domingo 31 de enero de 2010

Tomás Eloy Martínez (1934 - 2010)

Lástima volver a la página con una noticia desagradable. Acababa de fallecer D. Salinger y no acabábamos de releer "El guardían entre el centeno" cuando otra noticia llegó de más cerca. Tomás Eloy Martínez falleció a los 75 años, luego de una tenaz y larga lucha contra el cáncer. Acá una apretada síntesis de su vida, que llegó en la página electrónica de El Comercio.
Nacido en San Miguel de Tucumán en 1934, tuvo una larga trayectoria como periodista, novelista y crítico de cine, además de haber trabajado en importantes medios argentinos como el diario “Página 12” y el semanario “Primera Plana”.
A su vez, fue reconocido también por su intensa actividad académica brindando conferencias y cursos en universidades de todo el mundo.
Vivió exiliado en Caracas durante la última dictadura militar argentina (1976-1982). Allí se mantuvo en la actividad periodística: fue editor del periódico “El Nacional” y fundó “El Diario de Caracas”, ocupando el cargo de jefe de redacción hasta 1979. Vivió gran parte de su vida en Estados Unidos, donde dirigió el Programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, en New Jersey, siendo profesor distinguido de la institución.
En 2002 fue galardonado con el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por su novela “El vuelo de la reina”.
El diario madrileño “El País” le otorgó el Premio Ortega y Gasset de periodismo el 22 de abril de 2009, una distinción dirigida a trabajos en español publicados en medios de todo el mundo.
El 24 junio de ese mismo año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. “Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo”, dijo en aquel momento a “La Nación”.
Entre sus principales novelas figuran “Santa Evita”, traducida a más de 30 idiomas, y “La novela de Perón”, basadas en las vidas del presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1955 y 1973-1974) y su segunda esposa, Eva Perón, en las que combinó elementos de la ficción y la realidad.
Asimismo, fue el autor de otras muchas novelas como “El cantor de tango”, “La mano del amo”, “El vuelo de la Reina” y “Purgatorio”, la colección de relatos “Lugar común la muerte” y el relato periodístico “La pasión según Trelew”, además de escribir libretos de cine y televisión. Era asimismo columnista de los diarios “El País” de España y del “The New York Times” y del propio diario limeño El Comercio.

martes 26 de enero de 2010

Bayly en el baile: elecciones peruanas

Por: Alfredo Herrera Flores

Aunque las elecciones generales y parlamentarias en Perú están programadas para el primer semestre del próximo año, el ambiente electoral se ha ido calentando desde hace tiempo. Encuestas y análisis de los principales medios de comunicación van animando al público con los nombres de los candidatos ya confirmados y de los que aún no se han decidido a saltar a la arena, colocándolos puntos adelante o puntos atrás, como si se narrara una carrera de caballos; al mismo tiempo, los candidatos confirmados ya están recorriendo ciudades, televisoras y periódicos para convencer a la gran mayoría de los aún despreocupados electores.
Un añadido será el proceso electoral de fin de año, en el que se elegirá a presidentes regionales y alcaldes provinciales y distritales, con sus respectivos consejeros y regidores, respectivamente, pues si bien en muchos lugares del país son los candidatos independientes los que tienen el protagonismo, servirá para medir fuerzas entre los partidos más grandes, ver cómo se transforma el mapa político nacional y tomar medidas para no hacer el ridículo.
Y esta debería ser la mayor preocupación de los políticos, en un país donde el ser político es sinónimo de ocioso, charlatán, comechado, desocupado y hasta de delincuente, a pesar que muchos congresistas, ministros, alcaldes, presidentes regionales, consejeros, regidores y hasta uno que otro presidente, ya han hecho suficientes barbaridades para que la población decida por personas con mayor decencia.
Sin embargo, el panorama parece no pintar de diferente manera a como fue en anteriores oportunidades, cuando fueron elegidos, por ejemplo, vedettes y violadores. Esta vez, antes del toque de partida, se ha puesto en la fila Jaime Bayly, el conocido conductor de televisión que en dos décadas ha pasado de niño prodigio entrevistador político a niño terrible conductor de talk show, con una estancia como novelista light, en todos los casos con éxito mediático. Aún en tránsito de la broma a la verdad, su candidatura política a la presidencia del Perú se ha hecho pública de la manera más frívola y chabacana, comenzó con unos chistes en su programa televisivo dominical y se hizo casi real cuando aparecieron unas banderolas con la inscripción “Bayle presidente”, así con error y todo. El error causó horror en algunos políticos y miedo en otros, a decir de algunos analistas que consideran que esta candidatura no es otro acto más del circo electoral.
El segundo paso fue inmediato. Sendas entrevistas serias en los diarios y programas políticos más influyentes por un lado, y por otro, unas canciones chicha con cantantes desproporcionados y artículos desenfadados en periódicos populares, y al mismo tiempo un sorprendente 3% de intención de voto en encuestas confiables. En sus declaraciones “fuera de broma”, Bayly ha confirmado que ya tiene partido político y que en “caso de llegar al poder” haría drásticas reformas para mejorar la educación y restringir gastos y sueldos a los congresistas, dos ideas que dichas así de simples y directas podrían atraer a muchos simpatizantes que por ahora andan como electores despistados.
La carismática presencia de Bayly en la televisión, sus malas pero muy leídas novelas, sus escándalos sexuales, su reconocida bisexualidad, sus amistades disparejas, su condición de agnóstico, aún son tomados como chistes en el ámbito de la farándula y, ahora, política peruanas.
A pesar de que algunos analistas han adelantado que esta candidatura restaría muchos votos a candidatos como el nacionalista Ollanta Humala, la derechista Lourdes Flores, el capitalista Pedro Pablo Kuczinsky, y favorecería a la favorita Keiko Fujimori, el silencioso alcalde Luis Castañeda o por ahora al desconocido candidato aprista, lo cierto es que Bayly ya entró al baile, para bien o para mal, los pasos que ensaye de aquí para adelante van a afectar el proceso.
Sin embargo, la mayoría sensata de la ciudadanía peruana, que aún no ha decidido su voto (a pesar que suele equivocarse) confía en que esta anunciada candidatura, y hasta las palabras circunspectas y prudentes que le han dedicado políticos de todas las tiendas y colores, no sean más que una reacción del asombro y la seducción que genera el poder y se diluya todo conforme pasen los meses y el proceso vaya tomando las formas prudentes y serias que debe tener toda carrera electoral, más aún en un país como Perú, que ha demostrado una cordura fiscal, se vislumbra como un líder económico y ha dado algunos pasos seguros en su afán de madurar democráticamente.

lunes 25 de enero de 2010

Sabato: Querido y remoto muchacho

De vez en cuando vale la pena repasar estos fragmentos de Ernesto Sabato, de la novela Abaddon el exterminador, una conmovedora carta que puede ser uno de sus testamentos literarios. Claro que no es como leerlo todo, pero si no lo han hecho hay que hacerlo. No son necesarias más palabras, hablá él.

Me pedís consejos, pero no te los puedo dar en una simple carta, ni siquiera con las ideas de mis ensayos, que no corresponden tanto a lo que verdaderamente soy sino a lo que querría ser, si no estuviera encarnado en esta carroña podrida o a punto de podrirse que es mi cuerpo. No te puedo ayudar con esas solas ideas, bamboleantes en el tumulto de mis ficciones como esas boyas ancladas en la costa sacudidas por la furia de la tempestad. Más bien podría ayudarte (y quizá lo he hecho) con esa mezcla de ideas con fantasmas vociferantes o silenciosos que salieron de mi interior en las novelas, que se odian o se aman, se apoyan o se destruyen, apoyándome y destruyéndome a mí mismo.


***

La verdadera justicia sólo la recibirás de seres excepcionales, dotados de modestia y sensibilidad, de lucidez y generosa comprensión. Cuando aquel resentido de Sainte-Beuve afirmó que jamás ese payaso de Sthendal podría hacer una obra maestra, Balzac dijo lo contrario. Pero es natural, Balzac había escrito la Comedia Humana y ese caballero una novelita cuyo nombre no recuerdo. De Brahms se rieron tipos semejantes a Sainte-Beuve: cómo ese gordo iba a hacer algo importante? Un tal Hugo Wolf sentenció en el estreno de la cuarta sinfonía: «Nunca antes en una obra lo trivial, lo vacuo y engañoso estuvieron más presentes. El arte de componer sin ideas ni inspiración ha encontrado en Brahms su digno representante». Mientras que Schumann, el maravilloso Schumann, el desdichadísimo Schumann, afirmó que había surgido el músico del siglo. Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico. Y por eso tan pocas veces el creador es reconocido por sus contemporáneos: lo hace casi siempre la posteridad, o al menos esa especie de posteridad contemporánea que es el extranjero, la gente que está lejos, la que no ve cómo te vestís. Si eso le pasó a Stendhal y Cervantes, ¿cómo podés desanimarte por lo que diga un simple conocido que vive al lado de tu casa? Cuando apareció el primer tomo de Proust (después que Gide tirara los manuscritos al canasto), un cierto Henri Ghéon escribió que ese autor se había «encarnizado en hacer lo que es propiamente lo contrario de una obra de arte, el inventario de sus sensaciones, el censo de sus conocimientos, en un cuadro sucesivo, jamás de conjunto, nunca entero, de la movilidad de los países y las almas» Es decir, ese presuntuoso critica lo que es la esencia del genio proustiano.
***
Es entonces cuando además del talento o del genio necesitarás de otros atributos espirituales: el coraje para decir tu verdad. La tenacidad para seguir adelante, una curiosa mezcla de fe en lo que tenés que decir y de reiterado descreimiento en tus fuerzas, una combinación de modestia antes los gigantes y de arrogancia ante los imbéciles, una necesidad de afecto y una valentía para estar solo, para rehuir la tentación pero también el peligro de los grupitos, de las galerías de espejos. En esos instantes te ayudará el recuerdo de los que escribieron solos: en un un barco, como Melville; en una selva, como Hemingway; en un pueblito, como Faulkner. Si estás dispuesto a sufrir, a desgarrarte, a soportar la mezquindad y la malevolencia, la incomprensión y la estupidez, el resentimiento y la infinita soledad, entonces sí, querido B., estás preparado para dar tu testimonio. Pero, para colmo, nadie te podrá garantizar lo porvenir, porvenir que en cualquier caso es triste: si fracasás, porque el fracaso es siempre penos y, en el artista, trágico; si triunfás, porque el triunfo es una especie de vulgaridad, una suma de malentendidos, un manoseo; convirtiéndote en esa asquerosidad que se llama un hombre público, y con derecho (¿con derecho?) un chico., como vos mismo eras al comienzo, te podrá escupir. Y también deberás aguantar esa injusticia, agachar el lomo y seguir produciendo tu obra, como quien levanta una estatua en un chiquero. Leé a Pavese: «Haberte vaciado por entero de vos mismo, porque no sólo has descargado lo que sabés de vos sino también lo que sospechás y suponés, así como tus estremecimientos, tus fantasmas, tu vida inconciente. Y haberlo hecho con sostenida fatiga y tensión, con cautela y temblor, con descubrimientos y fracasos. Haberlo hecho de modo que toda la vida se concentrara en este punto, y advertir que es como nada si no lo acoge y da calor un signo humano, una palabra, una presencia. Y morir de frío, hablar en el desierto, estar solo día y noche como un muerto».

