martes 29 de junio de 2010

"A mi no me gusta escribir": Herta Müller


Herta Müller, la escritora rumano alemana que obtuvo el Premio Nobel de Literatura el año pasado, se presentó en la Biblioteca Nacional de Madrid, en España, donde concedió una entrevista al escritor Juan Cruz y que resume el diario El País. Müller ha dicho enfáticamente que "no le gusta escribir" y que desde hace treinta años repite, cada vez que termina un libro, su promesa de no volver a escribir.
La foto y la nota es del diario español.
Escribe: Javier Rodríguez Marcos
"Herta, le contaré una cosa de mi madre. Ella pensaba que los extranjeros la entendía leyéndole los labios". "La comprendo. Por eso yo llevo siempre los labios tan rojos". Así, con una broma sobre la necesidad de la traducción simultánea, empezó esta tarde en la Biblioteca Nacional el coloquio entre el periodista y escritor Juan Cruz y la ganadora del último premio Nobel de Literatura, la rumana de lengua alemana Herta Müller. La escritora acaba de publicar en España la novela Todo lo que tengo lo llevo conmigo (editada por Siruela en castellano y por Bromera en catalán en las versiones de Rosa Pilar Blanco y Joan Fontcuberta i Gel respectivamente) y a las siete de la tarde había llenado ya el salón de actos, desafiando al calor, a la huelga de metro y, sobre todo, al fútbol, un deporte del que Müller dice no entender nada.
Todo lo que tengo lo llevo conmigo recupera la memoria de los 100.000 rumanos de origen alemán deportados en 1945 a los campos de trabajo de la Unión Soviética. Murieron 10.000, pero entre los supervivientes estaba la propia madre de Herta Müller (Nitzkydorf, 1953) y el poeta Oskar Pastior, con el que la novelista comenzó a escribir esa misma novela hasta que la muerte de Pastior detuvo el proyecto en 30 páginas de las que ella tuvo que seguir tirando en solitario.
Soledad fue, de hecho, la primera palabra invocada por Juan Cruz para hablar de la obra narrativa de Müller (editada en español por la citada Siruela y Punto de Lectura en bolsillo). "Cuando uno no se adapta a un régimen dictatorial termina abocado a la soledad porque se convierte en un problema para los que sí se adaptan. Hay preguntas como "¿de dónde venidos?" que resultan triviales en una situación normal pero que en una dictadura son terribles", respondió la autora de La bestia del corazón, que recordó que, más allá de la política, ella conocía el sentimiento de soledad -"aunque no conociera la palabra"- desde que le tocó cuidar sola de las vacas de su familia. Fue en una comunidad germanófona muy endogámica pero cuya cerrazón terminó siendo un anticipo de la dictadura de Ceaucescu: "También la ciudad era pueblerina: todo el mundo observaba, espiaba, prohibía".
Müller, que se negó a hablar de la dictadura como de una metáfora, aunque fuera de una metáfora del mal, recordó que la Securitate era una organización criminal que llegó a reclutar a sus miembros entre los niños de los orfanatos, llenos durante años en virtud de la política de natalidad del régimen comunista (cinco hijos por mujer) y de la estricta prohibición del aborto: "Los niños eran sometidos a una educación monstruosa para sacar de ellos el personal adecuado, funcionarios capaces de actuar sin mala conciencia".
Miedo fue otra de las palabras que Juan Cruz puso sobre la mesa. Y ésta fue la respuesta de su interlocutora: "No vivo con miedo, convivo con las huellas del miedo".
¿Escribir sirve para conjurarlo? Para Herta Müller, lectora ferviente de Klemperer, Semprún y Thomas Bernhard, la escritura no garantiza nada pero siempre hay cosas que ella "no sabía que el lenguaje sabía". Sólo las descubrió cuando se puso a escribir, algo que está lejos de ser una actividad placentera: "A mí no me gusta escribir", dijo rotunda. "Es un trabajo mísero que te hace enfermar de los nervios. Escribo para terminar de escribir. Cuando tengo un libro entre manos escribo día y noche para llegar al final. Escribir es algo horrendo pero hermoso. Siempre que termino una novela digo que no voy a escribir más. Llevó 30 años así".

lunes 28 de junio de 2010

Darío Lancini


Interesante descubrimiento. El último número de la revista electrónica Letralia trae la noticia de la muerte del escritor venezolano Darío Lancini (1932 - 2010). Resulta que Lancini es considerado como el autor del palindromo más extenso del mundo, un texto que se lee igual de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, ingenioso ejercicio literario que han ensayado y disfrutado autores como Julio Cortázar y Augusto Monterroso, y que más que obras de arte se ven ahora como pasatiempos. Pero el venezolano Lancini ha hecho verdaderas obras de arte con su ingenosa forma de escribir, pues en su libro "Oír a Darío" (1975) desde el título en el que involucra su nombre, publica una pieza teatral de más de 700 palabras que es un palindromo. Aquí una breve muestra de su trabajo:
"Son robos, no sólo son sobornos."
“Ésto al sabio diré -habla la Nike-:
Para Pekín al alba
herido ibas, Lao-Tsé.”
“¡No te comas la salsa, mocetón!”
“Abanico con amoníaco
cocainómano cocinaba”,
a)

“Somos Adán y Eva,
Yavé,
¿Y nada somos?”

b)

“Seas árbol
o dios
la fe
falso ídolo
brasa es.”

c)

“AMOR AZUL

Ramera, de todo te di.
Mariposa colosal, sí,
yo de todo te di.
Poda la rosa, Venus.
El átomo como tal
es un evasor alado.
Pide, todo te doy: isla,
sol, ocaso, pirámide.
Todo te daré: mar, luz, aroma.”
Lancini escribió también textos que se llaman bifrónticos, que se leen igual pero que cambian de sentido al escribirse de otra forma. Uno de sus más conocidos es el siguiente:
El mar y no tu telar.
El mar y no el ejido, el mar y no su eco.
Su cumbia y no su fría razón ando
buscando. Su eco sensual malográndose oí.
Oí el mar y no su cítara. Oh, Dios, ¿si
con su sal forja cien aguas
el mar y no tu telar,
se asea la mariposa encubierta?”.
“El marino tutelar
El marino elegido, el marino sueco.
Sucumbía y no sufría razonando.
Buscan dos huecos en su alma logran doce, oh.
Y hoy el marino sucitará odios, ¿si
con sus alforjas y enaguas
el marino tutelar
se hace a la mar y posa en cubierta?”.

domingo 27 de junio de 2010

Twilight, Francisco Bendezú

Repasaba una lectura de poesía peruana y me detuve, una vez más en Francisco Bendezú (1928 -2004), una vez más en este poema que hace que uno esté callado.

TWILIGHT

Yo soy el granizo
que entra aullando
por tu pecho desquiciado.

Soy tu boca.

Yo atesoré a ras del sueño,
debajo de las horas,
el latido de tus pasos por el polvo de Santiago,
y tu densa fragancia de magnolia,
y tu lenta cabellera
con perfil de éxtasis o algas,
y el ardor fulmíneo de tus ojos, que de noche,
como naves sobre el mar,
la bruma iluminaban.

Como guijarros de playa,
o nostálgicos boletos entre cintas y violetas olvidados,
enterré en mi corazón la línea de tu frente,
la piedra gastada de tus codos, tus sílabas nocturnas,
el fulgor de tus uñas, tus sonrisas,
la loca luz de tus sienes.
¿No sientes trasminar mi dolor a travéz de tu cuchara?
Mi memoria quedó tal vez en ti
como las ediciones vespertinas
en las bancas de los parques desahuciadas.

Tu sombra es mi tintero.
Juventud.
¡Juventud mía!
¿Qué tumbos socavaron
la torre más alta de mi vida?

¡No habrá nunca
hilo más puro

que tu larga mirada
desde lo alto de las escaleras,
ni lampo de cometa comparable
a la curva nevada de tus dientes!
Cantaba la mañana
en las pálidas cortinas y la hierba.
El tiempo cintilaba en tus vidrieras
como sólo una vez el tiempo parpadea.
Ya no estás entre las flores. Ni volverás
jamás a estarlo. ¿Qué tu amor sino labios
que escrituras en el viento fueron?

¡Yo quiero que me digan
si el amor, como los pájaros,
se va a morir al cielo!

Me acuerdo de una noche de trenzas y peldaños,
y óxido, y collares,
me acuerdo, como ayer, de lo futuro.

¡Quiero acuñar, como el otoño,
medallas en las calles,
o beberme llorando tu ausencia en los teléfonos,
o correr, correr a ciegas por
los tejados de todas las ciudades
hasta perderme para siempre o encontrarte!

¡Otra vuelta estar contigo!
Oh día de verano
extraviado en alta mar
como una mariposa!
Contra el flujo incoercible de los años
los días, uno a uno,
absurdamente buscan tu lámpara en las sombras,
no la penumbra, no el espejo de la muerte,
sino el cristal de la esperanza:
tu ventana que sólo está en la Tierra.

¡Aspersiones de ceniza para tu boca cerrada!
Otra vez tengo veinte años, y sonámbulo, y en llanto
a la puerta de tu casa estoy llamando,
al pie de tu reja, como antaño,
bajo la lluvia sin telón ni máscaras ni agua.
¡Oh zumbantes calendarios
que en vano el cierzo,
como a encinas,deshojara!

