miércoles 30 de diciembre de 2009

Caín, por Saramago


A propósito de reflexiones sobre las fiestas y las perspectivas de año nuevo, vale la pena leer, y analizar, y tomar en cuenta algunas ideas más allá de las comunes buenas intenciones, que son bienvenidas y muy necesarias.


Por: José Saramago

Cuando el señor, también conocido como dios, se dio cuenta de que a adán y eva, perfectos en todo lo que se mostraba a la vista, no les salía ni una palabra de la boca ni emitían un simple sonido, por primario que fuera, no tuvo otro remedio que irritarse consigo mismo, ya que no había nadie más en el jardín del edén a quien responsabilizar de la gravísima falta, mientras que los otros animales, producto todos ellos, así como los dos humanos, del hágase divino, unos a través de mugidos y rugidos, otros con gruñidos, graznidos, silbos y cacareos, disfrutaban ya de voz propia. En un acceso de ira, sorprendente en quien todo lo podría solucionar con otro rápido fíat, corrió hacia la pareja y, a uno y luego al otro, sin contemplaciones, sin medias tintas, les metió la lengua garganta adentro.
En los escritos en los que, a lo largo de los tiempos, se han ido consignando de forma más o menos fortuita los acontecimientos de esas remotas épocas, tanto los de posible certificación canónica futura como los que eran fruto de imaginaciones apócrifas e irremediablemente heréticas, no se aclara la duda de a qué lengua se refería, si al músculo flexible y húmedo que se mueve y remueve en la cavidad bucal y a veces fuera, o al habla, también llamado idioma, del que el señor lamentablemente se había olvidado y que ignoramos cuál era, dado que no quedó el menor vestigio, ni tan siquiera un corazón grabado en la corteza de un árbol con una leyenda sentimental, algo tipo te amo, eva. Como una cosa, en principio, no va sin la otra, es probable que otro objetivo del violento empellón que el señor les dio a las mudas lenguas de sus retoños fuese ponerlas en contacto con las interioridades más profundas del ser corporal, las llamadas incomodidades del ser, para que, en el porvenir, y con algún conocimiento de causa, se pudiera hablar de su oscura y laberíntica confusión, a cuya ventana, la boca, ya comenzaban a asomar. Todo puede ser. Como es lógico, por escrúpulos de buen artífice que sólo le favorecían, además de compensar con la debida humildad la anterior negligencia, el señor quiso comprobar que su error había sido corregido, y así le preguntó a adán, Tú, cómo te llamas, y el hombre respondió, Soy adán, tu primogénito, señor. Después, el creador se dirigió a la mujer, Y tú, cómo te llamas tú, Soy eva, señor, la primera dama, respondió ella innecesariamente, dado que no había otra. El señor se dio por satisfecho, se despidió con un paternal Hasta luego, y se fue a su vida. Entonces, por primera vez adán le dijo a eva, Vámonos a la cama.
Set, el hijo tercero de la familia, sólo vendrá al mundo ciento treinta años después, no porque el embarazo materno necesitase tanto tiempo para rematar la fabricación de un nuevo descendiente, sino porque las gónadas del padre y de la madre, los testículos y el útero respectivamente, tardaron más de un siglo en madurar y desarrollar suficiente potencia generadora. Hay que decirles a los impacientes que el fíat ocurrió una vez y nunca más, que un hombre y una mujer no son máquinas de rellenar chorizos, las hormonas son cosas muy complicadas, no se producen en un ir y venir, no se encuentran en las farmacias ni en los supermercados, hay que dar tiempo al tiempo. Antes de set llegaron al mundo, con escasa diferencia de edad entre ellos, primero caín y luego abel. Un asunto que no puede dejarse sin inmediata referencia es el profundo aburrimiento que supusieron tantos años sin vecinos, sin distracciones, sin un niño gateando entre la cocina y el salón, sin otras visitas que las del señor, e incluso ésas poquísimas y breves, espaciadas por largos periodos de ausencia, diez, quince, veinte, cincuenta años, imaginemos qué poco habrá faltado para que los solitarios ocupantes del paraíso terrenal se viesen a sí mismos como unos pobres huérfanos abandonados en la selva del universo, aunque no hubieran sido capaces de explicar qué era eso de huérfanos y abandonados. Es verdad que día sí día no, y éste no con altísima frecuencia también era así, adán le decía a eva, Vámonos a la cama, pero la rutina conyugal, agravada, en el caso de estos dos, por la nula variedad de posturas atribuible a la falta de experiencia, se demostró ya entonces tan destructiva como una invasión de carcoma royendo las vigas de la casa. Desde fuera, salvo algunos montoncitos de polvo que van cayendo aquí y allí por minúsculos orificios, el atentado apenas se nota, pero por dentro la procesión es otra, no faltará mucho para que se venga abajo lo que tan firme antes parecía. En situaciones como ésta, habrá quien defienda que el nacimiento de un hijo puede tener efectos reanimadores, si no de la libido, que es obra de químicas mucho más complejas que aprender a mudar unos pañales, al menos de los sentimientos, lo que, reconózcase desde ya, no es ganancia pequeña. En cuanto al señor y a sus esporádicas visitas, la primera fue para ver si adán y eva habían tenido problemas con la instalación doméstica, la segunda para saber si se habían beneficiado algo de la experiencia de la vida campestre y la tercera para avisar de que no esperaba volver tan pronto, pues tenía que hacer ronda por los otros paraísos existentes en el espacio celeste. De hecho, sólo acabaría apareciendo mucho más tarde, en una fecha de la que no quedó registro, para expulsar a la infeliz pareja del jardín del edén por el crimen nefando de haber comido del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este episodio, que dio origen a la primera definición de un hasta entonces ignorado pecado original, nunca ha quedado bien explicado. En primer lugar, porque incluso la inteligencia más rudimentaria no tendría ninguna dificultad en comprender que estar informado siempre es preferible a desconocer, sobre todo en materias tan delicadas como son estas del bien y del mal, en las que uno se arriesga, sin darse cuenta, a la condenación eterna en un infierno que entonces todavía estaba por inventar. En segundo lugar, clama a los cielos la imprevisión del señor, ya que, si realmente no quería que le comiesen del tal fruto, fácil remedio tendría la cosa, habría bastado con no plantar el árbol, o con haberlo puesto en otro sitio, o con rodearlo de una cerca de alambre de espino. En tercer lugar, no fue por haber desobedecido la orden de dios por lo que adán y eva descubrieron que estaban desnudos. Desnuditos, en pelota viva, ya estaban ellos cuando se iban a la cama, y si el señor nunca había reparado en tan evidente falta de pudor, la culpa era de su ceguera de progenitor, la misma, por lo visto incurable, que nos impide ver que nuestros hijos, al fin y al cabo, son tan buenos o tan malos como los demás.
Una cuestión de orden. Antes de proseguir con esta instructiva y definitiva historia de caín a la que, con nunca visto atrevimiento, arrimamos el hombro, tal vez sea aconsejable, para que el lector no se vea confundido por segunda vez con anacrónicos pesos y medidas, introducir algún criterio en la cronología de los acontecimientos. Así lo haremos, pues, comenzado por aclarar alguna maliciosa duda por ahí levantada sobre si adán sería competente para hacer un hijo a los ciento treinta años de edad. A primera vista, no, si nos atenemos a los índices de fertilidad de los tiempos modernos, pero esos ciento treinta años, en aquella infancia del mundo, poco más habrían representado que una simple y vigorosa adolescencia que hasta el más precoz de los casanovas desearía para sí. Conviene recordar, además, que adán vivió hasta los novecientos treinta años, luego poco le faltó para morir ahogado en el diluvio universal, ya que finó en días de la vida de lamec, el padre de noé, futuro constructor del arca. Tiempo y sosiego tuvo para hacer los hijos que hizo y muchos más si le hubiera dado por ahí. Como ya dijimos, el segundo, el que vendría después de caín, fue abel, un mozo rubicundo, de buena figura, que, después de haber sido objeto de las mejores pruebas de estima por parte del señor, acabó de la peor forma. Al tercero, como también quedó dicho, lo llamaron set, pero ése no entrará en la narrativa que vamos componiendo paso a paso con melindres de historiador, por lo tanto aquí lo dejamos, un simple nombre y nada más. Aunque hay quien afirma que fue en su cabeza donde nació la idea de crear una religión, pero de esos delicados asuntos ya nos ocupamos abundantemente en el pasado, con recriminable ligereza según la opinión de algunos peritos, y en términos que muy probablemente sólo nos perjudicarán en las alegaciones del juicio final, cuando, ya sea por exceso, ya sea por defecto, todas las almas sean condenadas. Ahora lo que nos interesa es la familia de la que el papá adán es la cabeza, y qué mala cabeza fue, no vemos cómo decirlo de otra manera, ya que bastó que la mujer le trajera el prohibido fruto del conocimiento del bien y del mal para que el inconsciente primer patriarca, después de hacerse rogar, en verdad más para complacerse a sí mismo que por real convicción, se atragantara, dejándonos a nosotros, los hombres, para siempre marcados por ese irritante trozo de manzana en la garganta que ni sube ni baja. Tampoco faltan los que dicen que si adán no llegó a tragarse del todo el fruto fatal fue porque el señor se apareció de repente queriendo saber lo que estaba pasando allí. Y, por cierto, antes de que se nos olvide del todo o el recorrido del relato haga inadecuada, por tardía, la referencia, hemos de revelar la visita sigilosa, medio clandestina, que el señor hizo al jardín del edén una noche cálida de verano. Como de costumbre, adán y eva dormían desnudos, uno al lado del otro, sin tocarse, imagen edificante aunque equívoca de la más perfecta de las inocencias. No despertaron ellos y el señor no los despertó. Lo que lo había llevado hasta allí era el propósito de enmendar un defecto de fábrica que, se dio cuenta tarde, afeaba seriamente a sus criaturas, y que consistía, imagínense, en la falta de un ombligo. La superficie blanquecina de la piel de sus bebés, que el suave sol del paraíso no conseguía tostar, se mostraba demasiado desnuda, demasiado ofrecida, en cierto modo obscena, si la palabra ya existiera entonces. Sin tardanza, no fuesen ellos a despertarse, dios extendió el brazo y oprimió levemente con la punta del dedo índice el vientre de adán, luego hizo un rápido movimiento de rotación y el ombligo apareció. La misma operación, practicada a continuación en eva, dio resultados similares, aunque con la importante diferencia de que el ombligo de ella salió bastante mejorado en lo que respecta a diseño, contornos y delicadeza de pliegues. Fue ésta la última vez que el señor miró una obra suya y halló que estaba bien.
Publicado en La Ventana, de Casa de las Américas, que a su vez lo ha tomado de La Jornada, donde fue reproducido con autorización del sello Alfaguara

lunes 28 de diciembre de 2009

Versos de Lolo Palza

El próximo 6 de enero, ya 2010, se premia a los ganadores de la Primera Bienal de Arte que organizó y convocó la Municipalidad Provincial de Lampa, en Puno, constituyéndose, además, en uno de los más interesantes intentos de fomento cultural que nace en una ciudad del interior del país y con el que hay una obligación de apoyar.
En el género poesía el premiado fue Lolo Palza Valdivia, puneño radicado en Arequipa y poseedor de una frescura verbal que hace de su obra una delicada e intensa muestra de la nueva poesía surperuana. Aquí les dejo con algunos versos tomados de su página personal y los primeros abrazos de la celebración.

Orígenes

“Todo cuerpo enloquece bajo la mano que dibuja su más
secreta verdad: ”
Enrique Verástegui

I
Una leyenda antigua nos cuenta; que donde el mar y el cielo se encuentran, crece el árbol de la nostalgia, de cuyos frutos se sirven los poetas para dejar las ciudades, vacías y sin gente.

II
Un ser mítico del desierto, como un grano de arena probablemente, parado sobre la más alta duna, que desde el aire se ve como la luna caída, se puso triste y se echó a llorar.
La sal de sus lágrimas brotaba tan rápido que los latidos de su corazón tuvieron que hundirse en un largo y caudaloso río.
Así se explica la creación del mar una tribu nómada que vive entre las arenas del desierto y las orillas del mar.

V
Cada grano de arena es una palabra que sólo el mar sabe leer, cada roca un nuevo reto, un lenguaje nuevo por conocer.
La gente guarda celosamente el recuerdo de sus playas, por que en cada una hay una historia contada por el mar.

IX
Poema encontrado
en la pared de un acantilado;

“No necesito el espiral infinito
de una caracola de mar, para escucharte.
En un sueño,
La sal de ti, se secó sobre mis mejillas.
En cada lágrima que se aventuró
a conocer la vigilia de las olas”

X
Escrito de arena;

“Si el gusano de la virtud
Se hace al mar y regresa a toda vela,
El árbol de la nostalgia ya no tiene remedio”

CODA
Si un día vengo a cantar con una voz,
que no me conocías…
Y el mar despedazado que rebota entre los acantilados,
te dice, algo.
Entonces soy como el océano que amplifico el firmamento.
Tú guarda sus estrellas.

jueves 24 de diciembre de 2009

Algunas anotaciones sobre la nueva narrativa puneña (complemento)



Artículo que se publica en mi columna El barco ebrio en diferentes medios impresos.


A raíz de algunos comentarios recibidos luego de la publicación del artículo sobre la nueva narrativa puneña, me veo en la necesidad, y obligación, de hacer algunos comentarios complementarios sobre el tema, a fin de redondear algunas ideas que parecen haber quedado sueltas en el texto.
La nueva narrativa que se escribe en el ámbito de Puno, que va más allá del criterio fronterizo o territorial, tiene algunas características comunes tanto entre sus autores como en la temática. Entre lo más destacable de estas coincidencias está el hecho de que las historias, ficciones en su mayoría, están ambientadas en la ciudad de Puno o en las ciudades aledañas y son señaladas con sus verdaderos nombres; sus personajes son nombrados con apelativos propios de la región y se mueven en el marco de situaciones también propias de la zona, como sus fiestas o paisajes; hay rasgos de erotismo en las historias, aunque hay el riesgo de que esto se convierta en lo más atractivo de lo que se cuenta y no la condición humana de sus personajes; otro aspecto común es que hay muchos más narradores jóvenes que los experimentados y sus ediciones tienen una calidad que nada tiene que envidiar de las editoriales limeñas.
Sin embargo, hay que anotar que los libros publicados por los autores jóvenes reflejan el proceso de maduración que está viviendo este género en Puno. Hay que esperar prudentemente para calificar el conjunto de sus obras, pues por ahora solo podemos destacar algunos atisbos de genialidad, de buen gusto y originalidad en las historias que se cuenta. Destacar, además, que aún no se vislumbra una posición política definida por parte de autores jóvenes, como sí se reflejan en autores mayores, como Padilla, Flórez Ayvar, Ayala y Aramayo, incluso Luis Gallegos, entre los principales, y Fidel Mendoza, entre los nuevos.
Otro tema es el gusto personal del lector respecto a la historia que le toca leer, y a pesar de ello algunos nombres comienzan a destacar, entre ellos el de Bladimiro Centeno, Christian Reynoso, Darwin Bedoya. La atención que la crítica le pone a determinados autores no siempre coincide con la de los lectores, ejemplos hay muchos, y por tal razón es mejor esperar, en lo que se refiere a los autores jóvenes, a que aparezcan nuevos títulos en los que se confirmará su calidad y, ojalá, su posterior trascendencia en el tiempo.
Precisamente este es otro tema. Atendiendo a una entrevista de José Luis Ayala sobre quiénes son los poetas jóvenes más importantes, respondo que es muy difícil decirlo porque hay muchos jóvenes y todos creen ser importantes, pero lo interesante no es escribir para ser importante, sino siempre joven. Quiero decir que la trascendencia en el espacio, más allá de las fronteras regionales o nacionales, y en el tiempo, mucho más allá del que nos toca compartir, no la marcamos los contemporáneos, sino quienes vienen después de nosotros.
Así, coincidimos en señalar que el más universal de los puneños es el poeta Carlos Oquendo de Amat, y junto a ellos Gamaliel Churata o Theodoro Valcárcel. Esa universalidad, o trascendencia, la reconocemos ahora nosotros, respecto a otros referentes que siguen siendo materia de debate ¿Es, por ejemplo, Mario Vargas Llosa más universal que José María Arguedas? ¿Son realmente universales? Esa universalidad se examina por que sus nombres, o sus obras, pueden ser reconocidos en cualquier parte del mundo, o porque su temática que aborda en sus obras es realmente la que concierne a todo el mundo. Sin embargo, no le hace a uno ser más universal que al otro, eso le atañe a quien se identifica con ellos, y por el momento, más allá de los nombrados, aún no hay un puneño que contemporáneo que alcance ese nivel de reconocimiento.
Pero en el proceso de alcanzarlo hay algunos pasos, o estaciones, por más simples que sean que pueden medir ese avance. Los premios, por ejemplo, aunque la gran mayoría dude, y con razón, de la objetividad de los mismos. En las últimas décadas han sido los poetas quienes mayores premios han recibido por sus obras, mientras que los narradores, o ensayistas, son los menos. Aunque esto no signifique mucho, por ahora, sí es un referente para reiterar que la narrativa puneña requiere consolidar una madurez que se vislumbra pronta.
Hay que destacar, nuevamente, los intentos de promover lectura y escritura en los niveles escolares y universitarios, que generalmente son intentos anónimos y efímeros, pero que pueden marcar un punto de inicio en el quehacer artístico de muchos niños y jóvenes. Alguien se preguntó si lo que se hacía en estos niveles podía llamarse literatura y qué tipo de literatura era, me atrevo a afirmar que sí es literatura y que es el germen de algunos nombres que no harán más que engrosar el caudal artístico que tiene Puno por una tradición ancestral y apuntar a fortalecer una cultura que no se rinde.
Otro, y más amplio, es el debate que alimentan los académicos sobre la mayor o menor importancia del indigenismo, por ejemplo, frente a otras corrientes o concepciones literarias, sociológicas o culturales. Por mi parte debo señalar que asumir el indigenismo no es atraso, sino por el contrario, dar un paso hacia delante siempre y cuando ese indigenismo contenga una mirada futurista sobre el problema no solo del indio, como resumió Mariátegui, sino de nuestra cultura en general. Somos andinos, no solo por nace en el ande sino desde cualquier punto de vista, y eso refleja, quiérase o no, tarde o temprano en nuestras palabras, nuestras ideas, y hasta en nuestras risas y lágrimas.
Foto: Carlos Oquendo de Amat, el atormentado poeta puneño bajo cuya figura universal crecen los nuevos artistas de una de las cunas del indigenismo latinoamericano.

domingo 20 de diciembre de 2009

Otra vez diciembre: un texto de Elard Serruto


Diciembre es la lluvia que sorprende en la noche (su tamborcito monótono mientras se lee al borde de una lámpara insomne y circular) y la pausa de mi refugio colgado en el cielo. Todas las fatigadas errancias y los viajes, concluyen en este lugar, en la línea del horizonte del lago que adivino en mis ventanas amordazadas (un falso vitral en versión libre de "Hirondelle amour" de Joan Miró) ¿Que hay más allá de una ondulante cordillera que se insinua hacia al sur después de la lluvia? En mi cama a ras del suelo y a tres mil ochocientos nueve metros sobre el nivel del mar, en la blanda furia de mis almohadones coloridos, me dejo llevar por la maravilla de saber que el año agoniza. No hago ningún balance ni me entusiasmo con alguna alborotada esperanza de que el que viene será mejor. Y no es fatalidad (para los que me conocen) saben que es una forma risueña de transitar con un reposo digno de un sobreviviente que ha aprendido a reirse a mandibula plena, intentando siempre como la letra de una bachata lejana, que el corazón mantenga su cordura. Pero es inevitable esquivar algunas circunstancias que marcaron el año en retirada: la muerte de una mujer tan cercana al orégano de la madre, y que nos dejó en el alfeizar de alguna ventana de hospital, el vacio de todas las ciudades; el matrimonio de un hermano apátrida y sus lejanìsimos abrazos de océano difuminados en el internet; los festejados divorcios de los amigos y las amigas como un renovado nacimiento, o como la tragedia mutua de cuchillos filosamente largos; el nacimiento de alguien que se llama Paula Lucía, Micaela, Emilia, o Alejandro, y en cuya diminuta sonrisa parece acomodarse limpiamente el mundo; la reiteración de algún amor del pasado, sólo para convencerse que no se puede fingir el futuro con el mismo espejo plagado de cicatrices; los romances pálidos y fugaces, extraviados en el aire de frontera de los aeropuertos y los terminales de buses; los romances que parecieron, pero que nunca pudieron agitar sus alas y se quedaron inquietando las cucharitas de los cafés desolados y distantes, y los paraderos de buses de invierno ahogados por la niebla donde uno terminaba por convertirse en un fantasma; la luminosa muchacha de ojos de adivina y dedos interminables que coleccionaba películas en blanco y negro, y que esperaba apenas una señal para saber que el amor había dejado de ser una flecha sin rumbo en un cielo de sol estridente. Si, es inevitable esquivar algunas circunstancias, sobretodo en diciembre, porque diciembre siempre ha sido el signo de algo que se acaba, el mes de mis adioses. Supongo que por eso las navidades me dejan un rastro de nostalgia empozada. Pero diciembre también son la vuelta de la memoria (como ahora) de las casas de mis padres. El recuerdo afilado de la casa cerca del puerto, la espigada casa de Tercer Centenario, la exquisita casa de Chanu- Chanu, la modestísima casa en la línea de los volcanes y la alegría de sus geranios. Y hoy (mientras me dejo llevar por la estridencia de lucecitas que parpadean en las ventanas de los comercios y las casas y las calles de esta breve ciudad, y escucho los villancicos de los inmortales Toribianitos que surgen de todas partes) intento capturar alguna vieja navidad. No recuerdo alguna en particular, pero me veo en todas, empeñado en adornar un árbol, en corregir el rumbo de los rebaños de ovejas de arcilla, en esforzarme por hacer una casa maravillosa de nacimiento a escala, con una permanente nevada sobre sus techos a dos aguas. Rebobino todos los diciembres arrodillado en los pisos de parquet de todas esas casas, entregado a la minuciosa tarea de armar algún nacimiento. Pero ahora que estoy en mi refugio colgado en el cielo, distinto y distante de todas esas navidades y aquelllas casas, es como si diciembre (arrastrando su lluvia y todas mis infancias) me cambiara el manojo de llaves del destino. En ningun otro momento, como el de ahora, se me hace inevitable (ya estoy queriendo hacer un balance) reconocer la trampa de que hay que desandar algunos caminos en la memoria, y buscar las vueltas de otras esquinas. Nada me otorga como diciembre, finalmente el signo de lo perdido. La familia, esa extensa risa abierta en los patios de aquellas casas finalmente extraviadas, se han transformado definitivamente sólo en una palabra brillantemente lejana, o en muchos nombres desperdigados como lucecitas en el inmenso horizonte de lo que aun queda por andar. En la soledad del olor del chocolate y de las pasas que atraviesan el recuerdo de la infancia de diciembre, en los restos de la lluvia en las ventanas como el saludo de todos nuestros muertos, y en un cielo cerrado y distante uno arrima finalmente todas sus edades. Y lo más probable es que la noche de navidad viaje a alguna parte (alguna casa de algun amigo o amiga hechos hermanos ) para seguir comprendiendo que uno lleva un niño empeñoso en seguir armando un nacimiento en alguna otra parte. Seguramente el nacimiento hecho palabras y que no sòlo en diciembre , si no a lo largo de todo el tiempo, se convierten en el inmenso abrazo que uno otorga a los amigos, con la misma intensidad y el cariño como si uno volviera de un naufragio. A estas alturas (en la altura serena y colorida de mi refugio colgado en el cielo) sólo deseo, mientras esté en algún bus de viaje que no acaba nunca, o en mi cama a ras del suelo en mi refugio, o en cualquier otro espacio o alguna otra cama como otra distancia, desearles a todos quienes me regalan cada día la posibilidad de amar a pecho abierto, o de reir con la profundidad de una tarde luminosa, o de compartir sencillamente hasta el zumbido del silencio, infinitamente siempre lo mejor. Estoy seguro que en su modesta o generosa mesa de nochebuena, estará la esperanza de un día con mejores señales, un día como la estrella brillante que señalaba el camino al pequeño refugio de un niño que nacia un remotísimo diciembre, en un lejano y pobre pueblito llamado Belén.

Elard Serruto es uno de los más interesantes narradores puneños y fino editor, y aún estamos a la espera de una nueva obra suya que eriquezca la narrativa regional.
Foto: Templo de Lampa, Puno, otro lugar mágico donde la memoria milenaria siempre renueva el espíritu del hombre andino.

Libro de Verástegui con reconocimiento

El libro de Verástegui, publicado por los jóvenes arequipeños de Cascahuesos editores ha recibido un reconocimiento por parte de un diario de circulación nacional. Más allá de la calidad de la poesía de Verástegui hay que felicitar la apuesta firme y seria por parte de esta joven editorial, que pronto cosecha éxitos. Felicitaciones por ellos. Abajo la nota de prensa de la propia editorial:

“TEORÍA DE LOS CAMBIOS” de Enrique Verástegui obtiene el “PREMIO LUCES 2009” del diario El Comercio como el mejor poemario del 2009
Es una gran sorpresa para nosotros que los lectores del diario El Comercio hayan elegido a Teoría de los cambios de Enrique Verástegui como el mejor poemario del año. Sin duda esto nos incentiva a seguir trabajando para poder brindarle al público literatura de gran solvencia, y de autores de gran talla y alto calibre, tal como muestra nuestro catálogo de este año (además de Enrique Verástegui): José Kozer, Vladimir Herrera, Juan W. Yufra, Hugo Yuen, José Pancorvo, Orlando Mazeyra Guillén, entre otros.
No nos pierdan de vista que para este 2010, se viene muchas sorpresas.Pueden ver en la imagen a un encorbatado Verástegui feliz con el premio entre sus manos. ¡Felicidades Enrique!, seguimos con las próximas ediciones!

jueves 17 de diciembre de 2009

Algunas anotaciones sobre la nueva narrativa puneña

Artículo que se publica en diferentes medios escritos en mi columna El barco ebrio

Sin pretender asumir una mirada estrictamente académica o formal, he anotado algunas ideas respecto a la nueva narrativa que se escribe en Puno y por escritores puneños, en general jóvenes, género que en los últimos diez años ha cobrado una renovación que merece ser tomada en cuenta y trasmitida, o compartida, con otras propuestas que se dan a nivel macrorregional o nacional.
Hay un consenso en señalar que no es precisamente la narrativa -novela o cuento- la que ha dado sus mejores nombres para engrosar las filas de los más importantes escritores del país, sino más bien la poesía y en otra medida la música, la pintura y el pensamiento, ya sea a través del ensayo literario, el periodismo o el pensamiento. Basta con recordar que el nombre más importante de las artes nacido en Puno es el poeta Carlos Oquendo de Amat, y están luego Theodoro Valcárcel en música, José Antonio Encina en pedagogía, Gamaliel Churata en pensamiento, Federico More en periodismo y Víctor Humareda en pintura. Es cierto que hay muchos y notables nombres más, pero esta es una mirada ilustrativa que puede dar pie a un análisis más completo.
Sin embargo, basta revisar algunos trabajos importantes como los estudios de Feliciano Padilla, Jorge Flores Aybar y Percy Zaga, principalmente, para tener una mayor mirada sobre la presencia de artistas de alcance regional y nacional, y algunas antologías nacionales para identificar los nombres de los artistas puneños bien posicionados en el espectro nacional.
La narrativa puneña ha experimentado una interesante renovación desde finales de la década del ochenta del siglo pasado, con autores jóvenes como Élard Serruto y otros experimentados como José Luis Ayala y Omar Aramayo. La mirada moderna de la condición humana, el manejo pulcro del lenguaje y los intentos de renovar la estructura del género eran algunas de las características de sus obras, influidas por la experiencia del periodismo y el rescate de la identidad andina. Posteriormente hacen un aporte importante narradores mayores como Luis Gallegos, Feliciano Padilla, Jorge Flores Aybar, Jovin Valdez, entre otros, donde lo común es el contexto andino en el que se desarrollan sus historias y ficciones. Al margen de ellos, y casi en el desconocimiento oficial, el juliaqueño Carlos Calderón Fajardo construía una obra sólida en el extranjero, con matices en los que lo andino pasaba a segundo plano.
Podemos anotar que los jóvenes que proponen una nueva narrativa en Puno, de manera responsable y decidida, son el ya mencionado Élard Serruto y Christian Reynoso. En ellos hay un punto en común, es el periodismo una suerte de punto de partida para su trabajo de ficción. El primero ejercía el periodismo en Arequipa y sus relatos iniciales eran, en realidad, crónicas periodísticas sobre sucesos cotidianos y sociales, que al ser redactados con un lenguaje hasta cierto punto poético adquirían ribetes de ficción. En el caso de Reynoso, su primer trabajo importante es una biografía sobre un periodista ejemplar, Samuel Frisancho, director del diario Los Andes.
La década del noventa transcurre con un nuevo auge de revistas de literatura, impulsadas siempre por la vehemencia e ímpetu de jóvenes soñadores y el aporte exiguo y casi arrancado a la fuerza por algunas instituciones. Es en esas páginas que se empieza a forjar la nueva prosa puneña, de manos de estudiantes de la Universidad del Altiplano y del Instituto Pedagógico, donde además se impulsa el estudio y el análisis crítico de la literatura a través de la elaboración de tesis universitarias y estudios de maestría. Esta etapa daría sus resultados muy pronto, pues han sido los profesores universitarios jóvenes quienes han terminado publicando interesantes libros de narrativa.
Muy pronto, en el tránsito de la década del noventa a la primera década del siglo veintiuno, la lista de autores jóvenes y los títulos de volúmenes de narrativa se han incrementado notablemente, tal vez en mayor medida que en otras regiones cercanas como Cusco o Arequipa. Aparece, entonces, Fidel Mendoza y se consolida Zelideth Chávez, y siguen en la fila autores como Adrián Cáceres, Bladimiro Centeno, Darwin Bedoya, Walter Bedregal, Miguel Angel Cáceres, Eleonor Vizcarra, Javier Núñez, entre otros, anotando de manera especial la presencia de Edwuard Huamán, fallecido trágicamente el año 2000 a los 25 años.
Hay, sin duda otros nombres, algunos de los cuales su obra no es muy conocida o la calidad no ha alcanzado aún los niveles que en conjunto han logrado los ya mencionados pero, como adelanté desde el principio, esta es una primera y panorámica mirada de un proceso artístico que deberá tener resultados más concretos los siguientes años.
En este punto debo destacar los aportes e intentos, espero por ahora silenciosos y aún solitarios, de profesores como los del colegio Bustamante de Lampa, donde se han publicado ya interesantes volúmenes de poesía, narrativa y mitos escritos por los propios estudiantes, y de cuya cantera saldrán nuevas voces y mejores perspectivas para enriquecer la literatura regional.
La nueva narrativa puneña tiene algunos rasgos que se hacen comunes a todos los narradores mencionados y que conformarían un nuevo imaginario de la ficción local, sin que eso signifique que se circunscriba solamente a Puno sino que a través de estas características se proyecte y trascienda fronteras. En primer lugar hay que destacar que los escenarios se definen con nombre propio y son precisamente la ciudad de Puno, algunas de sus provincias y las ciudades grandes aledañas, como Arequipa y Cusco, lo que convertirían a estas ciudades en protagonistas de las historias que se cuentan, de la misma manera los personajes son nombrados con nombres y apellidos comunes a la zona, lo que los hace más cercanos al lector que conoce el contexto y al mismo tiempo ilustra a lectores ajenos sobre realidades concretas de Puno.
Otro rasgo común entre los nuevos narradores es el uso del erotismo como excusa para que sus personajes manifiesten sus miedos, obsesiones, intereses o fracasos. “Salomé y otros cuentos”, de Javier Núñez, y “Días secretos”, de Bladimiro Centeno, por ejemplo, reúnen historias donde sus personajes, a raíz de una relación amorosa y erótica, terminan en la soledad mascullando su condición de seres abandonados o frustrados, o dándole un giro dramático a sus vidas. Sin embargo, hay que anotar que el manejo de temas como el del erotismo, requieren de un mayor dominio del lenguaje y de las técnicas narrativas para que no se convierta en el centro de atención del relato.
Los nuevos narradores han asumido también incluir en sus historias acontecimientos, sucesos y escenas de la vida cotidiana de Puno, como sus fiestas, espacios geográficos y hechos históricos para darles a sus personajes un lugar dónde resolver sus propias circunstancias. Así, la propia ciudad de Puno, como sus distritos y su gente, se convierte en personaje de los nuevos narradores, aunque hay que anotar que aún no se adopta, a través de sus obras, posiciones sociales o políticas que ayudarían a que la visión que se tiene de la ciudad sea también un referente para entenderla y motivar los cambios que requiere para no perder el paso de la modernidad.
Este detalle, como el que se opta por una narrativa más concreta, sin mucha retórica, aunque con lenguaje menos poético, ayuda a ser más digerible la nueva narrativa que, por otro lado, requiere aún más empeño para ordenar historias y usar adecuadamente el idioma, algo que sin duda llegará con la madurez intelectual de los nuevos narradores y el tiempo.


Foto: Vista de la ciudad de Puno, con el Lago Titicaca al fondo, escenario y protagonista de la nueva narrativa puneña.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Premio Juan Rulfo de cuento y novela para Argentina y Colombia



Se acaba de publicar el fallo de los premios Juan Rulfo para cuento, novela corta y fotografía, que otroga Radio Francia Internacional, pero con malas noticias para el Perú porque no hay autores nacionales en las listas de premiados y finalistas, aunque por lo menos un nombre conocido, el de José Rosas Ribeyro aparece como procedente de Francia, y otro, tal vez el arequipeño Carlos Herrera, también dice haber enviado sus trabajos desde el mismo Francia. Siempre hay cierta expectativa, pues en ediciones anteriores han accedido a este importante premio internacional autores como Mirko Lauer, Rodolfo Hinostroza y la arequipeña María Teresa Ruiz Rosas. Aquí van las listas oficiales: En cuento el premio fue para el argentino Mariano Pereyra Esteban (abajo) por El metro llano, en novela el ganador fue el colombiano Adolfo Ariza Navarro (arriba) por Mañana, cuando encuentren mi cadáver. A su vez, elpremio de fotografía Unión Latina - Martín Chambi fue compartido por los españoles Javier Acenilla y Emilio Muñoz Blanco, por Head workers y Cities, respectivamente.


Finalistas del premio de cuento:
- El mal de Troya: Elena Alonso Frayle (Alemania)
- El capitán Ludomodrov y sus rusos que no eran rusos: Alberto R .F . Zelaya (Argentina)
- Interrupción II: Marcelo Fernando Lara (Argentina)
- El metro llano: Mariano Pereyra Esteban (Argentina)
- Pajaritos y víboras: Ariel Búmbalo David (Argentina)
- El amor a la luz del paleolítico: Iván Alfonso Loyola Velarde (Canadá)
- Delito flagrante: Poli Delano (Chile)
- La pluma inglesa: Jorge Aristizábal Gáfaro (Colombia)
- Variaciones al arte de la fuga: Francisco López Sacha (Cuba)
- Decir casi lo mismo: Juan Carlos Chirinos García (España)
- La amnesia: Vicente Fernández Saiz (España)
- Helsinki: Carlos Jiménez Climent (España)
- Mira lo que has hecho de mí: José Rosas Ribeyro (Francia)
- Licaón en Praga: Carlos Herrera (Francia)
- Caperucita Roja: Eugenio Partida (México)
- Misterio JFK: Alfredo Javier Viveros Martínez (Paraguay)
- Dos noches y un día: Hugo Fontana (Uruguay)

Jurado de cuento: Aline Schulman, Oscar Collazos, Waldo Rojas, Claude Fell, Efraín Kristal, Ignacio Padilla, Fernando Carvallo, Javier de Lucas y Elqui Burgos.
Finalistas del premio de novela corta:
Mañana, cuando encuentren mi cadáver : Adolfo Antonio Ariza Navarro (Colombia).
- Placeres últimos : Goran Tocilovac (Francia)
- El Yakusa de mi Corazón: Marnie Forestieri (Francia – República Dominicana)
- La Modelo : Felipe Tupper (Francia)
- Plastilina : Juan de Mata Hernández Mota (Venezuela)

Jurado de novela corta: Lidia Barugel, Claude Fell, Rosa Regás, René Vázquez Díaz, Michèle Gazier, Ernesto Pérez Zúñiga, Mercedes Deambrosis, Eduardo García Aguilar, Jorge Volpi, Patrick Rosas, Fernando Aínsa y Ramón Chao.

domingo 13 de diciembre de 2009

Ribeyro o la palabra dicha en voz alta



Luego de alguna postergación puedo publicar aquí este artículo aparecido en diferentes medios impresos en mi columna El barco ebrio.