sábado 23 de enero de 2010

Literatura y prensa digital ¿solución a la exclusión?


Artículo que se publica en mi columna El barco ebrio en otros medios impresos.
Por: Alfredo Herrera Flores
Los procesos de desarrollo tecnológico que vive la sociedad global han dado los últimos años pasos gigantescos y violentos. Los primeros diez años del siglo veintiuno han estado dominados por el veloz incremento de los niveles de intercambio de información en todo el mundo, haciéndose realidad el anuncio de que las nuevas autopistas de la información darían como resultado el nuevo orden mundial, previsto por las Naciones Unidas a principios de la década de los ochenta del siglo pasado.
Esa gigantesca autopista de la información es el sistema de comunicaciones electrónicas de internet, que más allá de ponerse de moda, ha cambiado sustancialmente los parámetros de acceso a la información y la cultura en todos los niveles y sectores de la sociedad mundial. Por supuesto, nuestro país no es ajeno a estos cambios y está marchado casi al ritmo que exige el gigantesco y complejo aparato de las comunicaciones, y dentro de ese ritmo los medios de comunicación han hecho sus propios esfuerzos para no quedar a la zaga y, por ende, en lo que se ha comenzado a llamar la prehistoria de la información.
La influencia de este proceso ha afectado especialmente a dos campos de la cultura en general, la literatura y la prensa. Otras áreas del conocimiento humano y del desarrollo como la economía o la agricultura, por ejemplo, también se han visto muy beneficiados por la nuevas formas de comunicación y transmisión de ideas y datos, pero aún así su influencia no es tan decisiva como cuando se trata de literatura y opinión pública.
Y es que la literatura y la prensa han sido, desde el inicio de los tiempos de la cultura, los que más han influido tanto en la concepción del mundo por parte de los miembros de una comunidad como en la toma de decisiones por parte de sus líderes y gobernantes. La idea de que solo algunos privilegiados tenían acceso a la educación, y con el paso de los tiempos a la literatura y la prensa, ha quedado en desuso, pues ahora cualquier persona puede acceder a ellas con solo presionar un botón. A pesar de que a lo largo del mundo hay aún grandes cinturones de pobreza que no tienen oportunidad de siquiera acercarse a ese mágico botón, esos sectores ya están representados o son vistos en su cruda realidad precisamente gracias a la tecnología de la información.
El internet ha cambiado hábitos de comportamiento en la familia, los centros de estudios, los lugares de trabajo y hasta en las relaciones sociales, ha modificado el lenguaje, está desplazando a pasos agigantados a la televisión y haciéndose más dañina, quiere desaparecer al libro y hasta está atrofiando la capacidad creativa de los niños, pero al mismo tiempo está poniendo la información, instantánea y real, en todos los rincones de la tierra.
Gracias a esta velocidad de información y posibilidades de acceso, muchos sectores que antes no tenían posibilidad, por ejemplo, de leer dos o tres diarios, pueden hacerlo ahora desde cualquier terminal de computador que esté conectado al sistema; los estudiantes que deberían hojear varios libros para escribir sus ensayos ahora pueden acumularlos en un pequeño dispositivo que además le sirve de adorno; los ciudadanos que no podían opinar sobre las noticias que leen en los periódicos o escuchan en la radio y la televisión ahora pueden hacerlo en las páginas virtuales de estos medios; hasta padres e hijos que viven en diferentes países y que debían esperar el fin de mes para ser conectados por teléfono desde una central, ahora pueden hablar a cualquier hora del día y además verse las caras, sonreírse y llorar juntos. Nada es imposible.
El concepto de primicia, por ejemplo, ha cambiado en los diccionarios del periodismo moderno. Ahora ya no es importante quién tiene primero una noticia sino quién la dice mejor, cómo la dice y qué logra con lo que dice. El periodismo escrito se está mudando de las grandes y bulliciosas salas de redacción a la comodidad de una oficina, o a la casa del redactor o al mismo lugar de los hechos. El joven que debía esperar mucho para poder publicar sus primeros poemas en una revista de literatura ahora pude hacerlo en cualquier bitácora electrónica y considerarse un escritor editado. Pero sobre todo, quienes por mucho tiempo fueron excluidos de los procesos de intercambio de información hoy pueden convertirse en sus protagonistas. ¿Será que la literatura y el periodismo digital están resolviendo el problema de la exclusión?
Pero así como hace quinientos años, frente a la invención de la imprenta, algunos extremistas vieron la mano del diablo y se prepararon para enfrentar al libro, de la misma manera hay que prepararse para que la información digital no adormezca el cerebro de los jóvenes, no los induzca a la soledad y el suicidio colectivo y a distancia, no genere desencuentros y amplié la distancia de los afectos y, sobre todo, no nos convierta en sus esclavos.
La tarea es hacer cada vez más inclusiva la participación de todos los sectores de la población en la autopista de la información, preparase desde la escuela para saber utilizar adecuadamente los nuevos sistemas de transmisión de datos, información, ideas y cultura, ponerlos al servicio de las necesidades de la población, tarea que está en manos de quienes tienen más acceso y mejores oportunidades que otros al uso de estos nuevos sistemas. Los diarios y revistas, por ejemplo, sin dejar de ser impresos en soporte papel, pueden abrir más espacios para la opinión de los lectores en sus páginas electrónicas. La escuela, de otro lado, deberá hacer mayores esfuerzos para complementar la información dada en las aulas con clases electrónicas. Y el Estado tendrá que hacer los modos posibles para que el acceso a internet, a pesar de que ha superado en largo las primeras trabas y dificultades, pueda llegar con mayor facilidad y menor costo a las familias que aún están en situación de indefensión y vulnerabilidad, y por lo tanto excluidas de este proceso.

Otro peruano en premio Juan Rulfo

Iván Alfonso Loyola Velarde me escribe desde Canadá, más sorprendido que emocionado, pues se ha enterado a través de esta silla que es uno de los finalistas del premio internacional de cuento Juan Rulfo, que anunció y otorgó a fines del año pasado Radio Francia Internacional, con su texto "El amor a la luz del paleolítico". En la lista aparece como escritor canadiense, pues allí reside Loyola, pero es más peruano que el choclo con queso, así que con esta grata sorpresa crece el número de peruanos que han llegado a la final de este prestigioso concurso literario. Un abrazo a él y a otros peruanos que andan por esas tierras extremas como Juan Miranda y Guido Daza, el chato Lucho Cuadros y el "Loco" Oswaldo Chanove más bien andan por un país más abajo. La lista completa, más el texto de los ganadores en cuento y poesía se pueden leer pulsando AQUI, o ACÁ.

viernes 22 de enero de 2010

Un poema de Oswaldo Chanove


El héroe y su relación con la heroína (I)


A ella la conocí en un bar: tocaba un grupo de trompetistas y la gente bailaba.
La gente giraba en torno como cuando se cae una botella: la vi deslizarse del grupo y
venir.
La gente bailaba como cuando una botella se rompe.
Bailamos hasta el amanecer como si hubiésemos estado casados 25 años.
Escuché su historia:
-en la puerta la esperaba un caballo y una llanura
-en su casa su esposo la devoraba.
Grité que era mía y partimos en mi barco.
Pero el corazón me saltaba con el ruido del mar.
Y el corazón me saltaba mirando la luna.
Y el corazón me saltaba cuando nos batíamos a cuchilladas.