¡No me digas que te quise! Te quiero.
Te debía este lamento, y aunque un grito
mi sangre apenas sea,
también te lo debía: un solo interminable
de un corazón en las tinieblas.

sábado 26 de junio de 2010

Mirando a Sudáfrica: goles y premios Nobel

Artículo que se publica en mi columna El barco ebrio en diferentes medios escritos.

Por: Alfredo Herrera Flores


Mientras el mundo ve rodar el balón en el mundial de fútbol que ha organizado Sudáfrica, este país se ha convertido en una nueva ventana para ver no solo su dramática historia y su ancestral cultura, sino la de su continente, Africa, donde según todas las teorías el hombre ha dado sus primeros pasos rumbo a la civilización. Sudáfrica, ubicada en el extremo sur del continente, tiene una larga historia y algunos datos que reflejan una economía que recién está tomando la ruta de un desarrollo sostenido.
Conocida porque en los últimos años del siglo pasado protagonizó una de las experiencias racistas más extremas del mundo y regímenes gubernamentales represivos y sangrientos, este país de casi 50 millones de habitantes es una mezcla de culturas y naciones que ahora, con las nuevas políticas y procesos de libertad y convivencia pacífica, está demostrando que los cambios en la vida social son posibles gracias a leyes coherentes y conciencia de social para cumplirlas.
Tal vez el personaje internacional más conocido de Sudáfrica sea Nelson Mandela, prisionero por más de veinticinco años por luchar a favor de la igualdad y libertad de los sudafricanos frente a Inglaterra, que sigue dominando el país a pesar de ser independiente, luego presidente de su país y gran promotor de la eliminación del apartheid. Hoy, ya nonagenario, sigue siendo un símbolo de la unidad sudafricana y genera en la población actitudes de admiración pocas veces vista en líderes contemporáneos. La inauguración del mundial de fútbol se vio incompleta por su ausencia, debido a la muerte de una de sus nietas luego de asistir al concierto de inauguración, celebrado en la víspera.
Sin embargo Sudáfrica tiene otros motivos para sentirse un país orgulloso de varios de sus ciudadanos, a pesar de tener una historia relativamente reciente. Recordemos, por ejemplo, que el médico sudafricano Christian Barnard fue el primero en realizar una operación de trasplante de corazón, que revolucionó el mundo de la medicina, en diciembre de 1967. Luego Barnard hizo varios otros experimentos y dejó algunos textos que promovían las actitudes positivas para enfrentar la vida. Él es autor de esa frase famosa de que “si piensas que están vencido, vencido estás; si piensas que no te atreves, no lo harás…”
Pero varios años antes que Barnard, otro médico sudafricano hacía historia. El doctor Max Theiler (1899 – 1972) era galardonado con el Premio Nobel de Medicina de 1951 en mérito a su descubrimiento de una vacuna contra la fiebre amarilla, enfermedad que en muchas partes del mundo, en especial en Africa, provocaba miles de muertes. Luego, en 1979, otro médico sudafricano, Allan MacLeod Cormack (1924 – 1988) recibió también el Premio Nobel de Medicina por sus trabajos en tomografía asistida por equipos computarizados.
Pero eso no es todo. El año 2002 el Premio Nobel de Medicina recae una vez más en un sudafricano, esta vez en el biólogo Sydney Brenner (1927) quien luego de desarrollar una larga carrera científica y docente en Estados Unidos comparte el premio con otros dos científicos por sus trabajos sobre la regulación genética del desarrollo y muerte celular.
La compleja y dramática historia sudafricana, especialmente en la segunda mitad del siglo pasado, no solo captó la atención mundial, sino que generó corrientes de opinión, solidaridad y análisis en todo el mundo. La invasión inglesa, los conflictos internos entre las tribus y naciones sudafricanas y la corriente racista que se instaló en ese país, instaurándose el régimen del apartheid, promovió la aparición de importantes líderes políticos.
El primer personaje que recibiera un reconocimiento internacional por su lucha contra el apartheid, régimen extremo que dividía a los blancos y negros hasta en el uso de los baños, fue Albert John Lutuli (1898 – 1967), un profesor zulú hijo de misionero que hizo una importante carrera al interior del Congreso Nacional Africano, partido político que se enfrentaba al Partido Nacionalista, que gobernaba entonces y legitimaba el dominio blanco con leyes segregacionistas que se fueron dando desde 1911, Lutuli recibió el Premio Nobel de la Paz en 1960.
Veinticuatro años después, el sacerdote anglicano Desmond Tutu (1931) recibió también el Premio Nobel de la Paz en 1984, por su permanente lucha pacifista en contra del apartheid. Tutu es un carismático religioso que ha ido ocupando importantes cargos dentro de su iglesia y expresando con la misma franqueza y seguridad sus opiniones tanto en contra de los promotores de la discriminación racista como de sus opositores, cuando también recurrían a la violencia para defender sus libertades y derechos de igualdad. Cuando Nelson Mandela asumió el poder, encargó a Tutu la dirección de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que vería los efectos de las décadas de dominación blanca y violación de derechos humanos en Sudáfrica.
En 1990 en presidente sudafricano Fredrik De Klerk, del aún dominante Partido Nacionalista, determina el fin del apartheid y dispone la liberación de Nelson Mandela, preso desde 1964. La mayoría blanca apoya las nuevas leyes y ambos personajes firman en 1993 acuerdos para la distribución de poderes a favor de un proceso de convivencia sin discriminación. Por esta actitud, celebrada por todo el mundo, De Klerk y Mandela reciben el Premio Nobel de la Paz ese mismo año.
Pero esta apretada historia de Sudáfrica, hoy celebrando al ritmo de vuvucelas el mundial de fútbol, es recogida por sus artistas, principalmente por sus escritores, que son, en cualquier parte del mundo, la voz de una realidad que se debe cuestionar, interpretar, recrear, y manifestarla al mundo.
Nadine Gordiner (1923), de ascendencia judía, se inició escribiendo historias cortas, pero en su segunda obra, La suave voz de la serpiente, aborda ya el problema racial que vive su país, y el tema no dejará de serle ajeno a lo largo de sus más de veinte títulos publicados y sus numerosas conferencias. En 1991 la escritora sudafricana es galardonada con el Premio Nobel de Literatura.
Relativamente poco tiempo después, teniendo en cuenta que este premio suele darse rara vez a un escritor de un mismo país que no fuera Europa o Estados Unidos, el sudafricano John Maxwell Coetzee recibió el año 2002 el Premio Nobel de Literatura. Aunque Coetzee se licenció en matemáticas y luego se dedicó a la informática, se doctoró el lingüística computacional, lo que le permitió enseñar literatura en estados Unidos y Sudáfrica, para luego dedicarse por entero a la literatura. En sus obras Coetzee también cuestiona el apartheid y asume una posición firme a favor de los derechos humanos de las mayorías negras. Actualmente reside en Australia, donde le han dado también esa nacionalidad, sin que eso lo aleje de la realidad y compromisos con su país de origen.
Este rápido y apretado resumen sobre algunos de los personajes de transcendencia mundial de Sudáfrica, país ahora en la retina del mundo a través del fútbol, solo intenta ser un ejemplo de cómo otras naciones, con muchas situaciones políticas y condiciones desfavorables, puede generar protagonistas que influyen en su vida política, social y cultural, y que a su vez la transmiten al mundo. La obtención de Premios Nobel, es una referencia, una muestra. Esta vez se hacen goles en Sudáfrica, pero este país ha hecho ya golazos con su aporte a la cultura mundial, y así hay que mirarla, más allá de las insoportables vuvuzelas.

viernes 25 de junio de 2010

Poemas de Jorge Boccanera

Jorge Boccanera (Argentina, 1952) ha ganado la última edición del Premio Casa de América, los tres primeros poemas pertenecen al libro premiado, Palma Real.



I
La selva está hecha a lápiz, punta fina
sobre papeles rotos, garabatos que se alzan en el
aire y cajitas de música y el oso perezoso.
Una lágrima verde rueda sobre la lengua del jaguar.
Tierra tatuada, selva
con la palma en el centro que en un aire de reina
despliega su penacho, su cabellera de hilos,
su serena ebriedad.

Abajo, el viento junta restos del universo.


XXIV
Ni crece, ni se expande la selva.
Nunca se multiplica.
Nunca asciende la selva,
vive
de imaginar al tiempo.
Todo el tiempo.

XLIV
El colibrí garganta brillante, dice:
«El color blanco es una selva que nadie sueña».
La ranita dorada dice: «Siempre estamos despiertos».
Las aves del pantano dicen: «Los opuestos se envían cartas rotas, se dedican linternas herrumbradas, se buscan para decirse adiós».
El pájaro sombra dice: «Para juntarse los amantes, uno de los dos muere».
Los cuervos de voz áspera, dicen: «El árbol del aullido da corazones rojos».
El zopilote rey –blanco y mudo- piensa mientras planea sobre los hormigueros gigantes:
«Lo que no es selva es pobre mundo».
Luego, todos se callan.
Nieva.

