lunes, 21 de abril de 2014

Poniatowska antes de recibir el Premio Cervantes

Elena Poniatowska recibe el Premio Cervantes, interesante conversación que aparece en El País y que vale la pena repasar.
Poniatowska en juguetona pose para el lente de Saúl Ruiz

Escribe: Verónica Calderón

La escritora y periodista Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932) recibirá mañana en la Universidad de Alcalá de Henares el Premio de Literatura Miguel de cervantes, el más prestigioso en habla hispana. Hija de un príncipe polaco, Poniatowska es más mexicana “que el mole”, según sus palabras. Y es la primera autora mexicana en obtenerlo: el quinto galardón para México y la cuarta mujer en sus 38 años de historia. Confiesa que está nerviosa. “Mira, sirve que lo escuchas, para ver que no voy a decir ninguna barbaridad”, comenta.
Ha llovido en la Ciudad de México. Cae la noche. Ella es menuda, pequeña y rubia. Güerita, en mexicano. Detrás de su mirada curiosa se esconde una de las mejores entrevistadoras de México y una resuelta cronista, que ha dibujado la biografía de mujeres notables (Tina Modotti, Angelina Beloff, Leonora Carrington, y así hasta completar una larga lista) y ha relatado uno de los acontecimientos más duros en la historia del país: la matanza de decenas de estudiantes —nunca se supo el número exacto— a manos del Gobierno priísta el 2 de octubre de 1968, en la plaza de Tlatelolco.
No para de hacer preguntas, de interesarse por todo. Es escritora, es periodista y es curiosa. Y de ahí su trayectoria, su obra y su premio.
Pregunta. Diego Rivera le llamó “polaquita preguntona”, ¿se sigue considerando así?
Respuesta. Pues sí. Siempre seguiré siéndolo, siempre fui una preguntona y seguiré siéndolo hasta que me muera.
P. No le gusta que le llamen Elenita.
R. Así es. Todo el mundo… bueno, no todo el mundo, pero muchas personas me llaman así. Y suena bastante infantil.
P. México es el país del ahorita, que utiliza muchos eufemismos en su día a día. ¿Usted cree que los mexicanos temen a las palabras?
R. Sí. Siempre terminamos nuestras frases con un “¿no?”, “¿verdad?”... Estamos buscando la aquiescencia, la aceptación del otro. “La casa está bonita, ¿no?”. “Llovió muy fuerte hoy, ¿verdad?”. Siempre el otro nos tiene que apoyar.
P. Y hablando de palabras, ¿diría que el PRI, que gobernó durante 70 años México ininterrumpidamente, era una dictadura, un régimen autoritario?
R. El PRI ha sido un poder prepotente y que ha actuado como un dictador, siendo un partido. Se ha impuesto y amedrenta. El PAN y el PRD no han inventado una nueva forma de hacer política, ni han actuado en forma muy distinta al PRI. No han aportado nada cuando han subido al poder. No hay aquí alguien que podamos señalar, un diputado o una senadora que yo quiera oír o que quiera seguir, no existe. En México no hay una forma alternativa de hacer política más que la del PRI.
P. Usted fue una de las figuras del mundo cultural mexicano que apoyó de manera más abierta al polémico y dos veces candidato opositor Andrés Manuel López Obrador.
R. Andrés sabe de Historia. Lee. Ahora, eso no quiere decir que tienes que estar de acuerdo con él en todo, eh. Y que no pienses que no tiene defectos. Obviamente los tiene. Es terco.
P. Su apoyo a López Obrador le ganó muchas críticas.
R. Ay, sí. Me hicieron pinole [harina de maíz tostado en México]. Mucho rechazo, displicencia. No sabes la cantidad de llamadas por teléfono con mentadas de madre. Un día sí me hicieron llorar y yo no soy nada llorona. Llamaron como a las dos de la mañana. Una voz de hombre, cordial, me dijo: “Elenita, hay un hombre en su jardín”. Yo me puse la bata y bajé, salí a la calle, vi que no había un alma y que estaba en penumbras. Y entonces regresé a la cama y ahí sí, me eché a llorar. Me sentí muy agredida.
P. Cuando usted publicó La noche de Tlatelolco, un referente sobre lo ocurrido el 2 de octubre de 1968, el momento más duro de la represión del régimen, ¿se sintió amenazada?
R. Sí. Amenazaron a Tomás Espresate Pons [catalán exiliado en México tras la Guerra Civil, librero y editor] que era el que estaba imprimiendo el libro. Le dijeron que iban a quemar su negocio. Él respondió: “Mire, yo estuve en la Guerra Civil de España. Yo sé lo que es la guerra y este libro se publica”. Luego esparcieron el rumor de que el Ejército lo iba a incautar, pero eso fue la mejor propaganda. Todo el mundo salió corriendo a comprarlo. Se hicieron cuatro ediciones en un mes. La locura.
