
La sudafricana Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura de 1991, es entrevistada por Alberto Lati para Letras Libres, y en esa conversación la autora de "La suave voz de la serpiente" recuerda su niñez, sus amigos y revela afinidades y antipatías, algunas ideas hay que tomar en cuenta. Me he tomado la libertad de reproducir algunos fragmentos, con una opinión respecto al mundial de fútbol que se celebra en su país, la entrevista completa se puede leer en la última edición de la revista española.
Entrevista de Alberto Lati
Infancia
Vengo de un entorno de clase media. Mi madre vino de Inglaterra, y mi padre, de Letonia, un humilde refugiado de la Rusia zarista que llegó sin hablar el idioma y que verdaderamente tuvo que batallar. Aunque no poseía muchos estudios, era un hombre inteligente, y poseía un don para los idiomas que lamentablemente no heredé. Pronto habló un inglés fluido, agarró algo del afrikáans, que también era necesario, y hasta se metió a una mezcla, el fanagaló. Vivíamos en el barrio donde mi padre vendía relojes y otras piezas de joyería. Yo vivía una vida dedicada enteramente a los estudios. Fui a un convento-escuela, de puras niñas, claro, y todas blancas. Si ahorrábamos algo de morralla para el sábado, íbamos al cine, y las películas eran sólo para blancos. Era una dedicada bailarina, no sin talento, y las clases de baile, claro, eran también sólo para blancas. Pero más importante es que mi madre me inscribió cuando yo tenía seis años, junto con mi hermana, en la biblioteca infantil, y eso me perdió en los libros. Pronto fui moviéndome fuera de la sección de libros infantiles a los que quisiera tomar. Cuando veo atrás, es increíble lo que llegué a leer en esa época. Pero si hubiera sido una niña negra no hubiera podido ser miembro de esa biblioteca, no hubiera podido tomar ninguno de esos libros. Pienso, entonces, que si hubiera sido negra jamás me hubiera convertido en escritora, porque la única educación para un escritor es leer, leer y leer.
Lenguas africanas
Si de algo me arrepiento, si algo me avergüenza, es que nunca aprendí una de nuestras nueve lenguas africanas. Tenemos once, incluyendo el inglés y el afrikáans, que tuve que estudiar. Todavía hoy, si estoy en un cuarto lleno de camaradas y me salgo a traer bebidas o té, cuando vuelvo y se han soltado a hablar en sus propios idiomas, siento que he irrumpido en un país foráneo que es, al mismo tiempo, mi propio país. Es mi culpa: debí haber estudiado uno de esos idiomas cuando era más joven, pero, por supuesto, nuestras escuelas no lo enseñaban. Ahora ya lo hacen, aun las escuelas privadas. La gente tiende a elegir zulú porque se ha convertido en una especie de lengua franca a la que casi todos se adaptan o con la que consiguen darse a entender.
Escritura
La idea de que la inspiración brota por sí sola es propia de gente que no es escritora. Porque escribir es resultado de tu propio desarrollo, del desarrollo de tus propias emociones y, por supuesto, de tus relaciones con el mundo exterior, con lo social y lo político. La necesidad de escribir viene de esos dos impulsos: de lo que te sucede dentro y de lo que te viene impuesto desde la sociedad, el país, la política, la moral.
La ficción brota de una necesidad extraña de encontrarle sentido a la vida, lo cual viene tanto de la presión sociopolítica a tu alrededor como de tu propia evolución mientras vas creciendo, de tus emociones, de tus ideas, de tus relaciones. Entonces creo que la verdad está ahí. Escribo no ficción, por otra parte, con el objetivo de ilustrar algo en lo que creo, o para persuadir. No soy propagandista, pero mi no ficción, más si trata de temas políticos, quiere persuadir respecto a un punto de vista.
Mundial de Futbol
Se sabe que la verdadera regla del gobierno para mantener a la gente tranquila es pan y circo, y aquí viene este gran circo. Desafortunadamente para mucha gente el pan todavía falta. Ahora, tampoco quiero ser aguafiestas: permitamos que la gente disfrute. También es cierto que hay mucha gente muy materialista que quiere venir acá a hacer grandes negocios muy rápido, ya sea importando cuatrocientas prostitutas o distribuyendo drogas. Es un aspecto muy desafortunado, quizá parte de ese circo. Espero que también traiga algo de pan, pan en el sentido de dinero y desarrollo. Pero no lo creo.
Yo nunca practiqué ningún deporte. Muchos de mis amigos son grandes entusiastas y respeto eso, a veces incluso los he envidiado. Mi esposo, por ejemplo, era un gran jinete, quiso enseñarme pero yo tenía mucho miedo a las bestias. Todos tenemos diferentes placeres y sitios para volcar nuestras energías. Nunca pensaría que haya algo malo con el futbol, cualquier actividad en la que ocupemos el cuerpo de esa forma es agradable de ver.Yo no puedo entender la diferencia entre patear un balón o levantar la maldita cosa esa, el balón de rugby, y lanzarla, aunque supongo que no debo hablar de lo que no entiendo.
Vengo de un entorno de clase media. Mi madre vino de Inglaterra, y mi padre, de Letonia, un humilde refugiado de la Rusia zarista que llegó sin hablar el idioma y que verdaderamente tuvo que batallar. Aunque no poseía muchos estudios, era un hombre inteligente, y poseía un don para los idiomas que lamentablemente no heredé. Pronto habló un inglés fluido, agarró algo del afrikáans, que también era necesario, y hasta se metió a una mezcla, el fanagaló. Vivíamos en el barrio donde mi padre vendía relojes y otras piezas de joyería. Yo vivía una vida dedicada enteramente a los estudios. Fui a un convento-escuela, de puras niñas, claro, y todas blancas. Si ahorrábamos algo de morralla para el sábado, íbamos al cine, y las películas eran sólo para blancos. Era una dedicada bailarina, no sin talento, y las clases de baile, claro, eran también sólo para blancas. Pero más importante es que mi madre me inscribió cuando yo tenía seis años, junto con mi hermana, en la biblioteca infantil, y eso me perdió en los libros. Pronto fui moviéndome fuera de la sección de libros infantiles a los que quisiera tomar. Cuando veo atrás, es increíble lo que llegué a leer en esa época. Pero si hubiera sido una niña negra no hubiera podido ser miembro de esa biblioteca, no hubiera podido tomar ninguno de esos libros. Pienso, entonces, que si hubiera sido negra jamás me hubiera convertido en escritora, porque la única educación para un escritor es leer, leer y leer.
Lenguas africanas
Si de algo me arrepiento, si algo me avergüenza, es que nunca aprendí una de nuestras nueve lenguas africanas. Tenemos once, incluyendo el inglés y el afrikáans, que tuve que estudiar. Todavía hoy, si estoy en un cuarto lleno de camaradas y me salgo a traer bebidas o té, cuando vuelvo y se han soltado a hablar en sus propios idiomas, siento que he irrumpido en un país foráneo que es, al mismo tiempo, mi propio país. Es mi culpa: debí haber estudiado uno de esos idiomas cuando era más joven, pero, por supuesto, nuestras escuelas no lo enseñaban. Ahora ya lo hacen, aun las escuelas privadas. La gente tiende a elegir zulú porque se ha convertido en una especie de lengua franca a la que casi todos se adaptan o con la que consiguen darse a entender.
Escritura
La idea de que la inspiración brota por sí sola es propia de gente que no es escritora. Porque escribir es resultado de tu propio desarrollo, del desarrollo de tus propias emociones y, por supuesto, de tus relaciones con el mundo exterior, con lo social y lo político. La necesidad de escribir viene de esos dos impulsos: de lo que te sucede dentro y de lo que te viene impuesto desde la sociedad, el país, la política, la moral.
La ficción brota de una necesidad extraña de encontrarle sentido a la vida, lo cual viene tanto de la presión sociopolítica a tu alrededor como de tu propia evolución mientras vas creciendo, de tus emociones, de tus ideas, de tus relaciones. Entonces creo que la verdad está ahí. Escribo no ficción, por otra parte, con el objetivo de ilustrar algo en lo que creo, o para persuadir. No soy propagandista, pero mi no ficción, más si trata de temas políticos, quiere persuadir respecto a un punto de vista.
Mundial de Futbol
Se sabe que la verdadera regla del gobierno para mantener a la gente tranquila es pan y circo, y aquí viene este gran circo. Desafortunadamente para mucha gente el pan todavía falta. Ahora, tampoco quiero ser aguafiestas: permitamos que la gente disfrute. También es cierto que hay mucha gente muy materialista que quiere venir acá a hacer grandes negocios muy rápido, ya sea importando cuatrocientas prostitutas o distribuyendo drogas. Es un aspecto muy desafortunado, quizá parte de ese circo. Espero que también traiga algo de pan, pan en el sentido de dinero y desarrollo. Pero no lo creo.
Yo nunca practiqué ningún deporte. Muchos de mis amigos son grandes entusiastas y respeto eso, a veces incluso los he envidiado. Mi esposo, por ejemplo, era un gran jinete, quiso enseñarme pero yo tenía mucho miedo a las bestias. Todos tenemos diferentes placeres y sitios para volcar nuestras energías. Nunca pensaría que haya algo malo con el futbol, cualquier actividad en la que ocupemos el cuerpo de esa forma es agradable de ver.Yo no puedo entender la diferencia entre patear un balón o levantar la maldita cosa esa, el balón de rugby, y lanzarla, aunque supongo que no debo hablar de lo que no entiendo.
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