Pasa Vallejo navegando en el polvo

Magro, cetrino, casi hierático, me pareció
Un árbol deshojado. Su traje era oscuro
Como su piel, oscura.
Ciro Alegría

Un Santiago de Chuco de labios apretados lo ve
pasar y dice: como si la victoria y la derrota
comieran de su plato. Y dice: como un hueso
escarbando en el habla de nadie. ¿Y tanto así?

Pasa un zumbido, un triste, alguna capa, un capellán,
un globo sin su niño, un ala que saluda. Las tardes
son iguales aquí. Pasa Vallejo navegando en el polvo
de las demoliciones.

Como si la victoria (se lo dije), como si la
derrota (¿no le digo?) comieran de su plato y
él escupiera el plato porque un dedo de sangre
va abriéndole los ojos, porque hay un aguacero
que se lo lleva todo.

Pasa el maestro de escuela por las calles vacías.
Una mano cortada lo lleva de la mano.


Con mi costumbre de dejar la nuca en cualquier parte

Viene despacio
entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parteviene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas hecha humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después… se vuela azul como la tarde.

jueves 24 de junio de 2010

Nadine Gordimer habla sobre el mundial de fútbol


La sudafricana Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura de 1991, es entrevistada por Alberto Lati para Letras Libres, y en esa conversación la autora de "La suave voz de la serpiente" recuerda su niñez, sus amigos y revela afinidades y antipatías, algunas ideas hay que tomar en cuenta. Me he tomado la libertad de reproducir algunos fragmentos, con una opinión respecto al mundial de fútbol que se celebra en su país, la entrevista completa se puede leer en la última edición de la revista española.
Entrevista de Alberto Lati
Infancia

Vengo de un entorno de clase media. Mi madre vino de Inglaterra, y mi padre, de Letonia, un humilde refugiado de la Rusia zarista que llegó sin hablar el idioma y que verdaderamente tuvo que batallar. Aunque no poseía muchos estudios, era un hombre inteligente, y poseía un don para los idiomas que lamentablemente no heredé. Pronto habló un inglés fluido, agarró algo del afrikáans, que también era necesario, y hasta se metió a una mezcla, el fanagaló. Vivíamos en el barrio donde mi padre vendía relojes y otras piezas de joyería. Yo vivía una vida dedicada enteramente a los estudios. Fui a un convento-escuela, de puras niñas, claro, y todas blancas. Si ahorrábamos algo de morralla para el sábado, íbamos al cine, y las películas eran sólo para blancos. Era una dedicada bailarina, no sin talento, y las clases de baile, claro, eran también sólo para blancas. Pero más importante es que mi madre me inscribió cuando yo tenía seis años, junto con mi hermana, en la biblioteca infantil, y eso me perdió en los libros. Pronto fui moviéndome fuera de la sección de libros infantiles a los que quisiera tomar. Cuando veo atrás, es increíble lo que llegué a leer en esa época. Pero si hubiera sido una niña negra no hubiera podido ser miembro de esa biblioteca, no hubiera podido tomar ninguno de esos libros. Pienso, entonces, que si hubiera sido negra jamás me hubiera convertido en escritora, porque la única educación para un escritor es leer, leer y leer.

Lenguas africanas

Si de algo me arrepiento, si algo me avergüenza, es que nunca aprendí una de nuestras nueve lenguas africanas. Tenemos once, incluyendo el inglés y el afrikáans, que tuve que estudiar. Todavía hoy, si estoy en un cuarto lleno de camaradas y me salgo a traer bebidas o té, cuando vuelvo y se han soltado a hablar en sus propios idiomas, siento que he irrumpido en un país foráneo que es, al mismo tiempo, mi propio país. Es mi culpa: debí haber estudiado uno de esos idiomas cuando era más joven, pero, por supuesto, nuestras escuelas no lo enseñaban. Ahora ya lo hacen, aun las escuelas privadas. La gente tiende a elegir zulú porque se ha convertido en una especie de lengua franca a la que casi todos se adaptan o con la que consiguen darse a entender.

Escritura

La idea de que la inspiración brota por sí sola es propia de gente que no es escritora. Porque escribir es resultado de tu propio desarrollo, del desarrollo de tus propias emociones y, por supuesto, de tus relaciones con el mundo exterior, con lo social y lo político. La necesidad de escribir viene de esos dos impulsos: de lo que te sucede dentro y de lo que te viene impuesto desde la sociedad, el país, la política, la moral.
La ficción brota de una necesidad extraña de encontrarle sentido a la vida, lo cual viene tanto de la presión sociopolítica a tu alrededor como de tu propia evolución mientras vas creciendo, de tus emociones, de tus ideas, de tus relaciones. Entonces creo que la verdad está ahí. Escribo no ficción, por otra parte, con el objetivo de ilustrar algo en lo que creo, o para persuadir. No soy propagandista, pero mi no ficción, más si trata de temas políticos, quiere persuadir respecto a un punto de vista.

Mundial de Futbol

Se sabe que la verdadera regla del gobierno para mantener a la gente tranquila es pan y circo, y aquí viene este gran circo. Desafortunadamente para mucha gente el pan todavía falta. Ahora, tampoco quiero ser aguafiestas: permitamos que la gente disfrute. También es cierto que hay mucha gente muy materialista que quiere venir acá a hacer grandes negocios muy rápido, ya sea importando cuatrocientas prostitutas o distribuyendo drogas. Es un aspecto muy desafortunado, quizá parte de ese circo. Espero que también traiga algo de pan, pan en el sentido de dinero y desarrollo. Pero no lo creo.
Yo nunca practiqué ningún deporte. Muchos de mis amigos son grandes entusiastas y respeto eso, a veces incluso los he envidiado. Mi esposo, por ejemplo, era un gran jinete, quiso enseñarme pero yo tenía mucho miedo a las bestias. Todos tenemos diferentes placeres y sitios para volcar nuestras energías. Nunca pensaría que haya algo malo con el futbol, cualquier actividad en la que ocupemos el cuerpo de esa forma es agradable de ver.Yo no puedo entender la diferencia entre patear un balón o levantar la maldita cosa esa, el balón de rugby, y lanzarla, aunque supongo que no debo hablar de lo que no entiendo.

miércoles 23 de junio de 2010

Homenaje de Saramago a Sabato





En noviembre del 2004, el escritor argentino Ernesto Sabato recibió un emotivo homenaje en Rosario, Argentina, a propósito del III Congreso Internacional de la Lengua Española. En esa oportunidad, el Premio Nobel José Saramago, fallecido hace una semana, dio unas palabras sobre Sabato, quien recibió una enorme ovación que lo llevaron a emocionarse hasta las lágrimas. Aquí reproducimos las palabras del portugués y recogemos un texto del propio Sabato, publicado en su libro de memorias Antes del fin, como un pequeño recuerdo a sus 99 años, que los cumple este 24 de junio.