P. ¿Se considera usted una feminista?
R. ¡Claro!
P. ¿Y qué es una feminista?
R. Es una mujer que pone ante todo el respeto a sí misma. En este país, 400 mujeres han sido asesinadas con total impunidad en Ciudad Juárez. Es aterrador. Y lo de las mujeres en general en México es aterrador.
P. ¿Las mujeres inteligentes dan miedo?
R. No, no creo que todavía sea así. Al contrario, pienso que hoy las mujeres inteligentes son muy buscadas. Esa cosa de las revistas de moda de que a la que es sabia o a la que estudia o a la que se basta a sí misma o a la que se mantiene nadie se le va a acercar, ha pasado a mejor vida. A los hombres actuales les interesa la competencia. ¿Usted siente que en el periodismo la tratan mal por eso? En mi época, cada vez que había un buen reportaje, era para un hombre, nunca para una mujer. Nadie quería invertir en la carrera de una periodista porque se iba a casar, iba a tener hijitos, guardaría su título en un baúl y no había por qué invertir en ella. Lo que sí es que todavía se dice es que cualquier logro de una mujer ha sido porque se ha acostado con el jefe o porque son guapas. Hay quien cree que todos los méritos de una mujer tienen que ver siempre con su cuerpo.
P. Y también con su condición de mujer…
R. Una vez escuché un comentario que me pareció muy denigrante. Yo era muy, muy joven y se me grabó. Una mujer muy guapa me dijo: “Yo, cuando una puerta se me cierra, la empujo con las nalgas”. Qué feo, ¿no? Muchas tristemente todavía así lo creen, pero a lo mejor cada vez son menos. Incluso ya las indígenas, las que están con el subcomandante Marcos, las mujeres más fregadas del país, exclamaron que querían tener los hijos que podían y deseaban tener y que querían elegir al hombre con el que se unirían, mirarlo a los ojos para que no las cambien por un garrafón de alcohol. Es una victoria.
P. Siempre hace la diferencia de que antes de escritora es periodista…
R. Lo digo mucho. Ahora que leí a dos amigas el discurso que daré, me dijeron: “Ya deja eso, porque a ti te dan el premio por escritora”. Como si me quisiera disculpar por ganar. Hasta mi hija me dijo que lo dejara: “Mamá, vas a hacer ver como si el jurado fuera tonto por premiarte”.
P. ¿Cuál es la diferencia entre la escritora y la periodista?
R. Un escritor francés decía que el periodista es inmediato y debe ser rápido, tienes un jefe que te exige que entregues tu texto ya. En cambio, el escritor hace un ejercicio muy solitario sentado en tu mesa de trabajo. No sabes cómo se va a publicar o si se va a publicar. Es un reto entre tú y tu mesa. Es una aventura. Lo del periodista es otra cosa, entregas y no sabes qué harán con lo que entregaste. Le cambiarán el titular, le quitarán palabras. En cambio, el escritor entrega sus textos como suyos. Necesitas disciplina y mucha tranquilidad.
P. ¿Qué consejo da a una escritora joven?
R. Que escriba, que escriba, que escriba. Un día de tanto escribir hallará una página en la que se sorprenderá y no creerá que lo ha hecho ella misma. Y leer. Observar. Estar alerta. Darte cuenta de cómo un pinche político maltrata a un camarero en un restaurante. Carlos Fuentes, de joven, le pedía a los camareros que le contaran la receta de lo que se había comido. Solo para escucharlos. Él conversaba mucho para poder escribir. En la calle de las prostitutas le gritaban: “Oye, güero, ¿le saco punta a tu pirulí?”. Y todo eso se le quedaba.
P. ¿Quiénes son sus maestros?
R. Todos los que me han precedido. Yo lamento mucho no haber ido a la universidad. Pero bueno, al menos toda la gente que leo son mis maestros.
P. ¿Qué quería estudiar?
R. Medicina. Yo quería salvar a la gente, a todos los que les pasara algo horrible. Estar ahí para ayudarlos. ¿Te imaginas qué ilusa era?
P. Pero usted no ha perdido la ilusión…
R. Para nada. Soy una persona muy afortunada. Voy a cumplir 82 años y te puedo decir que me ha ido muy bien.
P. ¿Qué libro le regalaría a una niña de 13 años?
R. A mí me gusta mucho El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, de Juan Villoro. Porque tiene mucho sentido del humor. Y me encanta el título.
P. ¿Y alguno de Elena Poniatowska?
R. Lilus Kikus. Cuentos. El que escribí de Monsiváis, Sansimonsi. El burro que metió la pata, ¡ese es muy padre! Es de mi hijo Mane, el mayor, el que es científico.
P. ¿Elena Poniatowska tiene nervios de dar el discurso de recepción del Premio Cervantes?
R. ¡Muchísimos! Pero estoy tan cansada que ya ni puedo estar nerviosa.

