lunes 22 de noviembre de 2010

Ana María Matute espera el Cervantes


Está a punto de otorgarse el Premio Cervantes de Literatura de este año, el más importante de la lengua española y que precisamente este año le correspondería a un autor ibérico. La novelista Ana María Matute es una de las favoritas, ella cree que no se lo darán, pero igual espera y prepara una reacción acorde con su edad.
Transcribimos fragmentos de la entrevsta que le hace Sergi Doria para ABC de España. La nota completa la pueden leer aquí. La foto también es de ABC.

Supongamos que le han concedido el premio Cervantes de Literatura. Primeras palabras.
—No me lo van a dar, aunque me encantaría… No voy a hacerme ilusiones. ¡Son tantos años!, pero no creo que me lo den. Mira hijo, yo qué sé.
—El primer premio que ganó estaba dotado con… una peseta.
—Era para la gente que empezaba. Me lo dieron en la tertulia del café Turia de Barcelona por un cuento titulado «No hacer nada».
—Destino ha reeditado sus cuentos en «La puerta de la luna». Casi novecientas páginas y unas fotos en las que está usted muy guapa. ¿Cómo ha envejecido la Matute?
—La Matute no ha cambiado. Más bien ha evolucionado. Una vez cumplidos los 16 años es difícil que tu personalidad cambie. Son las experiencias —buenas o malas— las que te hacen evolucionar. He conocido mucha gente y, sobre todo, he podido viajar. Los de mi generación no podíamos salir tan fácilmente de España y de joven yo me moría por ver París o Londres.

Fiel a su genio, responde así también:

—¿Cómo lleva la Real Academia?
—Víctor García de la Concha me lo propuso y le pregunté qué había que hacer allí porque… yo soy muy vaga. Aquel año se lo dieron a Ángel González y al año siguiente a la «matutita». Yo nunca he ido a menear el rabo para que me den cosas, que quede claro. Siempre me han llamado.
—¿Y qué le parece que a la Y griega le llamen «ye»?
—Que lo importante es lo que se escribe. La Y griega me gustaba más porque me recordaba cuando estudiaba griego en Bachillerato. Otra cosa que se ha perdido en la educación actual.
—¿Y lo de «todos y todas» hasta llegar a lo de «miembros» y «miembras»?
—A mí todo eso me queda lejos, me importa un pepino.