Escribe: José Saramago


Mi iniciación en el universo narrativo de Ernesto Sábato, y también en lo que podríamos llamar su cosmos personal, sucedió hace mucho tiempo, hacia el final de los remotos años 50, cuando, en un ya desaparecido café de Lisboa, nos reuníamos unos cuantos amigos para hablar de libros en voz alta y de política en voz baja, por razones que, tanto en el primer caso como en el segundo, no necesitan mayor explicación. En esa época las preferencias y los modelos literarios de nuestro grupo se orientaban, en su mayoría, hacia la dulce y entonces todavía inmortal Francia, aunque algunos, con apenas disimulada soberbia, hacían exhibición de intimidades con las literaturas de expresión inglesa, sobre todo con la norteamericana, sobre cuya validez (me refiero, claro está, a las pregonadas intimidades) los francófilos, por envidia, manifestaban las más severas reservas. Paradójicamente, la armonía en estos inflamados debates, que nunca se concluyeron de manera satisfactoria, quedaba desviada, alguna que otra vez, con las intervenciones de un compañero algo excéntrico que tenia sus amores culturales en otros puntos del planeta y que los defendía con evidente conocimiento de causa. No éramos, hágasenos al menos esa justicia, completamente ignorantes de lo que sucedía entre el Río Grande y el cabo de Hornos, pero lo que presumíamos saber no iba mas allá de lo fragmentario y, en el fondo, se alimentaba más de referencias y alusiones casuales que de un interés real y autónomamente motivado. Ese amigo providencial (de su boca oí hablar por primera vez de José Hernández y de Martín Fierro), se nos aparecía en el café con brazadas de títulos y de nombres y los lanzaba sobre la mesa como flores exóticas, entre las tazas y los ceniceros. Dejo aquí algunos de esos nombres y de esos títulos como una simple muestra de la riqueza de su jardín: Enrique Larreta y La gloria de don Ramiro, Ricardo Guiraldes y Don Segundo Sombra, Enrique Amorim y El paisano Aguilar, Migel Angel Asturias y El señor presidente, Rómulo Gallegos y Doña Bárbara, José Maria Arguedas y Los ríos profundos, Ciro Alegría y El mundo es ancho y ajeno, Julio Cortazar y Bestiario, Jorge Luis Borges y El Aleph, Adolfo Bioy Casares y La invención de Morel, Carlos Fuentes y La región más transparente... Como dejé dicho, estábamos entonces en las postrimerías de los años 50, razón más que poderosa para que El coronel no tiene quien le escriba y La ciudad y los perros todavía no hubieran llamado en la aldaba de las puertas del viejo café de Lisboa.
Y estaba Sábato. Por un extraño fenómeno acústico cualquiera, el día que oí pronunciar ese nombre entonces desconocido para mí, asocié las tres rápidas sílabas que lo componían a una súbita puñalada. Conocido como es el significado de esta palabra italiana, la asociación tendrá que parecer de lo más incongruente, pero las verdades son para ser dichas, y esta es una de ellas. El túnel fue publicado en 1948, pero yo no lo había leído. Entonces, a mis inocentes 26 años, todavía sería mucho el pan y mucha la sal que tendría que comer antes de descubrir el camino marítimo que me había de conducir a Buenos Aires... Fue aquel inolvidable compañero de mesa de café quien me proporcionó la lectura de la novela. Enseguida, en las primeras páginas, comprendí hasta que punto había sido exacta la osada asociación de ideas que me llevó de un apellido a un puñal, para colmo con una circunstancia agravante e inesperada: el puñal Sábato, después de clavado, no se retiraba de la herida, permanecería allí, moviéndose por sí mismo, despacio, para que la sangre no dejase de correr y la deseada cicatriz no acabara siendo nada más que un sueño imposible... Las lecturas siguientes que he ido haciendo de Ernesto Sábato, tanto de sus novelas como de sus ensayos, a lo largo de todos estos años, confirmaron aquella intuición inicial, la de que me encontraba ante un autor trágico y al mismo tiempo eminentemente lúcido que, además de ser capaz de abrir caminos por los corredores laberínticos del espíritu de los lectores, no les consentía, ni siquiera durante un solo instante que desviasen los ojos de la esquina más oscura del ser. ¿Lectura por eso difícil? Tal vez, aunque lectura fascinante entre todas. La amalgama de surrealismo, existencialismo y psicoanálisis que, según hoy opiniones más acreditadas, constituye el soporte «doctrinario» de las novelas del autor de Sobre héroes y tumbas, no nos debería hacer olvidar que ese proclamado «enemigo» de la razón que se llama Ernesto, Sábato es a la falible y humilde razón humana a la que acabará apelando cuando sus propios ojos, libres de escamas, se enfrentaron con ese otro apocalipsis que fue la sangrienta represión sufrida por el pueblo argentino. Novelas que se refieren a tiempos históricamente determinados y a lugares objetivamente definidos, El túnel, Sobre héroes y tumbas, Abbadón el exterminador no hacen oír solamente el grito de una conciencia afligida por su propia impotencia y la visión profética de una sibila a quien el futuro aterra, también nos avisan de que, tal como Goya (más conocido como pintor que como filósofo...) ya había dejado constancia en el famoso grabado de los Caprichos, es siempre del sueño de la razón que ha nacido, crecido y prosperado la inmunda genealogía de los monstruos.
Hacia este profeta áspero y agreste que la vejez no ha conseguido dominar, hacia esta conciencia dolorida por todas las desgracias del mundo, que un día, muchos años después de las tertulias del café de Lisboa, encaminé finalmente mis pasos, a esa ciudad de Santos Lugares donde también suele irse por otras peregrinaciones edificantes, aunque ninguna tan hermosa y rica en Lecciones para el empedernido descreído que les habla. De nuestro primer encuentro dejé un emocionado recuerdo en mis Cuadernos de Lanzarote. Permítaseme que les lea este breve fragmento:
Dentro, pasé a la penumbra reinante, ninguna luz estaba encendida. Y en ningún momento Sábato se quito las gafas oscuras, de lentes gruesísimos. La sala donde nos recibió daba a la parte de atrás del jardín, la pared divisoria de ese lado, acristalada, apenas dejaba entrar la luz quebrada del rápido atardecer. Ofrecí a Sábato el Ensayo sobre la ceguera, él quiso saber qué ciegos eran estos míos, yo le hablé de los suyos, después hicimos un repaso juntos de algunos de los ciegos más ilustres de la literatura, tanto de personajes como de autores, y acabamos preguntándonos aquello que muchos han querido saber: si los problemas de visión que uno y otro hemos padecido habrán sido la causa inmediata de nuestras contribuciones de ciegos a los estudios literarios. Estuvimos de acuerdo en que no. Trajeron un café, que tomamos en silencio. Después Sábato se lanzó, como quien repite un camino ya muchas veces recorrido, a un largo soliloquio que comenzaba por la evocación dolorida de la muerte reciente de un hijo (herida que siempre le estará sangrando), y luego, como si le fuese imposible escapar de su propio laberinto, transito por las diversas obsesiones que le conocemos: la implacable descreencia en la razón, la negación crítica del conocimiento científico, el problema del mal, Dostoievski, la apología de la obra breve... La sala fue oscureciendo hasta que casi no conseguíamos vernos. Sábato no se levantó a encender la luz. Sombra entre sombras, su voz de ceniza lentamente fue cubriendo la sala, los estantes, las caras, los bultos, las manos. Le dije que hasta para no creer en la razón teníamos necesidad de la razón, que el mal no era efecto ni obra de un demonio, que no hay otro demonio ni otro Dios que la cabeza del propio hombre. No tengo seguridad de que me oyera, su voz era como un no negro hacia el cual, poco a poco, yo mismo, todavía sujeto a la orilla, iba resbalando.
Esta fue la primera vez que nos vimos. Regresé años después a Santos Lugares, luego fuimos coincidiendo aquí y allí del mundo, en Madrid, en Badajoz, en Lanzarote, cada vez más próximos el uno del otro en la inteligencia y en el corazón, el hermano mayor, yo, sólo un poco más joven, dos seres que, en el exacto momento en que finalmente se encontraron, comprendieron que se habían estado buscando. Hoy, Ernesto, aquí estamos una vez más, y ha sido a mí, escritor portugués y amigo tuyo, a quien le ha cabido el honor inestimable de verse elegido mensajero, no ya de todos cuantos han venido a Rosario a celebrar los fastos de la lengua castellana y a ampliar las avenidas de su futuro, sino también (que me sea perdonada la presunción) de cuantos, fuera de estas paredes, en Argentina, en América, en el mundo, lo admiran y lo respetan, leen tus libros, escuchan tus palabras y contigo mantienen el mejor de los diálogos, el de las conciencias. Entre el temor y el temblor en que nuestras vidas discurren, la tuya no podía ser una excepción. Aunque quizás no se encuentre en los días de hoy una situación tan radicalmente dramática como la tuya, la de alguien que, siendo tan humano, se niega a absolver a su propia especie, alguien que a sí mismo no se perdonará nunca su condición de hombre. No todos lo agradecerán la violencia. Yo te pido que no la desarmes






Antes del fin


Escribe: Ernesto Sabato



A medida que nos acercamos a la muerte, también nos inclinamos hacia la tierra. Pero no a la tierra en general sino a aquel pedazo, a aquel ínfimo pero tan querido, tan añorado pedazo de tierra en que transcurrió nuestra infancia. Y porque allí dio comienzo el duro aprendizaje, permanece amparado en la memoria. Melancólicamente rememoro ese universo remoto y lejano, ahora condensado en un rostro, en una humilde plaza, en una calle.
Siempre he añorado los ritos de mi niñez con sus Reyes Magos que ya no existen más. Ahora, hasta en los países tropicales, los reemplazan con esos pobres diablos disfrazados de Santa Claus, con pieles polares, sus barbas largas y blancas, como la nieve de donde simulan que vienen. No, estoy hablando de los Reyes Magos que en mi infancia, en mi pueblo de campo' venían misteriosamente cuando ya todos los chiquitos estábamos dormidos, para dejarnos en nuestros zapatos algo muy deseado; también en las familias pobres, en que apenas dejaban un juguete de lata, o unos pocos caramelos, o alguna tijerita de juguete para que una nena pudiera imitar a su madre costurera, cortando vestiditos para una muñeca de trapo.
Hoy a esos Reyes Magos les pediría sólo una cosa: que me volvieran a ese tiempo en que creía en ellos, a esa remota infancia, hace mil años, cuando me dormía anhelando su llegada en los milagrosos camellos, capaces de atravesar muros y hasta de pasar por las hendiduras de las puertas —porque así nos explicaba mamá que podían hacerlo—, silenciosos y llenos de amor. Esos seres que ansiábamos ver, tardándonos en dormir, hasta que el invencible sueño de todos los chiquitos podía más que nuestra ansiedad. Sí, querría que me devolvieran aquella espera, aquel candor. Sé que es mucho pedir, un imposible sueño, la irrecuperable magia de mi niñez con sus navidades y cumpleaños infantiles, el rumor de las chicharras en las siestas de verano. Al caer la tarde, mamá me enviaba a la casa de Misia Escolástica, la Señorita Mayor; momentos del rito de las golosinas y las galletitas Lola, a cambio del recado de siempre: «Manda decir mamá que cómo está y muchos recuerdos». Cosas así, no grandes, sino pequeñas y modestísimas cosas.
Sí, querría que me devolvieran a esa época cuando los cuentos comenzaban «Había una vez...» y, con la fe absoluta de los niños, uno era inmediatamente elevado a una misteriosa realidad. O aquel conmovedor ritual, cuando llegaba la visita de los grandes circos que ocupaban la Plaza España y con silencio contemplábamos los actos de magia, y el número del domador que se encerraba con su león en una jaula ubicada a lo largo del picadero. Y el clown, Scarpini y Bertoldito, que gustaba de los papeles trágicos, hasta que una noche, cuando interpretaba Espectros, se envenenó en escena mientras el público inocentemente aplaudía. Al levantar el telón lo encontraron muerto, y su mujer, Angelita Alarcón, gran acróbata, lloraba abrazando desconsoladamente su cuerpo.
Lo rememoro siempre que contemplo los payasos que pintó Rouault: esos pobres bufones que, al terminar su parte, en la soledad del carromato se quitan las lentejuelas y regresan a la opacidad de lo cotidiano, donde los ancianos sabemos que la vida es imperfecta, que las historias infantiles con Buenos y Malvados, Justicia e Injusticia, Verdad y Mentira, son finalmente nada más que eso: inocentes sueños. La dura realidad es una desoladora confusión de hermosos ideales y torpes realizaciones, pero siempre habrá algunos empecinados, héroes, santos y artistas, que en sus vidas y en sus obras alcanzan pedazos del Absoluto, que nos ayudan a soportar las repugnantes relatividades.
En la soledad de mi estudio contemplo el reloj que perteneció a mi padre, la vieja máquina de coser New Home de mamá, una jarrita de plata y el Colt que tenía papá siempre en su cajón, y que luego fue pasado como herencia al hermano mayor, hasta llegar a mis manos. Me siento entonces un triste testigo de la inevitable transmutación de las cosas que se revisten de una eternidad ajena a los hombres que las usaron. Cuando los sobreviven, vuelven a su inútil condición de objetos y toda la magia, todo el candor, sobrevuela como una fantasmagoría incierta ante la gravedad de lo vivido. Restos de una ilusión, sólo fragmentos de un sueño soñado.
Adolescente sin luz, tu grave pena llorás, tus sueños no volverán, corazón, tu infancia ya terminó.
La tierra de tu niñez quedó para siempre atrás sólo podés recordar, con dolor, los años de su esplendor. Polvo cubre tu cuerpo, nadie escucha tu oración, tus sueños no volverán, corazón, tu infancia ya terminó.