(de El héroe y su relación con la Heroína. 1983)
Una entrevista a Chanove en Perú21 nos trae de golpe muchos recuerdos, y entre ellos un poema de su primer libro y una foto de la época (la imagen actual la pueden ver en Perú21)

miércoles 20 de enero de 2010

Ernesto Cardenal cumple 85

El extraordinario poeta Ernesto Cardenal, ex sacerdote y ex revolucionario, fino e inteligente político, amigo de todos, ha llegado a los ochenta y cinco años rebosante de salud, ingenio, cordura y fama. Probablemente uno de los poetas centroamericanos más influyentes en las generaciones de los setenta y ochenta en toda América Latina, aunque muchos no lo quieran reconocer. Parecen ya lejanos los años aquellos en que el poema "Oración por Marilyn Monroe" era leído por jóvenes en medio de rondas de alcohol y marihuana y aparecía hasta en afiches que adornaban las habitaciones de estudiantes provincianos (provincianos de todos los países). Ahora el viejo Cardenal celebra con su sonrisa de abuelo buenagente y nosotros celebramos con él, y seguimos orando por Marilyn.
Oración por Marilyn Monroe
Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra
con el nombre de Marilyn Monroe
aunque ese no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la
huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había
querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radiactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-El de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónale Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esta Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje -insistiendo en maquillarse
en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un
baile en Río la recepción en la mansión del Duque
y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles)
contesta Tú el teléfono!

martes 19 de enero de 2010

Palmas para las editoriales independientes


Interesante entrevista en Perú21 a Germán Coronado, escritor, viejo editor, que destaca la labor de las editoriales independientes, que en todo el país, incluido Lima, están haciendo la verdadera industria del libro culto en el Perú.
Por: Gonzalo Pajares Cruzado
"Yo leía con devoción a Salgari. También a Verne. Pero el primer libro que me impactó, a los 12 años, fue Cuentos peruanos, de Ventura García Calderón, un escritor finísimo que debe ser reivindicado. Él me abrió la mente a un universo diferente: la ruta de los autores peruanos. Entonces, surgió en mí la necesidad de conocer el país a través de la literatura". Germán Coronado, gerente de la editorial Peisa, nos habla de sus primeras lecturas.
Manuel Borrás, el gran editor español, me dijo que editaba libros por una necesidad de compartir lo que le había fascinado…
Suscribo sus palabras. Ser editor tiene un componente místico; de lo contrario, uno no continuaría: es una tarea muy difícil, más aún en países como el nuestro, que no apoya la lectura ni la cultura. Todo está dado para que dejemos de publicar, pero nos mantenemos allí. Es más, hay editores jóvenes que dinamizan el sector.
¿El libro está en crisis?
Las ferias mundiales indican que no. Lo que sí hay es una tendencia a la concentración corporativa de la propiedad. Las corporaciones absorben a muchas pequeñas editoriales, y esto distorsiona el mercado porque se crea un modelo de consumo de libros: el best seller. Se está produciendo la 'bestselerización’ del libro.
Eso pasa en todas las industrias…
Por eso, la solución o contrapeso está en la edición independiente. Somos un contrapeso para que no se quiebre la 'bibliodiversidad’. En el mundo de las ideas y la literatura se deben impulsar distintas formas de expresión, y las editoriales independientes deben recibir estímulos por parte del Estado. Somos una salvaguarda, el refugio de la calidad y la diversidad.
En EE.UU., en Navidad, se vendieron más libros electrónicos que libros de papel. ¿Le preocupa esta situación?
No. Solo debemos estar atentos a los avances de la tecnología. Hay 17 tipos de soportes y los editores debemos prepararnos para que nuestros productos sean compatibles con estos. Yo he tenido en mis manos el I-book, y me parece fantástico. Debemos adecuarnos porque la tecnología puede ayudar a superar la brecha que separa a un editor corporativo de uno pequeño.
¿Por qué?
Porque quienes van a controlar el mercado del libro ya no serán las corporaciones. Los editores ya no tendremos problemas de stock, de almacenamiento. La venta de libros será a través de archivos digitales y por demanda. Un editor no vende un objeto: vende el contenido. A muchos les cuesta entender esto. Hoy, el soporte es de papel; mañana será digital.
¿Está listo para el salto?
Sí, pero será mejor hacerlo colectivamente. Por eso, los editores peruanos debemos unirnos y buscar el estándar (o los estándares) en el que editaremos nuestros libros. La tecnología también nos ayudará a bajar costos.
¿Habrá espacio para los editores? ¿La tecnología no evita a los intermediarios?
Usted se olvida de que, si bien el autor es el creador del contenido, el creador del libro es el editor quien, además, garantiza la calidad del contenido. El editor lucha por presentar ediciones pulcras, sin erratas, bien diagramadas, etcétera. Eso pasa en el libro de papel.
¿También en el digital?
Claro. Es más, uno puede dar información adicional –enlaces, biografías, entrevistas, videos, por ejemplo– que enriquecerá el producto. Esto lo hará el editor; por eso, creo que seremos más necesarios que nunca.
¿Y habrá espacio para quienes prefieran el papel?
Por supuesto. Otro de los beneficios de la tecnología es que nos permite hacer impresiones por demanda, es decir, imprimir un libro o un millón sin que los precios sean exorbitantes. Es más, esto nos permitirá publicar libros que hace décadas o cientos de años no están en librerías. Con la tecnología, el catálogo de los editores se va a revalorar. Se acabó la época de las ediciones agotadas.
Quiere ser presidente de la Cámara Peruana del Libro…
Sí. Proponemos la unión real de todos los implicados en el mundo del libro. Buscamos que la Ley del Libro se cumpla de verdad, que la tecnología sea una posibilidad y no una traba, y que el libro peruano alcance notoriedad internacional.

sábado 16 de enero de 2010

Las ciudades invisibles



Artículo que se publica en mi columna El barco ebrio, en diferentes medios de comunicación.

Por: Alfredo Herrera Flores

El narrador peruano Julio Ramón Ribeyro explicó en alguna oportunidad que él no podría decir qué ciudad, entre las muchas que vivió, le gustaba más que otra, sino que eran parte de su vida, como un brazo o un ojo son parte de su cuerpo y no podría decir si su brazo o su ojo le gustaban más que el otro brazo, o el otro ojo. Es difícil saber si esta apreciación sobre las ciudades puede ser compartida por el ciudadano común, el peatón, el inquilino de estos centros urbanos donde transcurre su vida cotidiana.
Las ciudades son espacios geográficos que el hombre ha ido modificando a lo largo de los años y que pertenecen, en mayor o menor medida, a quienes las habitan, y esa pertenencia se configura de acuerdo a la relación que existe entre ese espacio, con su dinámica y su gente, y el poblador, que a su vez es parte de esa dinámica, de esa vida que late en medio de calles, edificios, plazas, pasajes, portales, monumentos, viviendas, centros de trabajo, bares y hasta su entorno paisajístico. Una interrelación compleja pero imposible de evitar o negar.
Cuando recorremos las calles de nuestra ciudad de manera cotidiana, y por mucho tiempo, se va generando una suerte de simbiosis entre las personas y su entorno, hasta que muy pocas cosas nos llaman la atención. La casa de la esquina, por ejemplo, la vemos todos los días, la hemos visto por años, hasta que en un momento prácticamente desaparece de nuestro campo de percepción. De la misma manera algunos detalles extraordinarios de nuestra ciudad pasan por inadvertidas de tanto pasar muy cerca de ellas, y probablemente este hecho en lugar de acercarnos a nuestras ciudades nos aleja de ellas y dejamos de quererlas, como diría Ribeyro, a pesar de que mucha gente reconozca que ama a su ciudad, que se identifica con ella, pero no la conoce, o no ha sabido conocerla.
No es raro escuchar, entonces, a algunas personas decir que no se habían dado cuenta de que en tal esquina había un bonito balcón o que la pileta de la placita era tan bonita, que nunca se fijaron en el mural que adorna el edificio público, que no sabían que en tal casa había vivido el héroe nacional o el artista más representativos de la ciudad. Aún más común es saber que mucha gente, la mayoría de los habitantes de una ciudad, no tenía ni idea que había por ahí un museo o una sala de arte, o que a solo cinco minutos había un pueblo maravilloso, al extremo de preguntarse por qué los gringos se detienen a fotografiar este cerro pelado o aquella iglesia en ruinas.
Las ciudades se vuelven invisibles. ¿Algún transeúnte, joven o no, se preguntará alguna vez qué se siente caminar por las calles de una ciudad que ha sido la cuna de una civilización extraordinaria, o se quedará por unos minutos mirando, pasmado, la belleza de un lago a casi cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar? De los cientos de ciudadanos que hacen trámites diariamente en las oficinas del Municipio Provincial de Puno o sus trabajadores, por ejemplo ¿cuántos se han detenido alguna vez a contemplar el mural que hay en el área de entrada del edificio y que abarca los seis pisos de la construcción?
La misma pregunta podemos hacernos respecto a otras ciudades u otros lugares de nuestra propia ciudad, en cualquier parte del mundo. Lo cierto es que nuestras ciudades, al volverse invisibles, terminan por negarnos espacios para disfrutarlos y, en consecuencia, nos hace más ciegos frente a sus encantos, sus secretos y sus misterios.
Caminar por las calles del centro histórico de Arequipa provoca una sensación de soberbia. La sobriedad de las fachadas y la tranquilidad de los patios de sus casonas de sillar, sus calzadas adoquinadas, la magnífica presencia de su catedral y el cielo azul empedernido, suelen pasar inadvertidos para los transeúntes inmutables, cotidianos andantes pero ajenos a los detalles que se asoman en columnas y portales. En una oportunidad escuché decir a una escolar que le sorprendía el color de los ladrillos con que se había construido la catedral ¿Nadie le dijo que no eran ladrillos sino bloques de sillar? Probablemente ni sus maestros lo sabían, o si lo sabían lo repetían porque así debía ser.
Cuando un forastero llega a Puno suele quedarse consternado con la belleza del lago Titicaca, ya sea entrando desde Juliaca o desde Desaguadero, la presencia de esta maravilla de la naturaleza, sin embargo, no suele despertar entusiasmos entre quienes diariamente caminan por las frías calles de esta ciudad, ni tampoco su activa vida cultural y hasta son molestados por las comparsas de danzantes que cualquier día del año cruzan las agitadas dos cuadras del jirón Lima. Aunque a una española le pareció haber estado en la ciudad más fea del país, Puno transmite ese aire de sabiduría y cultura que sus propios habitantes no suelen percibir.
Pocos cusqueños se detienen a pensar que caminar por Cusco es como caminar por Roma, Egipto o Grecia. Un turista europeo me confesó que volvía a la capital inca porque a diferencia de las otras capitales de la antigüedad, en Cusco todo estaba en su sitio, habían muy cosas impostadas, y la ciudad en sí seguía concentrando una energía que ya los antiguos peruanos habían sabido aprovechar, pero casi nada de esto provocaba la sorpresa del cotidiano viandante cusqueño, quien además se pierde entrar gratis a sus soberbios museos e iglesias, porque no sabe que existen.
Darse unas vueltas por el centro de Huamanga es como estar en un museo gigantesco, cada esquina tiene una iglesia y cada iglesia una historia y muchos tesoros. Pero para quien va al trabajo o hacer compras, esas iglesias son solo esquinas, nada más que muros y campanarios que siempre han estado allí y no tienen nada de novedoso.
Así podríamos hablar de Lima o Trujillo, Moquegua o Abancay, Trujillo o Iquitos, pero casi todas nuestras ciudades se han vuelto invisibles, ya no nos despiertan interés, más bien son peligrosas. Aquellos rincones donde se podría aún descubrir balcones o tallados guardan un peligro a la vuelta de la esquina. Las ciudades ya no son para ver.
Sin embargo, siempre hay quienes llegan de otros sitios para ayudarnos a descubrir ciertas maravillas que estaban muy cerca de nuestros ojos pero lejos de nuestra apreciación. Hay que ser de fuera para ver mejor nuestras ciudades, o si no, hay que abrir un poco más los ojos para descubrirlas y hacerlas parte nuestra.
Foto: Hermosa pileta de bronce en el cruce de cinco calles en Puno que conectan el centro de la ciudad con la zona sur, por donde mucha gente pasa diariamente, pasa casi por desapercibida y desaparecida de la atención cotidiana de los habitantes puneños.

Cuando la actualidad nos obliga a buscar la verdad


Por Pascual Serrano

Acontecimientos complejos como los que se están desarrollando en Haití ahora requieren conocer la historia y antecedentes para poder ser comprendidos. Esperar que los grandes medios nos tengan informados de la realidad, precedentes, contexto y claves de interpretación hace tiempo que debe estar descartado. Por ello, libros como este del médico Paul Farmer, Haití para qué resultan necesarios a quienes nos seguimos resistiendo a considerarnos informados simplemente por escuchar las noticias de los grandes medios.
La obra de Farmer, un médico especializado en SIDA que arrastra una experiencia de más de una década en el Haití rural, combina el humanitarismo y sensibilidad hacia el sufrimiento ligado a su profesión con un lúcido análisis de las claves políticas, internas y externas de la realidad haitiana. Como dice el propio autor, "es la esperanza de todo médico no tener que sentir que sólo está poniendo parches". Y por si eso fuera poco, una extensa introducción de Noam Chomsky y un epílogo del autor a la segunda edición lo convierten en un libro imprescindible.
Se trata de una obra, que si bien recorre toda la historia de Haití, se centra fundamentalmente en las dictaduras de los Duvalier, la primera llegada al poder del sacerdote Aristide, su derrocamiento por un golpe de Estado en septiembre de 1991 y el gobierno militar que le sucedió. Todo ello bajo la atenta mirada —y algo más que mirada— de Estados Unidos.
Un libro que disecciona la complejidad de la figura de Jean Bertrand Aristide y sus diferentes políticas llevadas a cabo como presidente, algo muy de agradecer en los momentos actuales, pero también los movimientos y estrategias de los diferentes gobiernos norteamericanos.
Por todo ello, algunos nos hemos de empeñar en que no se cumpla la premonición de Chomsky y este libro no esté condenado al olvido.
(Se puede realizar pedidos a la siguiente dirección electrónica: hiru@euskalnet.net)


Haití para qué. Usos y abusos de Haití
Un libro de Paul Farmer
Prólogo de Noam Chomsky
Traductor del inglés: Toni Strubbel


Paul Farmer es un médico especializado en SIDA, con más de una década de experiencia en el Haití rural. Pero es mucho más que un médico, es también un magnífico antropólogo y un conocedor profundo de ese pueblo, cuya historia penetra hasta sus raíces para mostrar las mil fuerzas que durante tanto tiempo han mantenido a la mayoría de los haitianos sumidos en la pobreza, en la enfermedad y en el olvido. Entre sus obras más conocidas se cuentan: Women poverty and AIDS, Dying for growth, AIDS and accusation e Infections and Inequalities.
A través de un doble análisis, de los acontecimientos del pasado y de una serie de mitos que hoy perduran, Farmer nos introduce en un Haití desconocido y sorprendente que dista mucho de ser el que nos habían contado. A la luz de su penetrante mirada vamos descubriendo los múltiples engaños de esa historia deliberadamente falseada y adquiriendo datos reales que iluminan el presente y lo hacen comprensible.
Cuando el lector termina el libro tiene las claves para entender la explotación y los sufrimientos de Haití, tan íntimamente ligados a los intereses de EE.UU. Es también la historia de los pueblos de Centroamérica: la historia de una política de expolio y rapiña que, en mayor o menor grado, afecta también a la gran mayoría de los pueblos pobres del mundo.
“Este es un libro que me temo que esté condenado al olvido. Es un libro que nos habla de verdades en torno a temas incómodos. Incómodos, sí, para las estructuras de poder y el entramado doctrinal que las protege de la opinión crítica. Nos dice la verdad sobre lo que ha estado sucediendo en Haití y el papel que ha jugado EE.UU. en su amargo destino.” Noam Chomsky
Impresionante libro que nos descubre una historia muy distinta de la que nos habían contado. Libro desmitificador, escrito a través de las vivencias del pueblo, desde su memoria y a través de su lenguaje. Un libro, además, bello y deslumbrante. “Excelente libro... Magnífica esta pasión de Farmer con la que invita a sus conciudadanos y amigos de los EE.UU. a no permanecer indiferentes ante la agonía de Haití", dice el suplemento literario de The Times, Londres.
Notas tomadas de La Ventana, la revista de Casa de las Américas de Cuba.

viernes 15 de enero de 2010

Carlos Drummond de Andrade


El último número de "Periódico de poesía" tare este extraordinario poema del brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902 - 1987), uno de los que mayor relevancia ha alcanzado en las letras portuguesas y uno de los poetas que mayores homenajes ha recibido en su país, donde además ha sido inmortalizado en casi todas las ciudades importantes, como esta estatua levantada en las playas de Copacabana.
Pasaje del año
El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres te comunicarán
el calor de la vida.
Besarás bocas, rasgarás papeles,
harás viajes y tantas celebraciones
de aniversario, graduación, promoción,
gloria, dulce muerte con sinfonía y coral,
que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,
los irreparables aullidos
del lobo en la soledad.
El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Queda siempre una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su contrario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quien sabe si hasta Dios...
Recibe con simplicidad
este presente del acaso.
Mereciste vivir un año más.
Desearías vivir siempre y agotar
la borra de los siglos.
Tu Padre murió, tu abuelo también.
En ti mismo mucha cosa ya expiró,
otras acechan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más estás vivo.
Y con la copa en la mano
esperas amanecer.
El recurso de embriagarse.
El recurso de la danza y del grito,
el recurso de la pelota de colores,
el recurso de Kant y de la poesía,
todos ellos... y ninguno resuelve nada.
Surge la mañana de un nuevo año.
Las cosas están limpias, ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en espuma.
Todos los sentidos alertas funcionan.
La boca está comiendo vida.
La boca está atascada de vida.
La vida escurre la boca,
mancha las manos, la vereda.
la vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.

jueves 14 de enero de 2010

Poemas de Miguel Hernández llegarán a la luna


Desde siempre la luna ha sido para el hombre un misterio y un motivo de inspiración. Casi todos los poetas, en todas las culturas, han visto a través de este satélite sus ilusiones y utopías y le han cantado. Algunos, como Borges, lloraron al ver que el hombra tocaba su inmaculado suelo y lo hacía real. Miguel Hernández (1910 - 1942), el joven y atormentado poeta español, también le escribió y ahora, al cumplirse el centenario de su nacimiento, se hará realidad su imposible sueño de tocar la luna con sus versos.

La noticia la trae EFE desde Madrid, donde se han anunciado las actividades para esta celebración. Dice:

Las celebraciones del centenario del nacimiento de Miguel Hernández, que ya han comenzado, van a hacer posible que los versos de "Perito en Lunas", del poeta de Orihuela, lleguen a la luna mediante un vuelo espacial, según el director de la Fundación con el nombre del poeta, Juan José Sánchez Balaguer.
"Vamos a cumplir el deseo del poeta y hemos contratado a una empresa estadounidense (Celestis) para que lleve en una cápsula los versos de Miguel Hernández a la superficie lunar", explicó Sánchez Balaguer.
El director de la Fundación Miguel Hernández presentó las más de 500 actividades, que tendrán lugar en la localidad natal del poeta, Orihuela, este año, que se cumple el centenario del nacimiento del poeta del pueblo, quien murió en la cárcel en 1942.
La presentación de este programa, que llevará a cabo el Ayuntamiento de Orihuela con un presupuesto de 870.795 dólares, más 2,1 millones, que aporta la Comunidad Valenciana, ha tenido lugar en la sede del Instituto Cervantes.
La presentación de los actos ha estado dirigida por la escritora Espido Freire, quien ha recordado que en el Cervantes hoy coincidían dos poetas: Neruda, con una exposición de sus caracolas, que se puede contemplar en las salas del Cervantes, y Miguel Hernández.
Y es que Neruda llamaba al autor de "Vientos del pueblo", "el poeta manchado de naranjas", como recordó la secretaria del Instituto Cervantes, Carmen Pérez Fragoso.
Entre los actos, en los que han colaborado todos los colectivos del pueblo de Orihuela, incluso la familia del poeta, destacan los conciertos de Joan Manuel Serrat, (quien volverá a grabar un disco con los versos de Hernández) Luis Eduardo Aute, José Mercé o Antonio Orozco.
En el acto realizado este miércoles también se presentó la web oficial municipal del Centenario, www.pasionporelpoeta.es, el portal por el que se podrá conocer todas las actividades programadas y las novedades.