sábado, 19 de abril de 2014

Un cuento de Yenine Ponce

Sin título

Se enamoraron casi al verse. Ella lo había soñado unas semanas antes, soñó con él sin conocerlo. Luego de largos paseos por la alameda, muchas horas sentados en la banca del parque de un solo farol, de sonrisas con sabor a helados y una tierna declaración una noche de tormentoso aguacero, iniciaron un amor bonito; un año después, decidieron irse a vivir juntos sin comunicar nada a nadie, sus padres se molestaron mucho.
-¿Estás loco? -chillaron–. No tienen edad ni para limpiarse las narices solos. ¿Qué estás pensando irresponsable? ¿Esa chica no tiene casa, no tiene familia, nadie que responda por ella? 
-Apenas ha terminado la secundaria -protestó su madre-. ¿Qué puede saber de atender un marido?
-¿De qué van a vivir si tú no trabajas y ella tampoco? -preguntó enojado su padre, su sabia abuela respondió tranquila: “¡ay! para lo que van a durar estos dos, si son unos niños, pensarán que un hogar, una familia, es juego, se van a cansar de jugar cuando vengan los problemas y prontito lo tendremos otra vez en la casa”.
Para ella fue más fácil, su madre había muerto cuando apenas era una niña, su madrastra estaba feliz de deshacerse de ella, y su padre se limitó a botarla de la casa.


Luego de casi seis años juntos, ella se hacía cada vez más taciturna, sobre todo después de aquel ácido reclamo que le hiciera la recia abuela de su marido, una mañana de sábado en pleno mercado, qué vergüenza, delante de tanta gente. “Mujer ociosa, no quieres darle un hijo a mi nieto, quieres vivir así como mujer soltera”, le increpó a gritos la vieja. Ella, asustada y avergonzada, bajó la cabeza.
-No es mi voluntad -contestó casi ininteligible y salió huyendo a toda prisa.
Una mañana despertó angustiada y sudorosa, había vuelto a soñar con la abuela y con la escena del mercado, estrechó tiernamente a su marido y le susurró en el oído:
-Yo te amo, pero ¿y si nunca puedo darte un hijo?
Él la acarició, le sonrió y le dijo: “vamos a esperar un poquito más y si no viene, ya pues, viviremos juntos los dos como hasta ahora”. Luego la abrazó.
Cuando se quedaba sola en las tardes después del trabajo, lloraba sigilosamente.
Una noche despertó a su marido muy agitada. “He soñado -le dijo-, he soñado, algo va a pasar, lo presiento, va a cambiar nuestra vida Fabián”. 
Observaba abstraída cómo ardía el fuego de la cocina, vio flamear la llama, achinando los ojos reparó en sus colores dorado, rojo, azul. Recordó el pueblo de su madre, recordó a su madre. Alguna vez le había dicho mirando el fogón que en agosto había que tener mucho cuidado con el fuego porque estaba preñado, podía parir y causar incendios.
-¡Quiero un hijo! -le dijo al fuego en voz alta-. Dame un hijo -le exigió-. ¡Tú puedes!.
Luego se desmayó.


Veía crecer su vientre con una alegría indescriptible, pero por momentos también le asaltaban dudas y temores. Ahora buscaba el menor pretexto para pasar por la puerta de la casa de los padres de su marido, incluso solía fingir que se le caía algo para agacharse pesadamente, lentamente, y permanecer más tiempo en el lugar, solo para que la vean. Una vez que nació el niño salieron del pueblo hacia la ciudad, esperanzados en mejores oportunidades para su hijo y para los que vendrían después. Los padres no quisieron conocer a los nietos, seguían enojados. A ella dejó de interesarle, él los extrañaba de vez en cuando.