sábado 19 de junio de 2010

Saramago final

La Fundación José Saramago, que administra y difunde la obra del recién fallecido escritor lusitano, publica un blog con el grupo El Boomeran, llamado Cuadernos de Saramago. Aunque el propio Saramago ha escrito en las últimas semanas sus propias impresiones, artículos y comentarios, los encargados de la fundación escogen algunos fragmentos de la obra del Premio Nobel para actualizar el blo. El pasado 18 de junio, día en que falleció el autor de "Caín", se publicó el siguiente fragmento, que hay que leer y aceptar el consejo.



Pensar, pensar

Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte.
Revista del Expresso, Portugal (entrevista), 11 de octubre de 2008

martes 15 de junio de 2010

Dos poemas de Guillermo Mercado


Encuentro estos poemas del arequipeño Guillermo Mercado, y esta foto en el parque de Yanahuara, y vale la pena recordarlo.

EL PENDÓN DE LOS DESHEREDADOS



I
“No hay mal que por bien no venga” …
y la voz traposa, a remiendos de llanto,
se arrastra hasta doblar la cuesta
del pobre canto obrero;
toda la aldea tiembla en sus cántaros,
tiembla bajo el temple grave de la guitarra oscura,
tierna de miserias.
Y las caras comienzan a estirarse de esperanzas,
caras de barro humilde, caras de pueblo,
colgadas de los ojos al más tarde.
En el campo el trabajo a chorros
por los brazos del hombre empapa la tierra,
las lampas cantando amontonan FUTUROS.
No hay pan seguro pero los niños levantan
torres de júbilo, corriendo a gritos
montados en el viento.



II
Entre los valles maduros se oye en entrada
la torrentera ancha de las madres
cargadas de hijos.
El pobre “no hay mal que por bien no venga”,
mugriento, hecho jirones, va quedándose prendido
en los pechos averiados.
Las mañanas ebrias de pájaros y frondas
tremolan flecadas de sol en los árboles
deshojados.
No hay mal que por bien no venga …
hasta los cerros empuñan el adagio
hecho pedazos.


CANCIÓN DE LA LLUVIA, AMOR

Con la lluvia crece tu amor en mi corazón
pausadamente
Con la luvia sube tu aliento desde el pecho
de las plantas
Con la lluvia el agua canta la canción de tu ternura
y sus gotas tiemblan repitiendo el dulce brillo
de tus ojos
Con la lluvia los bordes húmedos, verdes, respiran como tus labios y la tierra mojada tiene
el olor de tus senos
Con la lluvia el campo se ciñe a tu cintura pequeña,
se encogen las rosas juntas como tus hombros desnudos
y hasta las piedras llorosas deben soñar con tus manos.
Y yo siento con la lluvia que tus pies vienen y van
por mi alma; siento que la lluvia desborda el cántaro
de tu cuerpo y que tu alegría danza bajo sus tules
de agua.
Pero esta lluvia viene llorando, trayendo
a mi frente triste tus lágrimas y tus besos.
Esta lluvia viene del cielo que se agita entre tus brazos
regando sobre mi vida la música de tu mirada.

sábado 12 de junio de 2010

Presencia de José Lezama Lima


Artículo que se publica en mi columna El barco ebrio, en diferentes medios escritos

Por: Alfredo Herrera Flores*

Una de la ideas comunes de quienes se internan en la poesía de manera superficial, o por mero goce y disfrute de la belleza de la palabra, es que el barroquismo es sinónimo de lenguaje difícil, de palabras rebuscadas y muy cultas, de metáforas exageradas y, en consecuencia, suelen renunciar prematuramente a la lectura de estos textos.

En cierta medida esta aseveración prejuiciosa es cierta. Desde los poetas del Siglo de Oro español, como Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, que renovaron tanto el teatro como la poesía con el estilo barroco, lleno de adornos y proliferación de metáforas, hasta el vanguardismo y surrealismo de principios del siglo veinte, la poesía en lengua española ha sabido conservar las tradiciones y, por ello mismo, el acceso a esa forma tan exuberante y casi enredosa de expresarse marcaba distancias entre el poeta y lector. Sin embargo, precisamente los poetas barrocos son los que mayores logros alcanzan respecto al uso del lenguaje para sus manifestaciones artísticas, característica que hasta hoy se mantiene.

Con el modernismo y las vanguardias americanas, la poesía sí advierte profundos cambios formales, y la atención se traslada hacia los poetas latinoamericanos que, en la primera mitad del siglo veinte, consolidan una nueva tradición que renovará, hasta nuestros días, la literatura hispanoamericana y, además, se ubicará en preferente lugar en el ámbito universal con nombres que, por ahora, no es oportuno repetir.

Sin embargo, en medio de esa nueva concepción poética, la tradición barroca vuelve, como un círculo sin fin, a manifestarse en la poesía latinoamericana con una voz que, en un principio, parecía ir contracorriente. En Cuba, un joven estudiante de derecho, asmático y proclive a la soledad, publica su primer libro, el poema, “Muerte de Narciso” (1937) y empieza a esbozar una novela monumental que publicaría recién casi treinta años después.

La novedad era que en ese poema José Lezama Lima (La Habana 1910 – 1976) dominaba ya un lenguaje que parecía desterrado, alardeaba de metáforas, construía versos preciosistas y decía mucho y al mismo tiempo nada: “Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,/ esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden/ al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada,/ busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido”.

Esa impresión se confirmaría en 1941 al publicarse “Enemigo rumor”, ya un volumen complejo, barroco desde el título, que se vería luego como una sólida base sobre la que se levantaría la catedral de poesía que se empeñaba a levantar el cubano palabra por palabra, metáfora por metáfora. Esa década sería capital en la producción poética de Lezama Lima, en 1945 publica “Aventuras sigilosas” y en 1949 “La fijeza”, libros con los que llama la atención de la crítica y comienza a forjarse una corriente de seguidores que, con discreción y disimulo, van también asumiendo el barroco como una forma de expresión que, por lo menos en América Latina, no tenía antecedentes. Diez años después publicaría otra obra extraordinaria, “Dador”.

Caso aparte es el del peruano Martín Adán, por ejemplo, que de la misma manera y desde otro extremo, construye también un conjunto poético, de profundo barroquismo, que alcanzaría una complejidad tardíamente reconocida. Lezama Lima no es gigantesco ni excesivo, es abundante, y por eso corre paralelo a Martín Adán. El cubano va por lo visible y tangible, el peruano por lo oculto y milagroso, y ambos se asumen místicos, fieles a la palabra bien dicha.

El barroquismo en Lezama Lima no se hace difícil, sino delicado, comprometido, y por eso su lectura es asequible y hasta aleccionadora. Tiene una visión romántica de la poesía, dice, por ejemplo, que la “poesía es un caracol nocturno en un rectángulo de agua” y añade que “es una substancia tan real, y tan renovadora, que la encontramos en todas las presencias”.

Se dice que Lezama Lima no ha salido de Cuba más que en dos ocasiones muy breves, una a México y otra a Jamaica, en 1949 y 1950, respectivamente. Trabaja como funcionario en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y luego como asesor de Casa de las Américas, promueve y dirige varias revistas de literatura, entre ellas “Orígenes”, que se conocería luego como la más importante de las letras cubanas.