A la luna venidera
A la luna venidera
te acostarás a parir
y tu vientre irradiará
la claridad sobre mí.
Alborada de tu vientre,
cada vez más claro en sí,
esclareciendo los pozos,
anocheciendo el marfil.
A la luna venidera
el mundo se vuelve a abrir.
Miguel Hernández

lunes 11 de enero de 2010

Dos poemas del último número de Gaceta del FCE




Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña,
desde la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito tácito, un silencio.
Los ves cada mañana
al inclinarte tú sola
en el espejo. Oh mi querida esperanza,
en ese día también sabremos
que la vida eres y la nada.
La muerte tiene una mirada para todos.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio, como ver en el espejo
surgir un rostro muerto,
como escuchar cerrados labios.
Descenderemos, mudos, en el vórtice.
Cesare Pavese, traducido por Javier Sologuren en Las uvas del racimo

Oración del camino

Ni sé para quién es esta amargura!
Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo,
y cuelga, como un Cristo ensangrentado,
mi bohemio dolor sobre su pecho.
El valle es de oro amargo;
y el viaje es triste, es largo.

Oyes? Regaña una guitarra. Calla!
Es tu raza, la pobre viejecita
que al saber que eres huésped y que te odian,
se hinca la faz con una roncha lila.
El valle es de oro amargo,
y el trago es largo… largo…

Azulea el camino; ladra el río…
Baja esa frente sudorosa y fría,
fi era y deforme. Cae el pomo roto
de una espada humanicida!

Y en el mómico valle de oro santo,
la brasa de sudor se apaga en llanto!

Queda un olor de tiempo abandonado de versos,
para brotes de mármoles consagrados que hereden
la aurífera canción
de la alondra que se pudre en mi corazón!
César Vallejo
Ha salido el número de enero del 2010 de Gaceta, del Fondo de Cultura Económica, que está dedicado íntegramente a la poesía, y en esa lista privilegiada está el poema de César Vallejo y un poema que no leía desde hace mucho tiempo y que hoy viene a mi con cierta nostalgia.

domingo 10 de enero de 2010

El mapa de los sueños: mi hijo de cumpleaños



Mi hijo aparece y reaparece
con un disfraz de pirata,
arrasa con los enemigos
y planta su estandarte en la arena
luego de conquistar el aire,
el país de las mariposas y los bosques de agua.

Es un héroe,
y aunque aún no sabe lo que es un reino
o una doncella
ha demostrado valentía y honor.

Vuelve,
ronda a sus hermanas
y emociona a su madre.
Provoca abordar su nave,
abortar mi nube.

Estaré seguro a su lado,
él corre con paso decidido,
no se pierde en el desierto de la sala
ni se extravía
en el laberinto del comedor.

Él lee
en su pequeña mano sabia
el mapa de los sueños.
Este poema apareció hace ya algunos años en diferentes páginas digitales y hoy lo recupero para compartirlo con mi hijo, a quien está dedicado y quien lo ha inspirado, para celebrar con él a la distancia su cumpleaños. Foto: Alfredito Herrera Rivera ensayando nuevas miradas.

sábado 9 de enero de 2010

Los ídolos inservibles

Artículo que se publica en mi columna El barco ebrio, en diferentes medios escritos.


Hace unas semanas vi en la carátula de una revista limeña el rostro de un futbolista que juega en un club alemán, la leyenda dice que se trata del jugador peruano más exitoso en el extranjero. Inmediatamente retorna a mi mente una pregunta que desde hace tiempo me hacía ¿de qué nos sirve un ídolo? ¿de qué le sirve al país el éxito de un peruano en el extranjero, más aún si ese éxito no le trae resultados o beneficios para la comunidad en general? En este caso, por ejemplo, el futbolista peruano más exitoso en Europa no ha colaborado en nada para tentar la clasificación de su país a la final del Campeonato Mundial de Sudáfrica, sino todo lo contrario, ha sentado un mal ejemplo de indisciplina.
Este es solo un ejemplo. En cada país, especialmente en América Latina, existen personajes que por sus éxitos personales han alcanzado fama y fortuna, y en algún momento ha servido de motivación a niños y jóvenes, pero muy pronto esa popularidad ha dado un vuelco que han terminado por convertirse en todo lo contrario a un ídolo, un héroe, o un paradigma a seguir, se han hecho ídolos inservibles.
Ídolo se define tanto la representación de una deidad como una persona admirada con exaltación. Interesa esta última definición, pues de lo que se trata es de identificar a aquellos personajes que a pesar de haber alcanzado o superado sus metas personales ese éxito satisface solamente a ellos mismos, sin trascender en beneficio de un grupo mayor. Aunque parezca superfluo el razonamiento, lo cierto es que el continente sigue carente de modelos a seguir, de líderes y personajes en los que nos podamos identificar y, en consecuencia, reconocernos como parte de una patria chica o una mayor.
El deporte es una de esas esferas sociales y mediáticas, como la música y la televisión, en las que es fácil fabricar ídolos, conectarlos con las multitudes, especialmente con las generaciones jóvenes, y luego desvanecerlos hasta casi desaparecerlos, para dar paso a otros que cumplirán su mismo papel: embelesar y atolondrar a las masas. Aunque es cierto que existen ídolos que por varias generaciones han gozado de la simpatía de sus seguidores, también es cierto que muchos de ellos dependen aún de un soporte mediático que los mantenga en vigencia, y son precisamente esos soportes los que nos logran imponer a los ídolos inservibles.
Sin embargo, la política sigue siendo una de las fábricas más monstruosas de ídolos inservibles. Si bien los deportistas, cantantes o actores y actrices de telenovelas, logran sus éxitos empujados por los medios de comunicación, los políticos usan esos medios de comunicación a costa y en deterioro de sus contendientes u opositores. En el mundo de la política el insulto, la mediocridad, el ataque artero, la zancadilla ideológica y la mentira son los elementos con los que se pueda llegar a ser ídolo, ser llevado por la multitud hasta alcanzar el poder en cualquiera de sus formas, y desde allí desconocerlo todo. La política encierra y absorbe otros espacios de la sociedad, incluyendo el deporte y la cultura, y puede convertir fácilmente y en pocos minutos un ídolo en un ser detestable, o hacer lo contrario.
La cultura no es ajena, tampoco, a la fabricación de falsos ídolos, aunque existen mucho menos que en las otras esferas mencionadas, pues algunos intelectuales pobres de espíritu y faltos de inteligencia, recurren también a la mentira, la calumnia y el insulto para intentar decir lo que no han podido con ideas, tesis y palabras. A pesar de ello, es a través de la cultura que los ídolos van cumpliendo su razón de ser.
En otro ámbito, más personal, cada uno en su familia puede ser un ídolo inservible. Muchos de nosotros, como personas, no hemos cumplido a cabalidad nuestras responsabilidades, mientras que los nuestros siguen creyendo en nosotros.
¿Pero qué hace que un ídolo sirva para algo? Tal vez sean aquellos en quienes cada uno de nosotros encuentre un atisbo de identidad, un reflejo aunque sea borroso de lo que nosotros queremos ser, un rostro en el que se refleje todo un pueblo, una obra en la que se diga lo que nosotros no podemos hacerlo con nuestras propias palabras o se haga lo que nosotros quisiéramos hacer y lo disfrutemos juntos. Aquel jugador de fútbol exitoso en Europa pero inútil en el Perú, podría ser un ídolo para muchos más si sus éxitos personales pudieran ser celebrados por los peruanos y, tal vez, por los latinoamericanos, pero a él se le admira, se le envidia sería mejor decir, en base al ansia no de ser como él sino de alcanzar lo él tiene.
Es cierto, como dije, que hay muchos ídolos en nuestros países, jóvenes exitosos que a fuerza de valentía, perseverancia y modestia han alcanzado éxitos que más le han servido a sus países que a ellos mismos; artistas que desde la experiencia íntima han reflejado el sentimiento de una nación; ancianos que luego de una vida de estudios han salvado otras vidas; hombres y mujeres anónimos que cada día resuelven y empujan la economía de sus hogares y la de un país, y casi todos recién reconocidos cuando la muerte lo ha hecho antes. En el fondo eso se llama identidad, y en muchas partes de nuestro continente esa identidad es imaginaria, simulada. Pero es que todos ellos en algún momento de sus vidas son peligrosos para una sociedad que se ha dedicado a fabricar ídolos para vendernos una falsa identidad, una ilusa unidad, una aparente felicidad, un inútil nacionalismo y una imposible ilusión.
Ahora que se inicia una nueva década y se repasan algunos nombres como personajes del año, es oportuno saber de qué manera nuestros ídolos satisfacen el ansia popular de tener a quién admirar. Los verdaderos ídolos son, generalmente, aquellos que de haber tenido un punto de partida similar al de la mayoría –pobreza, falta de oportunidades, exclusión por género- gracias a sus talentos han ido superando esos escollos, han madurado como personas, hasta alcanzar el éxito personal y han hecho disfrutar a los demás de ese mismo éxito. Los ídolos inservibles se han hecho de la noche a la mañana envueltos en los tules de la falsedad, las burbujas de la mediocridad y el espejismo de la fama. Lo de clasificar al campeonato mundial de fútbol es solo un ejemplo, pues hay muchas otras metas que debemos alcanzar, como país y como continente, y no será posible si no vamos con un ídolo por delante.
Podemos hacer nuestras listas de los malos y los buenos y para ambas listas de ídolos sobran nombres, cada país puede hacer las suyas, y cada persona puede tener un nombre a la mano para incluirlo en ellas, pero pocas veces nos detenemos si nosotros podemos integrar una de esas listas.
Nadie levanta la mano cuando se llama al malo, nadie dice “soy yo” cuando se busca al verdadero culpable. El ídolo inservible es sordo y tuerto y goza solo de su éxito, y sus seguidores ciegos lo aplauden porque algo les dicta que ese tuerto es el rey.
Foto: Celebración del jugador Claudio Pizarro, que puede ser un claro ejemplo de que los éxitos personales, impulsados por la industria mediática, puede crear falsos ídolos.

jueves 7 de enero de 2010

Juan Rulfo: el desafío de la creación

Hoy se cumplen 24 años de la desaparición del mexicano Juan Rulfo (1917 - 1986), extraordinario narrador y uno de los que mejor ha reflejado el espíritu de su país y su cultura a través de la literatura. Su breve obra, además del conocido conjunto de relatos "El llano en Llamas" y la novela "Pedro Páramo", alcanza guiones de cine, fotografía, ensayo y reflexiones sobre la creación, y precisamente recupero este breve texto como uno de sus testamentos literarios. La caricatura es de la pluma del arequipeño Omar Zevallos, en cuyo blog se pueden ver otras notables muestras de su arte.


Por: Juan Rulfo
Desgraciadamente yo no tuve quién me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí.
Están ellos platicando; se sientan en sus equipajes en las tardes a contarse historias y esas cosas; pero en cuanto uno llega, se quedan callados o empiezan a hablar del tiempo: "hoy parece que por ahí vienen las nubes..." En fin, yo no tuve esa fortuna de oír a los mayores contar historias: por ello me vi obligado a inventarlas y creo yo que, precisamente, uno de los principios de la creación literaria es la invención, la imaginación. Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.
Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora, yo le tengo temor a la hoja en blanco, y sobre todo al lápiz, porque yo escribo a mano; pero quiero decir, más o menos, cuáles son mis procedimientos en una forma muy personal. Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, por caminos que uno desconoce pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere. Al mismo tiempo, se logra crear lo que se puede decir, lo que, al final, parece que sucedió, o pudo haber sucedido, o pudo suceder pero nunca ha sucedido. Entonces, creo yo que en esta cuestión de la creación es fundamental pensar qué sabe uno, qué mentiras va a decir; pensar que si uno entra en la verdad, en la realidad de las cosas conocidas, en lo que uno ha visto o ha oído, está haciendo historia, reportaje.
A mí me han criticado mucho mis paisanos que cuento mentiras, que no hago historia, o que todo lo que platico o escribo, dicen, nunca ha sucedido y es así. Para mí lo primero es la imaginación; dentro de esos tres puntos de apoyo de que hablábamos antes está la imaginación circulando; la imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. Así aparece otra cosa que se llama intuición: la intuición lo lleva a uno a pensar algo que no ha sucedido, pero que está sucediendo en la escritura.
Concretando, se trabaja con: imaginación, intuición y una aparente verdad. Cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer: el trabajo es solitario, no se puede concebir el trabajo colectivo en la literatura, y esa soledad lo lleva a uno a convertirse en una especie de médium de cosas que uno mismo desconoce, pero sin saber que solamente el inconsciente o la intuición lo llevan a uno a crear y seguir creando.
Creo que eso es, en principio, la base de todo cuento, de toda historia que se quiere contar. Ahora, hay otro elemento, otra cosa muy importante también que es el querer contar algo sobre ciertos temas; sabemos perfectamente que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas, así es que para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles; no repetir lo que han dicho otros. Entonces, el tratamiento que se le da a un cuento nos lleva, aunque el tema se haya tratado infinitamente, a decir las cosas de otro modo; estamos contando lo mismo que han contado desde Virgilio hasta no sé quienes más, los chinos o quien sea. Mas hay que buscar el fundamento, la forma de tratar el tema, y creo que dentro de la creación literaria, la forma -la llaman la forma literaria- es la que rige, la que provoca que una historia tenga interés y llame la atención a los demás.
Conforme se publica un cuento o un libro, ese libro está muerto; el autor no vuelve a pensar en él. Antes, en cambio, si no está completamente terminado, aquello le da vueltas en la cabeza constantemente: el tema sigue rondando hasta que uno se da cuenta, por experiencia propia, de que no está concluido, de que algo se ha quedado dentro; entonces hay que volver a iniciar la historia, hay que ver dónde está la falla, hay que ver cuál es el personaje que no se movió por sí mismo. En mi caso personal, tengo la característica de eliminarme de la historia, nunca cuento un cuento en que haya experiencias personales o que haya algo autobiográfico o que yo haya visto u oído, siempre tengo que imaginarlo o recrearlo, si acaso hay un punto de apoyo. Ése es el misterio, la creación literaria es misteriosa, y uno llega a la conclusión de que si el personaje no funciona, y el autor tiene que ayudarle a sobrevivir; entonces falla inmediatamente. Estoy hablando de cosas elementales, ustedes deben perdonarme, pero mis experiencias han sido éstas, nunca he relatado nada que haya sucedido; mis bases son la intuición y, dentro de eso, ha surgido lo que es ajeno al autor.
El problema, como les decía antes, es encontrar el tema, el personaje y qué va a decir y qué va a hacer ese personaje, cómo va a adquirir vida. En cuanto el personaje es forzado por el autor, inmediatamente se mete en un callejón sin salida. Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, precisamente, es la eliminación del autor, eliminarme a mí mismo. Yo dejo que aquellos personajes funcionen por sí y no con mi inclusión, porque entonces entro en la divagación del ensayo, en la elucubración; llega uno hasta a meter sus propias ideas, se siente filósofo, en fin, y uno trata de hacer creer hasta en la ideología que tiene uno, su manera de pensar sobre la vida, o sobre el mundo, sobre los seres humanos, cuál es el principio que movía las acciones del hombre. Cuando sucede eso, se vuelve uno ensayista. Conocemos muchas novelas-ensayo, mucha obra literaria que es novela-ensayo; pero, por regla general, el género que se presta menos a eso es el cuento. Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta. El poeta tiene que ir frenando el caballo y no desbocarse; si se desboca y escribe por escribir, le salen las palabras una tras otra y, entonces, simplemente fracasa. Lo esencial es precisamente contenerse, no desbocarse, no vaciarse; el cuento tiene esa particularidad; yo precisamente prefiero el cuento, sobre todo, sobre la novela, porque la novela se presta mucho a esas divagaciones.
La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas; ésa es, más o menos, la idea que yo tengo sobre la creación, sobre el principio de la creación literaria; claro que no es una exposición brillante la que les estoy haciendo, sino que les estoy hablando de una forma muy elemental, porque yo les tengo mucho miedo a los intelectuales, por eso trato de evitarlos; cuando veo a un intelectual, le saco la vuelta, y considero que el escritor debe ser el menos intelectual de todos los pensadores, porque sus ideas y sus pensamientos son cosas muy personales que no tienen por qué influir en los demás ni hacer lo que él quiere que hagan los demás; cuando se llega a esa conclusión, cuando se llega a ese sitio, o llamémosle final, entonces siente uno que algo se ha logrado.
Como todos ustedes saben, no hay ningún escritor que escriba todo lo que piensa, es muy difícil trasladar el pensamiento a la escritura, creo que nadie lo hace, nadie lo ha hecho, sino que, simplemente, hay muchísimas cosas que al ser desarrolladas se pierden.

miércoles 6 de enero de 2010

Salió el número 27 de Sieteculebras


Ya está en circulación el número 27 de la revista Sieteculebras, que impulsa, edita y dirige Mario Guevara, y que el 2010 cumple nada menos que diecinueve años de infatigable pero laboriosa tarea editorial.
Este número corresponde al periodo de diciembre del 2009 a marzo de 2010 y como ha sido su objetivo desde sus inicios, le da especial cabida a escritores y temas del interior del país, las mal llamadas "provincias" por los centralistas.
Hay una interesante entrevista al narrador Luis Nieto Degregori por el propio Guevara, donde se reitera la idea de que la prensa y los críticos limeños ignoran la literatura del resto del país porque en general ignoran desde siempre al resto del país. Gail Silverman habla de la escritura prehispánica de los incas y manifiesta que esta escritura incipiente se manifiesta en ceramios y textiles. Mauro Mamani Macedo escribe sobre la filosofía de Gamaliel Churata y Carolina Ortiz Fernández reflexiona sobre mujeres y poder en el siglo diecinueve, a propósito de la obra y el pensamiento de Clorinda Matto y Mercedes Cabello.
También hay artículos de Juan Zevallos Aguilar, Mario Wong, Miguel Paz, Julio Meza, Mario Pantoja, Rafael Ojeda, Gherson Linares, Luis Beiro y Jesús Manya; cuentos de Luis Alfonso Lagos y Roberto Vergaray, poesía de Ricardo Quesada, Adriana Arrieta Munguía, Jorge Gaitán Bayona y Alfredo Herrera Flores, así como una bien nutrida sección de reseñas y crítica literaria.

martes 5 de enero de 2010

Tres poemas de Alejandro Peralta

La Pontificia Universidad Católica del Perú acaba de publicar en dos tomos "Poesía vanguardista peruana", en los que reúne once poetas vanguardistas y reproduce las primeras ediciones de sus respectivos libros de poesía que marcaron la vanguardia peruana, además de una serie de documentos que complementan el espíritu cultural de una época que hasta hoy influye en la poesía nacional. Entre esos libros está "Ande" (1926), del puneño Alejandro Peralta (1899 - 1973), que si bien goza de prestigio por la alta calidad de su poesía y por la actitud fundacional de la corriente indigenista, sigue siendo un libro difícil de hallar. Antes la misma universidad había publicado "Ande" y "El Kollao", (imagen de arriba, 2006) lo que hace significar la importancia de este poeta que hay que seguir revalorando para fortalecer el espíritu andino que cubre toda nuestra cultura.
Aquí una breve muestra de la poesía de Peralta en "Ande".
l a p a s t o r a f l o r i d a
Los ojos golondrinos de la Antuca
se van a brincos sobre las quinuas
Un cielo de petróleo hecha a volar 100 globos de humo
Picoteando el aire caramelo
evoluciona una cuadrilla
de aviones orfeonidas
Hacia las basílicas rojas
sube el sol a rezar el novenario
Sale el lago a mirar las sementeras
El croar de las ranas se punza en las espigas
Los ojos de la Antuca
se empolvan al pasar por los galpones
Ha guturado la campana
el asma tatarabuela del pueblo
Din Don Dilin Dooon
-como tijeras de trasquila
se han hundido en el vellón de las ovejas
Pobre Antuquita
Todo el día detrás de la majada
Hecha un ovillo sobre las piedras
se ha ido tan lejos
Se va a quedar en media pampa
acorralada entre los cerros
El barro de los fangos
ha ensuciado el camino bengala de sus ojos
Para qué habrá ido sola al pastoreo
con tantos duraznos abridores
i las caderas reventonas
Tiene la boca llena de tierra quemante
Un kelluncho le brinca sobre las parietales
Bajo un kolli pordiosero
ha hecho acrobacias locas con el Silvico
en el trapecio de sus nervios
I SE HAN BAJADO LAS CARNES
I HAN HECHO CANTAR LA HONDA
Los ojos golondrinos de la Antuca
se van
planeando
por las cabañas...
a g u a f u e r t e
Sobre una pared trunca
el sol se ha roto un ala
siento un vaho de sangre que me quema
estar solo i al borde de este charco de sangre
i no tener quien grite por mi boca
Cómo será de triste mi cuerpo
cuando sea esta misma hora de durazno
i cante una mujer junto al río
lengua salada
de cantos mañaneros
i me vaya amarrado
SOBRE LOS HOMBROS DE CUATRO ESQUELETOS
l u n a r i o m u s i c a l
Se han volcado las fuentes de la luna
i mi cuarto es un lago de aromas
Beethoven
en la penumbra se alborota la melena
El silencio se moja la nuca bajo una ducha de estrellas
En mi boca - cilindro musical
juega como un confite el plenilunio

viernes 1 de enero de 2010

Camus por Castillo, a 50 años de su muerte



Larga, interesante e inteligente entrevista a Abelardo Castillo en la Revista Ñ, a propósito de los cincuenta años de la muerte del escritor Albert Camus.


Por: Ariel Dilon

La lluvia contiene el aliento con paciencia de francotirador. Es una de esas noches previas a la Navidad en Buenos Aires –sobre mugrosa, mojada– y en calles no lejanas se duerme y se muere entre cartones que envolvieron baratijas venidas de Taiwán. El absurdo del mundo acecha, como dice Camus, "a la vuelta de cualquier esquina", y el calor evoca vaticinios de fin del mundo, parece imponer a los seres humanos de su destino colectivo, de su inescapable historicidad: la certeza de que finalmente todos –los de la sartén por el mango y los que han vivido y sufrido para echar en ella los frutos de la tierra, y los que han recibido las sobras del banquete, y los que han mirado hacia otra parte– nos coceremos en el mismo caldo recalentado. Y sin embargo, ventanas adentro, hay todavía la posibilidad de un ámbito sereno, un estudio pulcro y ordenado, con sus cuatro paredes barrocamente recubiertas por el tesoro de los libros venerables y queridos, donde un escritor cita de memoria y casi sin error un párrafo de El mito de Sísifo, el famoso ensayo de 1942 en el que Albert Camus fundamentaba su filosofía del absurdo: "Suele suceder que los decorados se derrumben. Levantarse, tomar el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo, es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día..."

Seguramente es ya un "derrumbe de los decorados" lo que a su manera oscura prefiguraba el genio de Kafka en 1915 (cuando Camus era apenas un pichón de pied noir) y que podría colocarse, con toda naturalidad, a continuación de aquella cláusula del "pero un día": "[Pero] una mañana, Gregor Samsa despertó de un sueño intranquilo y se encontró convertido en un enorme insecto".

Y el hombre que día tras día se levanta y toma el tranvía podría ser el mismo que, antes y después de El mito de Sísifo, despojaba Beckett de todo menos la remota nostalgia de un sentido: "[Pero] el sol brillaba, no teniendo otra alternativa, sobre lo nada nuevo" (Murphy, 1938); "[Pero] pronto, a pesar de todo, estaré por fin completamente muerto" (Malone muere, 1952). Ese reconocimiento atraviesa toda la cultura de nuestra época.

Pero, pero, pero... pocos, entre nosotros, han hecho tan explícitamente suyo ese "pero" como Abelardo Castillo, quien en 1961 –apenas un año después de la muerte "absurda" de Albert Camus en un accidente automovilístico el 4 de enero de 1960– incluía en su primer volumen de cuentos, Las otras puertas, el memorable relato "Also sprach el señor Núñez" (clara alusión al Nietzsche que hay detrás de todo Camus bien leído), el cual arranca precisamente así: "Pero un lunes, sin aviso previo, Núñez llegó a la Pirotecnia con una valija, o tal vez era un baúl grandioso, descomunal, pasó por la portería a las diez y media, no marcó tarjeta, no subió al guardarropa. Abrió la puerta vaivén de un puntapié y dijo:

–Buen día, miserables.

""Lo que está antes del 'pero' es la frase de Camus –declara Castillo en la calma de su estudio, en la vieja casa donde él y su pareja, Sylvia Iparraguirre, han construido un doble refugio de vida en común y escrituras solitarias–; frase que yo todavía no había leído, eso es lo curioso, pero que sentía con mucha fuerza. Es la irrupción del absurdo, dice Camus: 'Pero un día surge el por qué y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro'. Es como si en ese momento, con ese movimiento de la conciencia, cambiara todo. También es el momento en que se empieza a ser consciente del tiempo y de la propia precariedad."

Los argelinos

Venir a hablar de Camus con Abelardo Castillo no es una arbitrariedad impuesta por la efeméride o por el ingenio contorsionista de un editor a la caza de un "tratamiento periodístico". Camus murió hace cincuenta años y, aquí y ahora, cuando su nombre parece haber dejado de acudir a los labios de quienes enumeran influencias, hay pocas memorias tan lúcidas como la del autor de El que tiene sed y Crónica de un iniciado a las que apelar en busca de una visión especular de aquello que, desde mediados del siglo XX, marcó debates políticos y culturales decisivos a ambos lados del Atlántico. Si de efemérides se trata, poco antes y poco después de la muerte de Camus se concentran, para Castillo, algunas fechas decisivas. En 1959 era premiado con la publicación y representación de su primera obra teatral, El otro Judas (donde el tema de la traición y la culpa pone en acto la cuestión de la responsabilidad individual, tema tan afín a los del existencialismo y el propio Camus); ese mismo año fundó junto con Arnoldo Liberman, Humberto Constantini y otros la revista de literatura El Grillo de Papel, de la que llegaron a aparecer seis números antes de que, en 1960, el gobierno de Arturo Frondizi la prohibiera por su clara filiación marxista. En 1961, Castillo reincidió al fundar –junto con Liliana Heker– la revista El Escarabajo de Oro, que aparecería hasta 1974 y que llegó a ser una de las publicaciones más influyentes y representativas de aquella época, como en la década anterior lo había sido Contornos. El escarabajo de oro puso en circulación textos de Miguel Angel Asturias, Cortázar, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Beatriz Guido, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sabato, Dalmiro Sáenz; y dio por primera vez espacio a Liliana Heker, Ricardo Piglia, Miguel Briante, Alejandra Pizarnik, Haroldo Conti. En el marco de la "Biblioteca El Escarabajo de Oro", en 1964, Castillo y Heker editaron en un volumen hoy casi inhallable la famosa Polémica Sartre/Camus que había tenido lugar en 1951 en Les Temps Modernes, dirigida por Sartre, a raíz de una crítica a El hombre rebelde de Camus escrita por Francis Jeanson, y que por el 53 o el 54 Castillo había leído en las páginas de Capricornio, otra revista mítica que supo dirigir Bernardo Kordon.

"Mi primera lectura de Camus fue casi simultánea con el descubrimiento de Sartre –dice Castillo–. Yo tenía 18 o 19 años, y con un amigo de San Pedro leíamos la polémica Sartre/Camus a la sombra de un árbol. Lo que da la medida de la irradiación que tenían esos nombres en esa época. Porque no es Buenos Aires, no es el Petit Café o El Aguila donde estaban los existencialistas, o la Facultad de Filosofía; es un pueblo de la provincia de Buenos Aires que no se caracteriza por sus relaciones con la filosofía contemporánea. Eso llegaba casi a todos lados de una manera muy inmediata, se publicaban ciertas cosas en Francia y acá salían en las revistas literarias. Sartre me llevaba treinta años, y Camus veintitantos, pero uno los sentía como a sus contemporáneos. Esa cercanía empieza con la generación de Contorno, tal vez los primeros lectores de Sartre aquí, aunque ellos tomaron más el Sartre de la noción del compromiso en literatura, cosa que a mí nunca me interesó demasiado. Yo me interesé en la filosofía existencialista, en el Sartre posterior, que relee la noción de compromiso. Con él aprendí a pensar, y saqueé sus libros porque quería esa influencia. La influencia de Camus, por lo menos en mí, fue menor que la de Sartre; pero por una razón paradojal. Es como si yo ya hubiera venido influido por Camus. No necesitaba su influencia, porque su visión del mundo era algo que me era constitutivo. Pertenecía a mi propia experiencia. Hoy citaba Sylvia (Iparraguirre) ese pasaje de El primer hombre en que el narrador habla de su padre: 'Lo que odiaban de él era el argelino'. Es algo que yo he sentido muy fuertemente dentro de la intelectualidad de Buenos Aires. Siempre me sentí como una especie de argelino, uno venido de afuera, que se las arregla como puede.

La edición de la polémica por El Escarabajo de Oro, además de las cartas de Camus a Sartre y de Sartre a Camus, reponía la reseña crítica de Jeanson y un epílogo de éste a la controversia, cuyo detonante fue la reacción de Camus a las críticas recibidas por su libro y que marcó el distanciamiento de esas dos personalidades de la cultura francesa. Además, incluía el texto que años más tarde dedicaría Sartre a la memoria del antiguo amigo y camarada y que se reproduce en estas páginas (véase "El cartesiano del absurdo"). "Siempre se le ha criticado a Camus, sobre todo en su último año, la ruptura con la llamada 'izquierda'. Camus se atrevió a decir cosas que en ese momento yo también criticaba –confiesa Castillo– porque entonces quería estar más cerca de Sartre, aunque espiritualmente me sentía más cerca de Camus. Llegó a decir: 'Si la verdad estuviera a la derecha, yo iría a buscarla ahí'. Era una especie de blasfemia, en el mundo de la posguerra, en el mundo de Sartre, decir eso. Pero es de la mayor lucidez, porque las verdades están en cualquier parte y hay que ir a buscarlas donde estén, no de acuerdo con un presupuesto ideológico previo. Lo que separa a Camus de Sartre no es en absoluto la filosofía o su relación con el mundo o su actitud ante la vida; es una cuestión meramente política. La discusión de ellos pasa por esto: ¿era prudente o no hablar entonces de los campos de concentración soviéticos? Ese era el nudo de la cuestión."

Para el 64, el editor de El Escarabajo de Oro ya no era el adolescente que quería dejarse influir por la irradiación del pensamiento sartreano, y a la hora de rescatar la discusión entre Camus y Sartre en su propia revista podía ver un anuncio de sus propias controversias: "En el 59 o 60 se desata la polémica mía con Héctor Agosti. Lo que se discutía era si era razonable y conveniente discutir con el Partido Comunista en ese momento, cuando era perseguido; si era hacerle el juego a la derecha o no. Esa polémica la publiqué tiempo después, en un libro que se llama Discusión crítica a 'La crisis del marxismo', porque en ese momento, aunque Liberman decía que había que publicarla y que las verdades deben ser dichas en el momento, yo sostenía que no era oportuno, digamos, porque era como darle a la derecha una herramienta servida en bandeja. Discusión permanente de los intelectuales argentinos, que no necesitan ser sólo argentinos ni sólo intelectuales. Todos estábamos como cargados de responsabilidad; no estaría mal que volviera un poco eso porque dan escalofríos, hoy, la falsa responsabilidad y la banalización de las ideas".

Es posible que Camus necesitara librarse de la enorme sombra proyectada por Sartre a su alrededor. Castillo señala ese párrafo de El mito de Sísifo donde Camus habla del absurdo como "lo inhumano" que "también los hombres segregan": "Este malestar ante la inhumanidad del hombre mismo, esta caída incalculable ante la imagen de lo que somos, esta 'náusea', como la llama un autor de nuestros días, es también lo absurdo". "Es notable –dice Castillo– que en este libro se cite con nombre y apellido a Malraux, a Jaspers, a Husserl, a Heidegger, a Kierkegaard, y que a su amigo Sartre no lo haya nombrado. Decir 'náusea' es decir Sartre; pero todo lo que nosotros buscábamos acá, ser sartreanos, ser existencialistas ateos, ser camuseanos..., a Camus parece que le molestaba mucho. Sin duda el peso de Sartre debe haber sido en Francia más o menos como el peso de Borges en la Argentina o el de Neruda en Chile. Y Camus era un hombre demasiado singular, que no tenía ningún interés en que lo confundieran con los otros, que no quería parecerse a nadie."

"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio", escribió Camus. La radicalidad de la declaración que inicia El mito de Sísifo tenía que tener necesariamente un eco en el espíritu afín de Castillo. "La irrupción de Camus en mi generación –dice el escritor argentino–, es a partir de ese libro. Pero uno de los errores de interpretación más frecuentes al leerlo es decir que se trata de una especie de exaltación del suicido, o una defensa del suicidio, cuando es todo lo contrario. Lo que Camus se proponía era mostrar que, pese a que tal vez la vida no merece ser vivida, la elección de la vida es un acto de soberana libertad. Como él señala, casi nunca los grandes pensadores pesimistas, los que han abominado de la vida, se han matado. El caso típico es Schopenhauer; también podríamos mencionar a Cioran. Y sí suelen matarse los grandes amadores de la vida. Esa canción que dice: 'Gracias a la vida / que me ha dado tanto' fue escrita por una suicida. Maiacovsky, el gran exaltador de la vida, termina matándose. Es el que idealiza el mundo el que va a sufrir la desilusión más terrible. Lo que Camus hace es demostrar las razones por las que un hombre debe vivir. Y a su manera lo consigue."

Si Sartre definió a Camus como un cartesiano de la moral, no deja de haber en ello –aun en el marco del panegírico– un señalamiento crítico. Aunque Sartre estaba en desacuerdo con los maoístas, en cierto momento juzgó oportuno poner su prestigio de ese lado. "Camus nunca hubiera hecho eso porque Camus necesitaba que la verdad fuera un absoluto –dice Castillo–. Tal vez era más ingenuo en ese sentido, y mucho menos práctico. Pero creo que ése es el gran legado de Camus. Porque lo que nos falta hoy son hombres terriblemente éticos que no hagan ninguna concesión, que vayan a buscar la verdad adonde esté, no en el eslogan o en la ideología previa".

Un poco de literatura

Si se trata del contacto primordial entre el escritor Camus y el lector Castillo, en términos más estrictamente literarios, las opiniones de Castillo tienen la misma contundencia que los debates ideológicos. "Lo primero de Camus que me dio vuelta del revés fue Calígula. Sigo creyendo que es una de las tres o cuatro grandes obras de teatro del siglo XX junto con Galileo Galilei de Brecht, El diablo y Dios de Sartre y alguna más, y de las más grandes entre las piezas de corte histórico. Contiene todos los grandes temas de Camus. En la última escena de mi obra Israfel, cuando Israfel frente al espejo tira la botella, no hace falta ser un lince para darse cuenta de que hay una influencia poderosa del Calígula de Camus, que dice frente al espejo: 'estoy vivo todavía'. Esa última frase es como la corporización del mito de La peste, por entonces aún no escrita. Es la peste que siempre está latente, dispuesta a surgir en cualquier momento. Cuando Camus le hace decir a Calígula 'estoy vivo todavía', en realidad está haciendo hablar a lo que Calígula significa en la pieza; es decir: 'yo soy la peste'. Después cayó en mis manos El extranjero, que no es el libro de Camus que más me gusta. Siempre me ha gustado mucho más La caída. El extranjero revolucionó las letras de su tiempo, pero entonces yo ya había leído La náusea y no podía dejar de cotejarlo: sentía que La náusea era mucho más poderoso. Sin embargo, hoy no sabría decir cuál de los dos escritores era mejor creador literario, porque para juzgar a Camus tenés que leer no sólo El extranjero sino también La caída, La peste, los relatos de El exilio y el reino, y sobre todo la obra que se encuentra después de la muerte de Camus, El primer hombre, que para mí es su mejor obra, de alguna manera mejorada por el hecho de que Camus no la pudo terminar. Camus tenía tendencia a ornamentar demasiado, y eso se nota en su prosa ensayística. Pienso que obras como El primer hombre, como Calígula o La caída se escriben muy rara vez en la historia".

Castillo prepara hoy, bajo el título de Desconsideraciones, una edición de sus propios ensayos que no casualmente incluirá un texto suyo sobre Camus, "El argelino silencioso". El texto busca en la muerte de Camus las claves para leer su vida y su obra: "Cuando Camus, absurdamente, se mató en un accidente automovilístico tenía 46 años. Absurdamente: escribir que esta muerte prematura fue absurda no es intercalar un adverbio emotivo, sino aceptar las leyes del mundo espiritual de Camus. En un universo absurdo, la muerte, si no se la ha elegido, es una contingencia tan irrazonable como la vida. [ ...] Justamente por absurda, la muerte de Camus se constituyó como destino. Cuando tenía treinta años, escribió: 'Existe un hecho evidente que parece enteramente moral: un hombre es siempre presa de sus verdades. Una vez que las reconoce no puede apartarse de ellas. No hay más remedio que pagarlas'. Tuberculoso desde la adolescencia, sobreviviente de la miseria africana, de la guerra, del suicidio –escribió un libro entero para justificar el no matarse y exaltar la esperanza en un mundo que afirma la desesperación y niega la vida–, parecía inmunizado contra la muerte. Sólo podía matarlo el azar. Pero, si es cierto que siempre pagamos por nuestras verdades, el azar es una forma secreta del destino. 'Mi obra no ha comenzado', solía decir. En Estocolmo, en su discurso ante la academia sueca, se describió a sí mismo como un hombre 'cuya obra está todavía en el telar'. Se tiene la tentación de creerle. El extranjero, La peste, La caída, unas pocas piezas de teatro, de las cuales sólo una (Calígula) puede ser considerada definitiva, algunos relatos y ensayos impecablemente escritos, conforman la obra total de Camus", escribe Castillo, en consonancia con la invitación de Sartre, que afirmaba: "Habrá que aprender a ver esta obra mutilada como una obra total".


Fotos: Arriba, Castillo, publicado en la Revista Ñ, de Argentina; abajo, Camus, en clásica pose.