lunes, 11 de octubre de 2010

Luis "Cholo" Nieto: Centenario


Esta semana se celebra el centenario del nacimiento de Luis Nieto Miranda, "el Cholo Nieto". Figura emblemática de la cultura cusqueña y de la literatura latinoamericana. Como siempre, casi ninguneado por la oficialidad y el centralismo pero celebrado por estudiantes, campesinos, obreros e intelectuales que vieron en él un ejemplo de valor y entrega para defender sus intereses y enfrentarse a la injusticia y el abuso de poder. La literatura peruana le debe el ser una de las voces más importantes del indigenismo y el "cholismo" gracias a una obra balanceada, culta y coherente respecto a la mirada del ciudadano andino en un país absorvido y cegado por la cultura occidental. Activo miembro del Partido Comunista, entusiasta profesor de literatura, explosivo defensor de los intereses de su pueblo, vehemente y apasionado parlamentario, bohemio incontenible, infatigable cultor de la palabra, asiduo visitante de chicherías y picanterías, Luis Nieto ha dejado todo un mundo literario que no está siendo bien leído, revisado, analizado ni revalorado. Para sumarnos a esta celebración repasamos algunos de sus más notables poemas.

Luis Nieto nació en Sicuani, Cusco, el 10 de octubre de 1910 y murió en Barranco, Lima, en 1997. Ha publicado poesía, ensayos y artículos periodísticos.



Canción para los héroes del pueblo


Venid a ver a los hombres
que mataron los soldados.
Parece que aun sonríen
a la Libertad sus labios.

Venid a ver a los niños.
Un galope de caballos
rubricó sobre sus sienes
la maldición de sus cascos.

Venid a ver a los pobres
muertos de veinte balazos.
Hasta los mismos fusiles
les admiraban sonámbulos.

Y ved a los estudiantes
con sus ojos enlutados,
allí donde antes vivía
una población de pájaros.

Amaban la libertad
tal como la aman los bravos.
Para matarlos fue urgente
lo hicieran a cañonazos.

¡Venid a ver a los héroes!
¡Venid a verlos, hermanos!
Están aquí con sus pechos
de sangre condecorados.

Que formen guardia de guerra
brigadas de milicianos
y que sus tumbas vigilen
los volcanes milenarios.

Y en vez que cubran sus cuerpos
tristes banderas de llanto,
hagámosles un incendio
de himnos revolucionarios.

¡No han muerto! Contra los nuestros
nada pueden los disparos.
En el corazón del pueblo
ellos vivirán mil años.

¡Y ahora nada de lágrimas!
¡Puños y pechos blindados!
¡Y a pelear como leones
porque ellos no han muerto en vano!


Última voluntad

Para mis hijos

Aquí me tienen solo, sin rendirme,
mis viejas cicatrices me acompañan.
Aquí estoy con mi fe en el pueblo al tope
y una terca consigna de batalla.

Con mi sangre que quema sus hilachas,
con mis luchas que nunca dieron tregua,
quise un mundo de paz sin sobresaltos,
en una patria libre de miserias.

Combatí junto al pobre. Por su causa
me llovieron prisiones y destierros,
y al final traje una fe invencible
en el triunfo final de nuestros pueblos.

Cumplí mi parte. Ahora ya mi vida
puede ser derribada de un hachazo…
¡Echad sobre la tierra que me acoja
un puñado de brasas y de cantos!

Presencia y muerte

Y fue en aquella hora
del llanto de los veleros que se iban
interrumpiendo el sueño de las guitarras;
fue el minuto mismo
de las palabras mustias y deshojadas,
de mi pañuelo herido, ya sin congoja,
cuando tu corazón como un navío
se hundía entre montañas de silencio,
cuando la voz agónica de las sirenas
se quebraba en el aire
como el lamento de un animal herido.
Todo murió aquel día
en que confiaste al mar nuestro secreto
ante la roca amarga
partida de lágrimas como una novia.
Ya para qué decirnos nada
si ya todo lo dijeron
los faroles caídos en el agua
y aquellos peces tristes, atravesados de frío,
que se veían moriral borde de tus lágrimas.