En 1966 José Lezama Lima se vuelve a poner en la cresta de la literatura latinoamericana al publicar su novela “Paradiso”, una extensa, compleja y conmovedora historia en la que decenas de personajes irán cruzándose en un ambiente histórico netamente cubano, pero con sentimientos y símbolos universales, lo que lo convierte a su vez en una nueva voz, esta vez de la narrativa en castellano. En “Paradiso” Lezama no abandona el barroquismo, por el contrario, su estética encuentra otros caminos por los cuales se expresa con la misma fuerza arrolladora de su palabra, su filosofía y su idealismo.

A pesar de ejercer funciones burocráticas y de participar en algunos certámenes de literatura, Lezama vivió prácticamente aislado, en una casa rodeado de libros donde vivía con su hermana y su madre, hasta que ella murió en 1964, y luego con su secretaria, que luego se convertiría en su esposa. Ya en los últimos años de su vida recibió homenajes y se publicó su obra completa, aunque póstumamente aparecieron otros libros, como la novela inconclusa “Oppiano Licario”, que seguía la misma ruta de su monumental “Paradiso”.

Este año se conmemora el centenario del nacimiento de este poeta que por su gordura y asma, por su delicada manera de ser, por su hermetismo y profunda solidaridad con el pueblo, fue descrito por José María Arguedas como una mezcla de hipopótamo y colibrí. Seguramente en la isla se estén organizando ya actividades por este aniversario, mientras que en otras latitudes, quienes lo leemos con fervor, estaremos también celebrando a su eterna salud.

jueves 10 de junio de 2010

Poemas breves de José María Castrillón

NACIMIENTO DEL SUEÑO
oscura maleza
recitación de la quietud
piedra junto al cauce
me detengo
a sera escuchar la promesa incumplida
del agua fluyendo adentro
inalcanzable
un día más
maleza

CAUCE
el fondo de piedras
la piel de agua
su edad de silencio
no bastan
si desaparece el júbilo
y el frío no palpita
el fono de piedras
su desamparo de arena sólo
si olvidamos la orilla


la mano sintió el peso de una piedra
tenía la piedra el contorno preciso de la mano
como tiene la palabra
el rumor mineral de una voz

ORILLA
alcanza el agua
siente
cómo enfunda tu mano
cómo va separándola de ti
y la gana como a la piedra
para el fondo

PLANES DE VIAJE
(más lejos, a unas islas...)

a beber en la crianza del aire
los dos islas crecidas
¿puedes verlas?
como palabras pequeñas
que se llamaran
con la voz imantada que ascendió del mar

Castrillón nació en Avilés, en 1966, y se doctoró en filología hispánica en la universidad de Oviedo. Ha publicado varios libros. Sus poemas breves aparecen también en una breve selección de la revista electrónica Enfocarte.

miércoles 9 de junio de 2010

Elard Serruto: Apunte sobre un penal errado

A puertas del Mundial de Fútbol, una crónica de Elard Serruto

Por: Elard Serruto



"El trayecto hacia el gol, es en definitiva,
una manera de conocimiento, de mirarnos
y de mirar a los demás"
Osvaldo Soriano



Para los muchachos domingueros del gallinero



En el mundial de futbol de México setenta fue el hallazgo, y nos llegó por aquel pequeño y rectangular radio a pilas en forro de cuero, colgado de un clavo en el muro de barro del inmenso patio como una cancha de futbol. El radio andaba en la frecuencia de una intermitente granizada, donde la despedazada voz de un locutor al borde de la agonía, transmitia el primer partido de Perú contra los Búlgaros. Perdíamos dos a cero (mi padre nos tenía en fila india, de mayor a menor, para raparnos la cabeza a cero como prisioneros de campo de concentración), y sorpresivamente los goles peruanos del empate se fueron sucediendo, hasta que vino el gol delirante y terminamos ganando tres a dos. Aquel gol del triunfo hizo que espontáneamente nos abrazáramos (fue la última vez) ante aquel pequeño radio como si nosotros hubiéramos anotado ese gol que caía como un milagro, y para escuchar fascinados los detalles ahogados y sollozantes en la voz de ese locutor que nos hacía felices desde México. Años más tarde, cuando pude ver las imágenes de aquel partido, nunca logré hacer coincidir aquellas demoradas y elegantes jugadas de nuestra selección, con el frenetismo verbal de aquel locutor que parecía hacer transitar la pelota y los jugadores como al borde de un abismo. Sin embargo, fue en esa ocasión (una tarde amarilla de la infancia) que descubrimos para siempre la emoción desaforada de festejar un gol y un triunfo.
Las derrotas vinieron después, y su origen fue un penal en un campeonato de barrio. Toda la fuerza de ser capitan estaba en esa pierna izquierda que dio un puntazo hacia el ángulo superior derecho (donde no llegan los arqueros), pero el destino de los dedos de un arquero con mirada de huérfano hizo que el balón pegara en el poste, saliera fuera de la cancha dando botecitos bostezantes, y se quedara quieta en la eternidad de aquella tarde. Ese penal errado que nos costó nuestro primer campeonato, muchas lágrimas (mientras su madre trataba de consolarlo, su padre seguia leyendo el periódico sin saber qué le podía pasar a ese chico), además del desprecio del equipo (algunos dejaron de hablarle hasta que se casaron), y una pelota solitaria durante mucho tiempo debajo de la cama, se siguió repitiendo hasta el infinito con una impecable lentitud de tortura: el balón en cámara lenta, los dedos milagrosos del arquero, el poste, y el balón como un pequeño astro sin órbita fuera del arco para toda la vida. Era, sin duda, el comienzo del aprendizaje de la derrota que lo convirtió en una especie de recluso que lo llevaba hacia la ventana (como otro arco de futbol), y se quedaba mirando desoladamente las luces del alumbrado eléctrico del barrio dormido y la cancha vacia como un abrazo abierto, esperando que la luz vigorosa del amanecer borrara o corrigiera el rumbo del balón de aquel penal errado.
Con el siguiente mundial llegó el divorcio de sus padres y en la casa todos se hicieron invisibles. Apenas quedaban detalles de aquellas ausencias: la corbata torcida de su padre en las escaleras, el perfume agudo de su madre en algún resquicio de la sala, los gritos de los hermanos como el eco de otro tiempo, la vajilla sucia en el lavadero y su reposado caos, y el polvo por todas partes como una segunda piel de olvido. En ese silencio contenido que se paseaba por toda la casa, en el vacio que los objetos adquieren cuando la melancolìa destila su denso amarillo, comprendió que el divorcio de sus padres había sido como otro penal errado. ¿un penal errado por su padre? ¿un penal errado por su madre? ¿Quién era el arquero?. En aquel mundial se hizo fanático del equipo de futbol de los holandeses, y se volvió loco con ese futbol donde hasta el arquero podìa ser un delantero oportuno, y cuando perdieron la final de aquel campeonato siendo el mejor equipo, comprendió que el futbol guardaba un simulacro perverso con la vida. Repetir ese año el colegio era un penal errado, jugar al futbol con los muchachitos del barrio pobre que peloteaban con sus chimpunes indigentes era un monumental penal errado, el adios de la muchachita del mismo salón a través de la ventana del vagón de un tren frio y nocturno, era un delicado penal errado, y no quedaba sino esa sensación ahogada y rotunda en pleno pecho, de no poder retroceder el tiempo.
Los mundiales de futbol pasaban como un cometa esperado cada cuatro años, dejando la estela de una camiseta peruana mirando la tele, y él no tenía otro remedio que hacerse hincha de cualquier equipo sudamericano que sobrevivía en los mundiales. Adquirió la referencia temporal de los mundiales para no perder el registro de su vida (en el mundial de españa ingresó a la universidad, en el segundo de Alemania hizo su viaje más largo, y en el de Corea-Japón murió uno de sus mejores amigos). Atrás habían quedado las lejanas jornadas de jugar al futbol por muchos equipos y en horarios que encerraban el dìa en un cìrculo sin escapatoria. Las derrotas y los triunfos habían tenido goles que se repetían en la memoria con la misma ansiedad que habían ocurrido. La vida y el futbol eran como primos hermanos, y aquel penal errado de la infancia (con los nuevos amigos, las pequeñas y entrañables conquistas en la vida, el amor como un gol de media cancha) corrigieron lentamente el rumbo de ese balón que, antes de tocar los dedos del arquero que estaba a lo largo suspendido en el aire, hizo una pequeña curva y entró al arco, como pensando, para enseguida resbalar acariciadamente en la red. En esa cancha sin tribunas y sin espectadores en que se convierte el recuerdo, caminó con la serenidad de los años hacia el fondo del arco imaginario para recoger aquel balón del pasado, mientras en su sillón de la realidad festejaba sin alboroto aquel renovado gol, más bien con respeto, como si hubiera convertido el gol a un ex equipo profundamente querido.
Aquel penal errado en la infancia se había convertido en un gol espléndido a lo largo del tiempo, y ese era el impulso que lo llevaba los domingos a las pequeñas canchitas de fulbito en la sorpresa de sus viajes. En la mochila peregrina, lo primero que guardaba era la ropa de deporte (una camiseta del Brasil) y las zapatillas infatigables. Esos domingos que estallaban con una luz translúcida, equilibrada, y que guardaba el misterio de los momentos que parecen una reconquista de la infancia, se apoderaba de esas canchitas minúsculas. Y aunque en medio del juego (la respiración como un tractor desbaratado) le sobrevivía apenas la idea elaborada de una jugada, y las piernas no correspondían a esa señal, no dejaba de ser extraordinaria la posibilidad iluminada de hacer un par de gambetas (un caracol en la mediacancha, un arranque por la punta derecha con el corazón a punto de estallar) como en los mejores tiempos. O un quiebre de cintura con riesgo de quedar en el sitio con la cadera desbaratada, y recibir de vuelta ese balón de siempre, como un hermano o una mano extendida, y simplemente ver el arquero que no adivina el disparo y aquel balón que atraviesa el pequeño arco sin mallas, rodando calle abajo en una fuga desesperada y feliz. Un rodar fugitivo que en el sudor de la derrota o el triunfo ya de vuelta a su refugio, le hace ver el sol como un balón luminoso trazando una impecable parábola en un vasto cielo sin nubes, un balón de luz que cumple su tarea, y que en la extensión de esa parábola le hace ver su vida como una secuencia trepidante de acontecimientos, donde en muchas ocasiones el remonte de esos momentos había tenido el júbilo de un gol convertido en una final de campeonato. Por eso, antes que el sol desaparezca detrás de los cerros en el inmenso arco del mundo, como un gol limpio y silencioso, sin arquero y sin postes que lo detengan, y dejando una mancha naranja en el cielo, como un demorado y ansiado gol colorido, se abraza largamente a su amigos como si hubiera anotado el penal más importante de su vida.

