sábado 15 de noviembre de 2008

Sálvese quien pueda


Artículo publicado en Crónicas urbanas

Todas las calles del mundo son peligrosas. Esta afirmación implica que ningún lugar del mundo es seguro, no solo porque, como ley de la vida, la muerte nos acecha permanentemente y no sabemos en qué momento nos echará el guante sino porque, además, nuestra especie ha conservado de manera natural, a pesar de todo, su condición de violenta.
Un asalto de pandilleros, una bala perdida, un conductor ebrio, un balcón que se desprende, un buzón de alcantarilla abierto, una bomba lacrimógena para dispersar el cacerolazo, una mancha de aceite, una puerta que se abre violentamente hacia la calle, un perro suelto, un trozo de carne podrida, una cáscara de fruta, una combi asesina, la rama de un viejo árbol, un estudiante armado. Todo eso, y mucho más, puede cruzarse en nuestro camino en cualquier momento, en cualquier calle de cualquier ciudad del mundo. Hasta el imprevisto encuentro con un ser querido puede hacerle una mala jugada al corazón. Basta con leer el periódico del día para comprobarlo.
Y todo esto sucede a pesar de nuestro progreso y desarrollo, como seres humanos y como sociedad. Y nosotros, con nuestros actos desde las dos orillas, el bien y el mal, seguimos alimentando nuestra propia paradoja. Hace ya varios días se supo de la noticia del asalto a la casa del escritor argentino Ernesto Sábato, hecho policial que quedará en los archivos de las anécdotas. Dos jóvenes ingresaron por un muro a la casa del escritor, en un barrio residencial en las afueras de Buenos Aires, casi a las cuatro de la mañana y fueron sorprendidos por la señora del servicio que, al verlos gritó y los ahuyentó. Luego llegó la policía solo para comprobar que los malhechores se habían llevado un celular (el de la empleada) y la tapa enmarcada del libro “Antes del fin”.
A esa hora Sábato, de 97 años, dormía. No se dio cuenta del asalto pero, a estas alturas, debe estar, otra vez, envuelto y atormentado por sus cavilaciones. “Antes del fin” es un libro en el que a través de sus memorias, recuerdos y reflexiones, intenta dejar una lección, especialmente a los jóvenes, para recuperar la esperanza de vivir en un mundo mejor, sin violencia, en paz.
Pero además me ha llamado la atención, aunque no debería ser, la respuesta de algunas personas que no solo han dicho de manera conformista que “hasta a los famosos les pasa”, sino que han disfrutado, justificado y han insultado a Sábato. Todos tenemos derecho a pensar de diferente manera y, además, a manifestarlo y confrontar públicamente ese pensamiento, pero eso no nos da derecho a desear el mal ajeno. Si bien estas palabras pueden ser muy “sanas”, “buenas”, “compasivas”, es precisamente lo que Sábato deja como legado a quienes lo leen, admiran y respetan.
Así es nuestra ciudad, nuestras ciudades, sus calles y sus esquinas. El autor de novelas tan complejas como El túnel y Sobre héroes y tumbas, se internó tanto en el sentimiento humano, en su forma tan humana de enfrentarse al mundo construido por él mismo, que creyó haber contribuido a salvar esas almas desquiciadas y atormentadas que recorren todos los rincones de la ciudad. Parece que no lo ha logrado. Esos ladronzuelos no deben haber leído una obra de Sábato, como el chofer de combi ebrio el reglamento de tránsito, pero con su acción han despertado el ánimo de hacer las cosas desde el lado del bien, aunque a nuestro alrededor se pudran los vecinos o nos lancen lodo.
Y seguimos caminando por nuestras calles, escribiendo nuestra propia crónica urbana, para que cuando lleguemos a casa le podamos decir a quien nos espera que todo va bien, que qué bueno volvernos a ver.

1 comentarios:

Pilar Rivera dijo...

Hola Alfre: Leo tu crónica mientras escucho "Alturas" de Inti Illimani. Y mientras reviso tus escritos te vuelvo a reconocer, como cuando nos sentábamos a conversar y leer los diarios. Tú me adelantabas algunos poemas y yo me enamoraba de ellos. Mirábamos el Illimani y creíamos poder llegar a el. Teníamos hambre y también muchas esperanzas (La Paz, 1993). Un beso