y el tomo X: Cuentos arequipeños, Antología básica de varios autores.
Aunque la información que precisa el medio de comunicación es así de concreta, esperemos que el proyecto contenga también áreas de capacitación a profesores para el adecuado uso, lectura y análisis de los textos, pues de lo contrario estaríamos cometiendo el error de siempre: publicar y no saber leer.

viernes 9 de julio de 2010

Borges y yo: Borges



Este es un texto de Borges al más puro estilo de Borges. Pueden escucharlo en este interesante sitio.

Por Jorge Luis Borges


Borges y yo Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.No sé cuál de los dos escribe esta página.


jueves 8 de julio de 2010

Recordando a Mercedes Sosa

Este 9 de julio Mercedes Sosa habría cumplido 75 años. No hay mucho que decir, solo recordarla.

miércoles 7 de julio de 2010

Periodismo: ¿oficio imperfecto?


ABC de España publica una entrevista a Tom Rachman, periodista y escritor, que acaba de editar "Los imperfeccionistas", una novela donde el periodismo, precisamente, se convierte en el personaje principal, una historia de juegos, sucios y otros no tanto, desde la mirada de uno de los nuestros. Aquí la nota.

Por: Inés Martín Rodrigo

El periodismo no es el oficio más viejo del mundo, pero sí uno de los que más interés ha despertado en el género de la ficción a lo largo de los años. El último ejemplo se enmarca dentro de la literatura gracias a Tom Rachman, periodista en su momento y escritor hasta nuevo (y esperemos tardío) aviso, quien pasa revista a la profesión en «Los imperfeccionistas» (Ediciones Urano). Una novela con claros tintes autobiográficos (Rachman trabajó para la agencia AP y como free lanceen el «International Herald Tribune de París») en la que narra con sutil destreza narrativa las andanzas de un periódico ubicado en Roma, desde su fundación hasta su época gloriosa y difícil supervivencia.
Trabajó como periodista y en su primera novela se atreve a sacar a la luz todos los trapos sucios de la profesión. ¿Por qué? ¿Qué objetivo perseguía con esta novela?
—En los libros y en las películas a los periodistas se nos retrata como personas valientes en busca de la verdad o como personas egoístas en busca de poder. Ninguna de esas descripciones es exacta. Cuando escribí esta novela, lo que quería era contar relatos apasionantes, pero también proporcionar a los lectores una mirada interna a los medios, una visión más precisa de esta actividad tan influyente.
Parece que en ciertos momentos la novela caricaturiza la vida diaria en un periódico, pero en otros es tan real como las propias noticias. ¿Qué porcentaje de verdad y qué de invención encontramos en el libro?
—Los personajes y las historias son completamente inventadas, pero el ambiente periodístico ha sido extraído de mi experiencia en Nueva York, Roma, París y otros lugares durante una década en este oficio. Quise retratar este mundo de la manera más fiel posible, y me alegra que otros periodistas se hayan visto reflejados en el libro.
Los personajes están construidos con la precisión milimétrica de un cirujano... o de un periodista. ¿Por qué decidió llamar a la novela «Los imperfeccionistas»?
—Un perfeccionista es alguien que no descansa hasta que consigue un resultado ideal. Sin embargo, muchas veces termina defraudado. La idea de un «imperfeccionista» es mucho más entrañable: una persona con defectos que, por más que lo intente, comete errores garrafales. Esta descripción se ajusta a todos los personajes principales de mi novela, desde el director y el jefe de redacción hasta los corresponsales y los colaboradores. Otra razón para el título es que el periodismo es en sí una actividad imperfecta. Se basa en transmitir una impresión de exactitud, pero es muy frecuente que los hechos sean turbios. De modo que un periódico, igual que todos nosotros, trata desesperadamente de mostrarse más perfecto de lo que es.
Teniendo en cuenta los nuevos y difíciles tiempos a los que el periodismo está obligado a adaptarse, ¿cuál sería su definición de periodista?
—Hay muchas variedades de periodismo y cada una de ellas requiere un talento diferente. Un corrector debe ocuparse de lo pequeño, mientras que el jefe de redacción tiene que ocuparse de lo grande. Algunos reporteros pueden tener éxito siendo agresivos, mientras que otros llegarán lejos si son discretos. Los mejores periodistas tienen discernimiento y claridad de expresión. El peor de los vicios es la vanidad: olvidar que el periodista es el vehículo, no la noticia.
—Hay un viejo dicho que, por desgracia, suele escucharse con frecuencia en las facultades de periodismo: «No dejes que la realidad te estropee una buena historia». ¿Cree que a día de hoy eso sucede?
—En todos los medios en los que he trabajado valoraban estrictamente la verdad; a cualquiera que atraparan falsificando datos lo despedían sin vacilar. La presión de generar artículos sobresalientes es tan intensa que algunos periodistas insensatos manipulan los datos en ocasiones. Sin embargo, el riesgo de ser descubiertos es tan alto que no creo que se produzcan fraudes importantes con frecuencia.
No vamos a desvelar el final del libro, pero, en su opinión, ¿qué futuro le espera al periodismo escrito?
—No tengo dudas de que sobrevivirá. Cambiará siguiendo el rumbo de la tecnología, pero siempre habrá necesidad de información oportuna. Dicho esto, los actuales problemas económicos de la prensa hacen que ésta no sea una buena época para el periodismo.
Para una primera novela ha cosechado críticas inmejorables. ¿No le da miedo, no cree que es demasiada responsabilidad para los siguientes libros que escriba?
—Estoy encantado con las críticas y tendría que ser un pesimista increíble para que me preocuparan. Que hablen bien del libro hará que la gente quiera comprarlo, y lograr llamar la atención es casi lo más difícil de la edición.

El albatros: Baudelaire

Este poema de Charles Baudelaire fue uno de los primeros que leí, ya en casi lejana infancia, y de un sopetón me hizo descubrir al poeta y a la poesía. Siempre es bueno releerlo.


El albatros
Por divertirse a veces suelen los marineros
cazar a los albatros, aves de envergadura,
que siguen, en su rumbo indolentes viajeros,
al barco que se mece sobre la amarga hondura.
Apenas son echados en la cubierta ardiente,
esos reyes del cielo, torpes y avergonzados,
sus grandes alas blancas abaten tristemente
como remos que arrastran a sus cuerpos pegados.
¡Este viajero alado, oh qué inseguro y chico!
¡Hace poco tan bello, qué débil y grotesco!
¡Uno con una pipa le ha chamuscado el pico,
imita otro su vuelo con renqueo burlesco!
El Poeta es semejante al príncipe del cielo
que puede huir las flechas y el rayo frecuentar;
entre mofas y risas exiliado en el suelo,
sus alas de gigante le impiden caminar.

martes 6 de julio de 2010

Breves de Monterroso

A raíz de una entrada anterior, recordamos a Augusto Monterroso (1921 - 2003), el maestro del relato corto. Aquí una breve muestra de sus breves obras.


La rana que quería ser una rana auténtica
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.



El Eclipse
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.


Caballo imaginando a Dios

"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.
Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."


El rayo que cayó dos veces en el mismo sitio

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

domingo 4 de julio de 2010

Buitres, Franz Kafka


Franz Kafka nació un 3 de julio de 1883 y murió el 3 de junio de 1924. Complejo autor de historias en los que sus personajes dramáticamente se enfrentan a situaciones extrañas, sin final, y conocido por novelas ya clásicas como La metamorfosis o El proceso, tiene también breves muestras de su forma de ver al ser humano, como el texto con que ahora lo recordamos:
Foto: Monumento a Kafka, en Praga.

Buitres


Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.

Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

-Encantado -dijo el señor-; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

-No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí-: por favor, pruebe de todos modos.

-Bueno -dijo el señor-, voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

jueves 1 de julio de 2010

Onetti, 101 años.


Dos imágenes de Juan Carlos Onetti, que este 1 de julio habría cumplido 101 años, en una entrevista extraña para la televisión. Onetti fuma, dice que no debe ser referente para los jóvenes, recuerda Montevideo, reclama por ser "engañado" para entrevistarlo y hace gala de su característico humor oscuro y decadente. Onetti visto como Juntacadáveres. La entrevista completa, de unos quince minutos, la pueden ver aquí. Este es un breve guiño, un homenaje, que le dicen.

Recordando a Juan Bullita

Varios son los poetas que han resuelto el último tránsito de su vida por mano propia. Uno de ellos, silencioso y marginal poeta, fue Juan Bullita, más conocido entre los setentas y ochentas del siglo pasado como un notable crítico de arte. Lo conocimos en Arequipa, cuando se apareció en la presentación de un libro de Oswaldo Chanove con una torta, que todos disfrutamos. Al poco tiempo apareció su segundo libro de poemas, Arreglo de cuentas, que él mismo no alcanzó a disfrutar pero le encargó al editor Esteban Quiroz hacer una oportuna distribución entre los amigos. Este salsero empedernido se mató en Pisco, hace veinte años, a los 46 años.
IN MEMORIAM SAMUEL MORSE (1791 -1874)
I
-No sé
-Espérate
-Te paso con mi papá
-Voy a ver
-Un momento
-Ha salido
-No tengo idea
-¡Mamá, Juan!
manteniendo a raya cualquier
imaginaria impertinente iniciativa
arrinconando mis cuarenticuatro
intransitables kilómetros
remotos a la autopista de tus dieciseis.
II
Arrebatada bestia del amor
a mala provocado herido
furisos revolviéndose en ruedo
con vistosos palitroques ardiéndole lomo
divertimento en juerga ajena
mientras click al cortar
semeja aviso toque corneta
concediendo/ordenando cambio tercio.
III
Primitivo telégrafo
joya en album cinematográfico
transmitiendo a secos golpes metálicos
noticias órdenes ardientes s.o.s. transacciones
contribución a civilización y progreso
mítica épica visual/narrativa
vasto territorio del western
emotivo homenaje al genial inventor yanqui
Samuel Finley Breege Morse
compensación nostálgica a ti debida
razón para el ampay me salvo
del estilete hielo voz amada
y salvo mi antigua edad del cine enamorada
matinées/refugio vermouth/escape
remembranza telégrafo cada vez
que al marcar 770551 contestas
me amordazas enmudezco
no sé qué decir
dónde esconderme
cuándo colgar
al bufón del imposible amor.