Antonio Cisneros premiado

Antonio Cisneros es uno de los referentes principales de la generación de lo que se ha llamado como "Generación del sesenta" en el Perú. Su temprano reconocimiento internacional a través del Premio Casa de las Américas le dio el impulso para, en buena hora para la poesía peruana, mantenerse siempre vigente y recibir, ahora, un mato reconocimiento, esya vez por el conjunto de su obra. Aunque siempre atacado por sectores que anteponen criterios domésticos a la crítica literaria, Cisneros acab a de obtener el Premio Iberoamericano de Poesía "Pablo Neruda", que otorga cada año el gobierno de Chile. Lo que sigue son extractos de una entrevista que concedió a EFE.


"Siempre es una alegría recibir un premio, más aún un premio de esta envergadura y que lleva el nombre de uno de los grandes de nuestro continente, que es Pablo Neruda", declaró Cisneros a Efe poco después de ser informado del galardón.
El autor de "Canto ceremonial contra un oso hormiguero" y "Como higuera en un campo de golf" añadió que "siempre es bonito en ciertos momentos de la vida sentirse reconocido, sea justamente o injustamente, pero reconocido al fin y al cabo"."Esos ya comienzan a ser los privilegios de la tercera edad", señaló el poeta, periodista y promotor cultural, nacido en Lima en 1942.
El jurado del premio Pablo Neruda, presidido por el ministro chileno de Cultura, Luciano Cruz-Coke, destacó hoy la "sostenida calidad poética" de Cisneros.
Al respecto, el poeta dijo que "mentiría" si dijera que alguna vez se ha sentido "un marginado de la vida", ya que "poco a poco, a cuenta gotas" ha recibido "uno u otro reconocimiento".
"Pero claro, estos siempre son importantes en esta etapa de la vida, cuando uno a veces se pone un poquito susceptible, le caen mejor que nunca, incluyendo que no solamente hablamos de gloria sino también de efectivo", bromeó en referencia a los 30.000 dólares que incluye la distinción.
Miembro de la llamada generación poética del sesenta en Perú, Cisneros remarcó que con Chile tiene una relación de amigos "desde muy tempranas épocas".
Recordó que la primera vez que salió de Perú fue hace casi 50 años para participar en Chile en un encuentro de escritores que organizaba el poeta chileno Gonzalo Rojas, en la Universidad de Concepción.
"Entonces conocí a una serie de amigos, sería largo mencionar a todos, pero eran una serie de muchachitos igual que yo, que querían ser poetas, novelistas y cineastas, y mal que bien todos fuimos lo que quisimos ser", comentó.
A lo largo de los años, aseguró, ha mantenido el vínculo con estos amigos, lo que le ha permitido tener "una gran vinculación con Chile, un país muy querido".
"Con los años nos hemos seguidos viendo, hemos hablado de nuestras primeras novias, de nuestros primeros matrimonios, los primeros hijos, primeros divorcios, primeros nietos, ahora conversamos hasta de la muerte, un tema apropiado para la edad", dijo.
Cisneros, considerado uno de los más destacados poetas contemporáneos de hispanoamérica, también ratificó a Efe que Perú mantiene "una notable tradición poética".
Cisneros confirmó que viajará a Santiago el próximo 12 de julio, fecha de coincide con el aniversario del nacimiento del Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda (1904-1973), para recibir el premio, que le será entregado por el presidente chileno, Sebastián Piñera, en el Palacio de La Moneda.

Fuente: EFE

lunes 7 de junio de 2010

Eielson: tres poemas


Jorge Eduardo Eielson falleció hace poco más de cuatro años, fue uno de los artistas más completos y complejos del siglo pasado. Su poesía, y pintura, reflejan un mundo obsesivo pero frágil, una mirada delicada y profunda del autor respecto a la vida y el arte, que el propio Eielson consideró como una unidad, un nudo. Lo recordamos con tres poemas de profunda carga erótica. En la foto, una de sus instalaciones.


Ceremonia solitaria bajo la luz de la luna


La masturbación es un caballo blanco

Galopando entre el jardín

Y el baño de mi casa

La masturbación se aprende

Mirando y mirando la luna

Abriendo y cerrando puertas

Sin darse cuenta que la entrada y la salida

Nunca han existido

Jugando con la desesperación

Y el terciopelo negro

Mordiendo y arañando el firmamento

Levantando torres de palabras

O dirigiendo el pequeño pene oscuro

Posiblemente hacia el alba

O hacia una esfera de mármol tibio y mojado

O en el peor de los casos

Hacia una hoja de papel como ésta

Pero escribiendo tan sólo la palabra

LunaEn una esquina

Pero sobre todo

Haciendo espuma de la noche a la mañana

Incluidos sábado y domingo.


Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo


Penetro tu cuerpo tu cuerpo

De carne penetro me hundo

Entre tu lengua y tu mirada pura

Primero con mis ojos

Con mi corazón con mis labios

Luego con mi soledad

Con mis huesos con mi glande

Entro y salgo de tu cuerpo

Como si fuera un espejo

Atravieso pelos y quejidos

No sé cuál es tu piel y cuál la mía

Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo

Tu sangre brilla en mis arterias

Semejante a un lucero

Mis brazos y tus brazos son los brazos

De una estrella que se multiplica

Y que nos llena de ternura

Somos un animal que se enamora

Mitad ceniza mitad latido

Un puñado de tierra que respira

De incandescentes materias

Que jadean y que gozan

Y que jamás reposan


En el corazón del otoño


Este taller dorado, señora,

Si usted suelta sus cabellos,

Su corsé, sus abundantes senos,

Arderá.

La Muerte vestida,

Calavera de viejo sombrero,

Con plumas de pato en la nuca,

Vendrá, si usted llora, señora,

Desnuda en el bosque, si llora.

Hermosa señora, qué viento,

Qué viejo ya el día, las flores,

La cera y el vino, sus ojos, señora.

Este taller dorado, señora, es el otoño.

