miércoles 22 de julio de 2009

Vladimir Herrera: poesía sagrada



Desde que en los primeros años de la década del setenta el lampeño Vladimir Herrera se fuera a España, después de publicar "Mate de cedrón", se ha ido creando una suerte de mito alrededor de su propia historia y, más aún, de su poesía. Los amigos setenteros lo extrañaban y de cuando en cuando daban a conocer algunas noticias sobre el poeta puneño que, según algunos críticos que hablan despacito y no se atreven a contradecir el criterio llamado oficial, se había impuesto en calidad y originalidad a sus colegas de promoción pero como no estaba en el Perú no había que preocuparse por él.
Pasado el tiempo, Herrera habría de trabajar su poesía con alma de orfebre hasta lograr ser uno de los pocos poetas barrocos del país. En España se publica "Del verano inculto", "Pobre poesía peruana", "Kiosko de malaquita" y otras breves colecciones que circularon de manera íntima, en ediciones de cien o ciento cincuenta ejemplares, acompañados con grabados originales y en diseños que hacían del libro además un objeto de arte. En Perú casi no lo leían y algunos hasta lo habían olvidado, convenientemente.
El conjunto de su obra se publica luego en la colección de lujo de Tusquest, Textos sagrados, bajo el título de "Poemas incorregibles" y se pone en la misma fila de varios poetas que han oscilado en los extremos, la gloria y la oscuridad, la fama y la mesura.
Ahora, Tusquest celebra dos aniversarios, veinte años de la colección de textos sagrados y cuarenta de la editorial, y lo hace con una edición que, como toda antología, ya ha despertado controversia, aplausos y envidias. En esa edición consideran a Vladimir Herrera, y es el único peruano en esa mancha en la que también figuran por ejemplo, Carlos Bousoño, José Caballero Bonald, Vicente Gallego, Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006), Jorge Guillén, Juan Ramón Jiménez (Premio Nobel de Literatura), Virgilio Piñera, José Angel Valente, Ida Vitale, entre otros sagrados más.
La selección ha sido encargada a Andrés Soria Olmedo, catedrático de la Universidad de Granada y autor de las más interesantes y eruditas antologías de poesía española.
Vladimir Herrera volvió entonces al Perú y se afincó en Urcos, cerca de Cusco, y ahí está.

Foto: Vladimir Herrera, junto a su hija Marina, en Cusco (Alfredo Herrera Flores)