Probablemente sea Julio Ramón Ribeyro el escritor peruano que mayor proyección internacional está alcanzando de manera póstuma. En otros casos, como José María Arguedas, Ciro Alegría o Manuel Scorza, en el caso de la narrativa, habían logrado un lugar preferente en América Latina y tuvieron la oportunidad de plantear y debatir ideas literarias, sociológicas y hasta políticas. En el caso de la poesía, casos como Jorge Eduardo Eielson, Martín Adán o Blanca Varela, también se han posicionado en el espectro internacional o se han convertido en autores de culto. En todos los casos, como en otros en igual o menor medida, se sigue analizando su obra y descubriendo nuevas fuentes para su interpretación.
Ribeyro está en tránsito de ser un autor admirado y querido a ser un autor de culto y de ahí a ser uno de los más importantes e influyentes narradores que ha dado el Perú. A quince años de su muerte, la obra de este narrador limeño está cobrando una importancia mayor, no solo porque cada vez se abren más espacios para discutir y analizar su obra, especialmente la narrativa breve, sino para difundirla, como lo están haciendo editoriales españolas, mexicanas y, por supuesto, peruanas.
Sin embargo, sigue siendo difícil encasillar la obra narrativa de Ribeyro. La temática social y urbana, predominante en sus textos, así como la fantástica, no son los rasgos más importantes de su producción, más bien la soledad, la frustración y la visión de la muerte serían los mundos que intenta explorar a través de personajes sacados de los resquicios más ignorados de las ciudades, es decir de la sociedad.
En la obra de Ribeyro, a diferencia de la de muchos autores nuevos, sí se puede encontrar un mensaje social, una moraleja que cuestiona el sistema y se manifiesta, claramente, la voz de aquellos individuos desesperanzados, aislados y marginados. Es precisamente la condición humana, las obsesiones individuales, el punto de partida de la fabulación ribeyrana, y el clima o el contexto social es el telón de fondo, mientras que la sociedad, como conjunto de individuos que se rigen bajo las normas de un sistema establecido, es su blanco de crítica y denuncia.
Desde los textos más cortos, hasta sus nouvelles como Silvio en el Rosedal o Al pie del acantilado, dentro de su producción cuentística, y sus novelas como Los geniecillos dominicales o Cambio de Guardia, y luego sus reflexiones personales reunidas en Prosas Apátridas y Los dichos de Lúder, son parte de un inmenso mosaico social, un retrato hablado del proceso de cambio social que vivió el Perú desde la década del cincuenta y se desembalsó en la capital, Lima, hasta convertirla en una urbe caótica. Toda la obra de Ribeyro podría servir de fuente de consulta y documentos de análisis para cualquier sociólogo o antropólogo que quiera interpretar y entender a la sociedad peruana.
En la década del cincuenta, precisamente cuando se iniciaba ese desborde popular, madura en el Perú una extraordinaria generación de artistas e intelectuales. Poetas y narradores, especialmente, superan el indigenismo imperante y viran hacia la modernidad urbana, pero no todos asumen la voz de quienes sufren ese cambio. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, se inicia escribiendo cuentos urbanos y tomando partido por los sectores más altos, mientras que Oswaldo Reynoso lo hace poniéndole voz a los sectores urbano - marginales, reflejando en sus libros el lenguaje de la calle, la jerga pandillera y el drama de los que intentan colarse en mundo de oportunidades. Ribeyro, por su parte, presta voz y habla por aquellos que dentro del nuevo orden social que impone el crecimiento urbano superviven al fracaso, a la soledad y la frustración personal, convirtiéndose en seres inexistentes, vanos, a pesar de ser ellos quienes le dan forma y vida a la ciudad.
Fumador empedernido y solitario por vocación, el joven Julio Ramón abandona sus estudios de Derecho en Lima y parte a Madrid en 1952 para estudiar periodismo, estudios que también deja para ir a la Sorbona, de Francia, donde finalmente decide quedarse realizando diversos trabajos, tanto como periodista como traductor. En 1958 vuelve al Perú para ejercer la docencia en la Universidad de Huamanga, en Ayacucho, y en 1960 vuelve a Europa, donde ejerce funciones diplomáticas y de representación a nombre del Perú, como el de embajador ante la Unesco. Se establece nuevamente en Lima en 1993, año que obtiene el Premio Nacional de Cultura, y en 1994 obtiene el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. Ese mismo año, el 4 de diciembre, muere en Lima, afectado por una enfermedad pulmonar a los 65 años.
Mientras la productiva generación del 50 se abría paso en el Perú y el boom de la novela de los años sesenta se instalaba en el continente, para luego ambos trascender internacionalmente con nombres como Blanca Varela, Jorge Eduardo Eielson, Pablo Guevara, Javier Sologuren, por un lado, y Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Enrique Congrains Martin, por el otro, Ribeyro se mantiene al margen de los grupos y las modas y se hace marginal, como sus personajes, elaborando silenciosamente su trabajo, retratando a su sociedad y soltando a sus demonios interiores. Publica nueve conjuntos de relatos, que lo ponen a la vanguardia de la cuentística latinoamericana y se va formando un público atento y leal a su alrededor. Precisamente la editorial Alfaguara publica en 1994 sus Cuentos Completos, y antes editoriales peruanas lo habían hecho en varios tomos bajo el título de La palabra del mudo, una metáfora que resumía el objetivo del escritor, el de darle voz a quien no la tenía.
En los últimos años, han sido investigadores jóvenes como Jorge Coaguila quienes se han dedicado a rescatar su obra y este mes, precisamente en la feria del libro que se realiza en Lima y que está dedicado a él, la editorial Seix Barral publica dos tomos de su obra cuentística, en la que se han incluido textos escritos en juventud y otros “olvidados”.
Si bien la obra de Ribeyro resalta la condición en la que viven las personas comunes y corrientes en medio de la ciudad, ésta se hace sin poner en riesgo el lenguaje, que se mantiene sencillo y directo, sin adornos y ni ensayos que intenten romper o trasgredir el sistema idiomático. Esta característica le da doble valor a su obra, pues así como es voz de quienes viven al margen, también puede ser leído por todo público, desde la escuela hasta la cátedra, y desde un extremo a otro de América Latina, y accesible a la traducción a cualquier idioma de cualquier nación, donde también superviven las almas gemelas de los personajes del recordado “flaco” Ribeyro.

jueves 3 de diciembre de 2009

Nueva Gramática de la Lengua Española


Fruto del esfuerzo y la sabiduría de decenas de especialistas, la Nueva Gramática de la Lengua Española ha sido preparada durante once años por las veintidós Academias de la Lengua Española, capitaneadas por Ignacio Bosque, uno de los mayores expertos del ámbito hispánico en esta materia. Lo que ahora llega a las librerías son los dos primeros tomos de la Gramática: 4.000 páginas dedicadas a la morfología y a la sintaxis, cuidadosamente editadas por Espasa, el sello que en el primer trimestre de 2010 también publicará el tomo de la fonética y la fonología, coordinado por José Manuel Blecua.
La nueva Gramática presenta un mapa de la unidad y de la variedad del español e ilustra las construcciones con 40.000 ejemplos, la mitad de los cuales proceden de textos de escritores y de la prensa de todos los países hispanohablantes.
La nómina de autores es impresionante. Esta obra de referencia, que se presenta el 10 de diciembre en un acto presidido por los Reyes de España, es "una de las más detalladas de cuantas gramáticas del español se hayan escrito", como se afirma en la introducción del libro. La Gramática académica es descriptiva y normativa y, por primera vez, le presta una gran atención al español de América.
En cualquier capítulo hay un sinfín de pruebas de la diversidad del español, como sucede, por ejemplo, en el apartado de los adverbios adjetivales, que "poseen más vitalidad" en América que en España. "Una pena, porque cantaba bonito y en varios idiomas", escribe Bryce Echenique en La vida exagerada de Martín Romaña.
Esta cita ilustra el uso de adverbios adjetivales, presentes en expresiones como "bañarse sabroso"; "hablar claro y raspado" (con franqueza), que se emplea en el área caribeña; o "claro y pelado", como se dice en varios países centroamericanos. En el Río de la Plata se sueña "fiero" cuando se tienen pesadillas, pero en el área andina prefieren "soñar feo".
En muchos países, quien tiene excesivas aspiraciones "pica alto" o "tira alto", y en Colombia "hilar delgado" equivale a "hilar fino". "Comer macanudo", "caminar rico", "beber recio", "oler feo", "llevarse pésimo" y "pasarlo chévere" son otros ejemplos de adverbios adjetivales.
En la nueva gramática se estudia ampliamente el voseo, un fenómeno que desapareció "casi totalmente" del español europeo en el XVII y principios del XVIII, pero que está muy extendido en algunas regiones de América, sobre todo en la rioplatense y centroamericana. "Vos amás", "vos tenés" o "vos tenís", y "vos partís" son algunas de las múltiples variantes de este fenómeno que está "en constante evolución".
El sufijo '-ido' ha creado neologismos en América como "llorido", "rebuznido", "relinchido", "toquido" (ruido que se hace al tocar) o "chiflido" (de "chiflar", silbar). Los sustantivos terminados en -"azo" también dan mucho juego. En Bolivia "nortazo" y "surazo" designan vientos ("el surazo que azota desde ayer a la capital cruceña..."); en Venezuela se dice a veces "pupitrazo" para aludir a una protesta estudiantil, y en Colombia se aprueban artículos a "pupitrazos" (golpeando los pupitres).
Una primicia informativa es "un tubazo" en algunos países caribeños. Propio de Hispanoamérica es también decir "tengo viviendo allí diez años", "tengo varios años trabajando en esta empresa", y al habla coloquial de México, Centroamérica, Río de la Plata y área andina pertenecen expresiones como "me vive repitiendo que...", "mi mamá me vive diciendo que tenga cuidado en la calle".
Artículo y fotografía tomados de la Revista Ñ

miércoles 2 de diciembre de 2009

Koboyashi Issa se aleja de su ciudad y escribe postales




Cada verso que escribo
Es de carne y hueso
Eielson




I

Las tardes son grises y la lluvia amenaza,
no me alcanza la noche para conocer la ciudad,
acabo en los bares,
que son muchos,
para emborracharme, escribir,
y seguir viviendo.

En alegres salones de té he conocido a distinguidas damas
que preguntan por mi país,
no les importa mi edad ni el color de mi cabello,
cuando ríen se iluminan los rincones donde
toco sus piernas, sus rodillas, sus manos de zancudo.

Las tardes son oscuras,
cuando llueve te extraño.




II

Este es un puente sobre el río sin nombre,
todos lo conocen,
pero no interesa,
al fondo se ve un destello:
soy yo escribiéndote en estas postales robadas.



III

¿Cuándo volveremos?
Basta la mirada para compartir una tristeza.
¿Hacia dónde vamos?

Dentro de poco te diré cómo llegar,
o te diré cuándo llegaré;
escribiré una carta extensa
en papel de arroz, antes de cruzar el puente,
o saltar de él.



IV

Apenas he mirado sus ojos,
la distancia que se desprende de sus
pupilas acuosas,
y una frontera infinita ha florecido
como un árbol.
Así es,
toda la luz que se desprende
hasta eliminar las sombras, el invierno, el miedo,
todas las palabras que caen
de sus ojos luminosos,
todo el silencio
es un cesto de flores que he recogido para regarlas sobre ti.



V

Este es un crepúsculo en la isla.
Mira, pues, qué maravilla.


Inédito de mi libro "Mar de la intensidad"

martes 1 de diciembre de 2009

José Luis Ayala en Cusco


José Luis Ayala, poeta aymara, inquieto investigador, infatigable escritor, viajero impenitente, fraterno amigo, estuvo brevemente en Cusco para presentar dos de los seis libros publicados este año y de los cincuenta que ya tiene en su haber, a lo largo de casi medio siglo de vida artística. Precisamente venía de Huancané, su tierra natal, donde fue objeto de un homenaje a su carrera artística e intelectual. En la foto Ayala, inconfundible con pelo cano y boina negra, es acompañado a su derecha por Mario Guevara, director de la persistente revista Sieteculebras, y a su izquierda por Jesús Manya y Luis Nieto Degregori, en la casa de cultura del barrio San Blas.