sábado 5 de junio de 2010

Literatura regional. avances y desencanto

Artículo que se publica en medios escritos en mi columna El barco ebrio

Por: Alfredo Herrera Flores

Con motivo de un coloquio sobre literatura organizado por estudiantes de la Universidad San Antonio de Abad hace unas semanas en Cusco, en el que participaron escritores de Arequipa, Puno y Cusco, especialmente, y tuvo destacada participación la delegación de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno, presenté una ponencia respecto a la enseñanza de la literatura regional en colegios y universidades y el desencanto que estaríamos experimentando al no hacerse realidad este objetivo, a pesar de que se están haciendo importantes esfuerzos para lograrlo.
La idea del desencanto se explica fácilmente al notar, de manera objetiva, que no se ha avanzado mucho en generar en los estudiantes de educación básica, y luego de educación superior, un interés en la literatura en general, y en la literatura que se produce en nuestras regiones, en particular. Si bien es cierto hay importantes aportes, y la región Puno es una de las que mayores esfuerzos ha hecho al respecto, es claro y oportuno, también, reconocer que éstos no son, aún, lo suficientemente sólidos y pedagógicamente adecuados.
Indudablemente Puno es, desde hace mucho tiempo, uno de los centros urbanos de donde se ha irradiado gran parte de la cultura y pensamiento que ha marcado el ritmo de desarrollo intelectual del país. Sería ocioso, en este caso, repasar la historia desde tiempos preincas, para confirmar esta hipótesis, pero es importante reiterarlo para comprender que así como se ha aportado para la consolidación de una cultura nacional, se deben hacer hoy más esfuerzos para que la formación escolar y universitaria de nuestros niños y jóvenes sea coherente, moderna, flexible y con visión de futuro.
La literatura es uno de los vehículos más eficaces para el fortalecimiento de nuestra identidad, para la transmisión ideas y para tener una mayor visión de la realidad. Sin embargo, es una de las disciplinas que menor importancia tiene en los esquemas curriculares de educación básica y universitaria. La literatura regional, en particular, ayudaría mucho más no solo a entender la realidad, sino a transformarla, porque a través de ella se refleja el espíritu de nuestros pueblos.
Probablemente Puno sea una de las regiones que más ha estudiado su propia literatura respecto a otros centros culturales importantes como Trujillo, Arequipa, Cusco o Iquitos. Como muestra, en la última década se han publicado casi una veintena de libros que analizan el proceso de la literatura regional o que recopilan de manera antológica la producción de sus escritores, lo que ya es sobresaliente en un país que no acostumbra a publicar mucho, que no tiene adecuadas políticas editoriales y lee poco.
Entre los títulos más notables que se han publicado y que ayudan en gran medida a conocer y comprender la literatura puneña mencionaremos por ejemplo, a vuelo de pájaro, la “Antología comentada de la literatura puneña” y “Contra encantamientos y malos presagios”, de Feliciano Padilla, “Literatura puneña para educación secundaria”, de Percy Zaga Bustinza, “10 años de literatura puneña”, de Jorge Flórez-Aybar, “Aquí no falta nadie, antología de la poesía puneña”, de Walter Bedregal, “Literatura y cultura aymara”, de José Luis Ayala, “Antología de la poesía puneña”, de Omar Aramayo, la antología de la poesía de Efraín Miranda por Gonzalo Espino, los volúmenes sobre literatura del Proyecto Educativo Regional, además de ensayos y artículos que se han publicado en revistas como Apumarca, Consejero del Lobo y diarios locales como Los Andes.
Cabe destacar en un punto aparte, la publicación de poemas y cuentos que se han hecho en los últimos años por parte de profesores y alumnos del colegio nacional mixto Juan Bustamante, de Lampa, un esfuerzo editorial que, más allá de la difusión de estos trabajos, lo importante es el acercamiento que tienen los niños y jóvenes a la literatura, que es precisamente una de las formas más efectivas de enseñar literatura regional. Esta provincia ha aportado también, a pesar de las lamentables dificultades de organización y financiamiento propios de una institución pública, con el desarrollo de encuentros de escritores, logrando ponerse en el centro cultural del sur.
Sin embargo, de todo este conjunto, el libro de Percy Zaga es el que está escrito específicamente para educación secundaria, y a través de él podremos experimentar el desencanto de ver que estos esfuerzos aún no dan sus frutos. Recordemos que el desencanto es un sentimiento que se manifiesta al no tener lo que hemos anhelado, ansiado, deseado o ambicionado, a pesar de haber hecho algo para alcanzarlo. Por varios años, desde las regiones y desde la voz de algunos estudiosos en la capital, tanto en círculos académicos como extraoficiales, hemos impulsado la literatura regional como un elemento imprescindible en la formación de nuestro imaginario nacional, y hemos puesto la mirada en nuestras regiones para consolidar el discurso, o por lo menos ponerlo en práctica, aún no sabemos cuánto éxito hemos tenido.
Aparecen entonces, como fantasmas aguafiestas, algunas preguntas. ¿Cuántos profesores de literatura de educación básica han leído el libro de Zaga y lo han aplicado a su currícula? ¿En qué medida las universidades o institutos superiores estudian los libros de análisis y antologías poéticas para fomentar creación y crítica entre sus alumnos? (Abro paréntesis para recordar que cuando se organizó un taller de creación poética en la Universidad del Altiplano los propios profesores boicotearon la actividad impidiendo que los alumnos interesados asistan y que, entre los inscritos, los más entusiastas eran alumnos de ingeniería) ¿Qué mecanismos de seguimiento se han empleado para verificar que la literatura regional es conocida por los profesores y si éstos han sido capacitados para aplicarla? ¿Están los estudiantes de secundaria medianamente informados sobre nuestra literatura regional? ¿Cuánto han hecho el gobierno regional y los gobiernos regionales para alentar la literatura regional? (vana pregunta).
Tal vez para quienes observamos nuestra realidad desde otras latitudes y hacemos lo que está a nuestro alcance estas preguntas sean, precisamente aguafiestas, pero mientras no sean respondidas seguirán alimentando nuestra desilusión, nuestro desaliento. Tal vez sea la desidia de nuestras autoridades y profesores lo que genera este vacío pedagógico, o tal vez sea nuestra propia apatía e inmadurez lo no permite que hagamos bien las cosas (el libro de Zaga, por ejemplo, carece de una elemental bibliografía, aunque menciona títulos y ediciones, y usa un lenguaje difícil para los estudiantes que recién se internan o se interesan en la literatura, criterios básicos que se deberían revisar).
A pesar de todo, del desaliento y el desánimo, seguiremos viendo con mucha convicción, con una fe inquebrantable en el espíritu intelectual y artístico de los puneños, y una esperanza infinita en nuestros jóvenes, la posibilidad de que miremos con más seriedad nuestro entorno para comprender el mundo, de repasar nuestros errores y no volverlos a cometer, de tener la memoria fresca para saber por dónde ir y venir, y escribir con la seguridad de que las palabras no se las llevará el viento y que el desencanto, como el círculo en el que siempre empezamos de nuevo, se volverá optimismo.

jueves 3 de junio de 2010

César Calvo

Este año se cumple el décimo aniversario de la muerte de César Calvo, el siempre poeta joven del Perú. La revista Caretas publica unos recuerdos en tercera edición consecutiva, y vale la pena recordarlo con tres poemas breves, emblemáticos y extraordinarios.

Nocturno de vermont

Me han contado que también allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.

¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?
O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.
Ni el galope del mar: atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.
(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena).

Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.

A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera
(un silencio de jazz sobre la hierba).

Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?
¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?

¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia…?


Edipo ciego

Con ella se ha acostado en aquel cuerpo
donde un padre retorna, sin saberlo
ha mordido su cálida cintura,
la vieja cera de un amor sin nombre
gotea entre sus piernas abrasadas.
Con inútiles paños ha cubierto
aquel espejo donde
envejece de pronto, poseída
por la capa del Rey. Tiniebla es el recuerdo
y los cuerpos jadean sin memoria
pero luego conversan en el muro
sus sombras, viejas cosas, y se sientan,
velan la breve muerte de los hijos saciados.


El sabio

Permaneció en la ventana
durante largos, largos años, viendo
caer las hojas, la nieve, viendo caer
las hojas
y
la nieve.
Cuando se acordó de sus hermanos
éstos ya eran un pedazo de hierba.
Él durmió feliz: aquella noche
descubrió que los árboles
pierden sus hojas, que la nieve es blanca.

miércoles 2 de junio de 2010

Cordilleras, de Raúl Zurita

Esta breve seccìón de tres poemas pertenece al libro "Anteparaíso" (1982), del chileno Raúl Zurita (1950), un poeta que ha generado desde sus primers libros, y actitudes, controversia; sin embargo, buena parte de su poesía guarda una profunda mirada intimista y religiosa, de acuerdo al común de la población chilena y que, en el lenguaje de Zurita, se convierte en profana. Personalmente, considero este libro uno de los más importantes de su producción, y que ha marcado el estilo ya inconfundible de su poesía. Aquí para recordarlos.


CORDILLERAS

/CI/
Se hacía tarde cuando ya tomándome un hombro
me ordenó:
"Anda y mátame a tu hijo"
Vamos -le repuse sonriendo- ¿me estás tomando el pelo acaso?
"Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo,
pero recuerda quién soy, así que después no
te quejes"
Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde
quieres que cometa ese asesinato?
Entonces, como si fuera el aullido del viento
quien hablase, El dijo:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile"


/CII/
Con la cara ensangrentada llamé a su puerta:
Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos afuera
"Márchate de aquí -me contestó- antes de que
te eche a patadas"
Vamos -le observé- usted sabe que también
rachazaron a Jesús.
"Tú no eres El -me respondió- ándate o te
rompo la crisma. Yo no soy tu padre"
Por favor -le insistí- los tipos que están
afuera son hijos suyos...
"De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos
a la tierra prometida"
Bien: ¿pero dónde queda ese sitio? -pregunté-
Entonces, como si fuera una estrella la que
lo dijese, me respondió:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile"


/CIII/
Despertado de pronto en sueños lo oí tras la noche
"Oye Zurita -me dijo- toma tu mujer y a tu
hijo y te largas de inmediato"
No macanees -le repuse- déjame dormir en paz,
soñaba con unas montañas que marchan...
"Olvida esas estupideces y apúrate -me urgió-
no vas a creer que tienes todo el tiempo del
mundo. El Duce se está acercando"
Escúchame, -contesté- recuerda que hace mucho
ya que me tienes a la sombra, no intentarás
repetirme el cuento. Yo no soy José.
"Sigue la carretera y no discutas. Muy pronto
sabrás la verdad"
Está bien -le repliqué casi llorando- ¿y dónde
podrá ella alumbrar tranquila?
Entonces, casi como si fuera la misma Cruz la que se
iluminase, El contestó:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile"