
Entre los desastres que dejó la Segunda Guerra Mundial, además de millones de muertos y otro tanto de sobrevivientes de campos de concentración, traumas sociales que hasta hoy afectan a todo el mundo, ciudades en escombros, está la destrucción de obras de arte. Mucho se ha ido reconstruyendo y recuperando, sabemos que las vidas no, y entre esas reconstrucciones, que parecen resucitaciones, está la reaparición de la reina egipcia Nefertiti, en su renovado salón del también renovado neues Museum, de Berlín (Alemania).
Hace setenta años los bombardeos aliados dejaron debastada la ciudad, y dentro de ella el museo que se había inaugurado en 1859. Hace solo dos días, después de que en los últimos seis años se hicieran millonarios trabajos de restauración, el museo ha reabierto sus puertas y nada menos que 16 mil personas ya han entrado a visitar a la principal huésped, la reina Nefertiti.
El busto de la esposa del faraón Ajnatón, o Amenofis IV, es una pieza en piedra caliza policromada de 34 siglos de antigüedad, descubierta a orillas del Nilo en 1912 por el arqueólogo Ludwig Borchardt, y ha sido siempre una polémica obra de arte. La reina no está en su casa, pero igual recibe las visitas con esa mirada serena y altanera de dama intocable.
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