Luego de acostar a los tres niños, se acomodó en el sofá para leer el manual de la nueva máquina que operaría en el trabajo, ya casi terminaba de estudiarlo cuando un leve ruido le hizo levantar la vista, se quedó petrificada, apenas pudo incorporarse y llegar al dormitorio, sacudió a su marido, asustada, y le dijo “llama a tu casa, hombre, pregunta por tu familia, tengo un mal presentimiento, hazme caso”.
Esa misma noche la despertó un ruido seco en la puerta principal, aún medio dormida preguntó quién era mientras trataba de ver por la rendija, un escalofrío le recorrió la espalda. Volvió corriendo al dormitorio, con la respiración agitada se quedó plantada en el umbral de la puerta, la tenue luz del pasadizo y la penumbra del cuarto le daban un aspecto fantasmal.
-¡Fabián! -gritó-, ¡Fabián!, ¡tu padre está en la puerta! 
El hombre se levantó como impulsado por un resorte, precipitado salió corriendo y abrió la puerta de un tirón, una turba de enormes moscas azules volaba lentamente en la puerta principal. Ella se acercó con ternura, lo abrazó con fuerza y le susurró: “tu padre ha muerto Fabián, ha venido a despedirse”. Unos segundos después sonó el teléfono.


Yenine Ponce es antropóloga, ha publicado artículos de su especialidad en diversas revistas y relatos en páginas electrónicas.

jueves, 17 de abril de 2014

Gabriel García Márquez (1927 - 2014)



Bello abril, los traes. 
Amargo abril, 
te los llevas.

(AHF)

martes, 15 de abril de 2014

Belli: un lector es suficiente

Interesante entrevista al poeta Carlos Germán Belli que se publica en "El País", de España, a propósito de los homenajes que se le hacen, entre los que hay conversatorios sobre su obra y análisis de su poesía. A sus 86 años conversa con lucidez, inteligencia, sabiduría y buen humor. 
Carlos Germán Belli, notable poeta de la generación del 50
Entrevista de Jacqueeline Fowks

Pregunta. Ha comentado recientemente que le gustaría escribir más ¿qué se lo impide, cómo es su rutina?
Respuesta. Por prescripción médica tengo media hora de caminata diaria y luego estoy siempre cerca de la computadora para responder mensajes. Después tengo otro momento en que debo escribir algunas líneas, en prosa, pero lamentablemente la poesía no está muy presente. La inspiración poética no me acompaña en estos últimos tiempos. Espero retomar la pluma poética más adelante.
P. ¿Qué escribe en prosa?
R. Palabras de agradecimiento o presentación de algún libro mío y algunos textos de reflexión en torno a temas diversos.
P. ¿Y eso por qué no lo publica?
R. He publicado algunos en la revista Libros y Artes que edita la Biblioteca Nacional, pero debo confesarle que en estos días he sufrido un desengaño, en una mención a Martín Adán me equivoco en el título de uno de sus poemarios, y también en cuanto a Westphalen, al referirme a un poema. Son errores que se me han escapado, pero si llego a publicarlos en algún libro los voy a corregir.
P. ¿Por qué si es tan productivo en términos creativos es un poco replegado en dar sus opiniones?
R. Seguramente responde a mi modo de ser, de actuar con perfil bajo. O no se presenta la oportunidad de que exprese mis opiniones críticas, pero en el fondo es por mi propio talante de ser un poco recatado. Eso se refleja en el plano cultural público.
P. ¿Ni buscando lectores?
R. De ninguna manera. Con uno es suficiente.
P. ¿Le nacía escribir y leer?
R. Como un dictado del alma, una cosa espontánea. He tenido la suerte de formar parte de una familia de clase media con predilecciones artísticas. Mi padre era pintor de los domingos; mi madre, lectora de poesía, y todo eso ha contribuido a mi condición literaria, mi condición existencial.
P. ¿En algún momento nota que logró un lenguaje poético personal o es gracias a la crítica?
R. Creo que es por la crítica. Le mentiría si le digo que en tal momento estoy reconociendo un lenguaje singular. Los amigos, los lectores te lo dicen: enhorabuena que así sea.
P. ¿Cómo se siente en la comparación con los otros grandes poetas de su generación como Jorge E. Eielson, Washington Delgado o Blanca Varela?
R. Complacido de formar parte de esta generación que es bastante importante en la literatura peruana. Debo agradecer al destino. Creo que el 50 peruano también tiene, paralelamente, un 50 latinoamericano: en Argentina pienso en Juan Gelman, en Chile el mismo Lihn, en Venezuela Sánchez Peláez, Sabines en México. Veo el 50 muy prolífico y representativo tanto a nivel peruano como hispanoamericano.
P. En sus inicios los poetas suelen compartir lecturas y criticarse en grupo. ¿En su caso su trabajo fue individual?
R. Sí, pero reconozco que compartía mis lecturas con otros poetas de mi generación, aunque sin llegar a formar parte de ningún grupo. Era un trabajo más solitario, me reconozco como un lector de biblioteca pública, he leído mucho en la Biblioteca Nacional (de Lima) y solía leer en Nueva York en la biblioteca de la esquina de la calle 42. Me veo como un poeta-lector de biblioteca pública. He seguido estudios académicos por cumplir los deseos de mis padres -de que yo tuviera un título-, pero me sentía como un autodidacta. Yo mismo me trazaba mis lecturas: no de acuerdo a los preceptos de la universidad, sino a mis dictados personales, de modo muy libre. Empecé con la vanguardia -con el surrealismo-, en lugar de empezar con los clásicos del Siglo de Oro, evidentemente había un desorden y creo que ese desorden es debido a esa gula que tenía por leer. La gula es desordenada también, pero al final de cuentas he ordenado todo dentro de mi cerebro.
P. Cuando le incomodaba la falta de tiempo para ser escritor ¿la familia era también una carga o un insumo?
R. La vida familiar ha sido una fuente de inspiración evidentemente. Lo que sí había un desapego y un rechazo era a esta situación laboral: como empleado en el Senado y como traductor en una agencia de noticias, en otro momento como periodista del diario Expreso. Pero esa situación tensa, por tener dos trabajos, finalmente motivó una fuente de inspiración, algunos poemas relacionados con este tema existencial y, en el balance final, no me quejo.
P. En uno de sus poemas más conocidos, de 1960, muestra su esperanza en que la tecnología facilite las cosas y nos deje tiempo para cultivarnos. ¿En retrospectiva, ha sido así?
R. Es un balance favorable de lo que nos depara la tecnología y las computadoras. La computación favorece que la poesía se divulgue, que los libros multipliquen las publicaciones.
P. ¿Ha tenido página web propia?
R. No. Aunque hace casi 50 años me incliné por la cibernética, el uso de ella es bastante limitado de parte mía. Solo escribo mis textos en Word o respondo y escribo las cartas mediante el correo electrónico. De ahí no salgo. Si hay problemas tengo que consultarle a la gente joven, a mi hija, algún sobrino o amigo. Felizmente, a Dios gracias, sí sé usar Google.
P. Varios poetas peruanos envejecen muy bien. ¿Por qué?
R. Pero también hay quienes mueren tempranamente, como Antonio Cisneros o César Calvo. En el caso mío es por haberme cuidado bastante cuando joven, he tratado de no tomar, no llevar una vida bohemia, y seguramente igual ocurre en otros poetas peruanos que han alcanzado una edad avanzada.
P. Pese a que no le entusiasmó su trabajo en el Congreso, tuvo un contacto cercano con quienes hacían política por 20 años. ¿Cómo ve la vida política ahora?
R. Con un interés limitado, como cualquier persona común y corriente. Evidentemente, uno se preocupa por lo que está ocurriendo en el país donde uno vive pero lo miro con desengaño a nivel peruano. Lo que deseo siempre, desde cuando era joven, es la unión hispanoamericana de nuestros países. Creo que al final de cuentas a eso vamos, pero a través de carriles democráticos, no a través de dictaduras ni autoritarismos. Nos une el idioma, la lengua, que es la verdadera patria de uno.

lunes, 14 de abril de 2014

Día del poeta peruano

Como se ha dictado por ley (N° 24616, de diciembre de 1985) no se cumple, como casi todas las leyes peruanas. Sin embargo hay que recordar la fecha, 15 de abril como día del poeta peruano, porque conmemora el fallecimiento del poeta César Vallejo, peruano universal y principal referente de la poesía peruana en la literatura escrita en castellano. Bueno, y bla bla bla. Mejor, dos poemas de Vallejo para celebrar.
Vallejo, solo, en Europa, en una silla prestada
Hoy me gusta la vida mucho menos...

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi sér parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dice casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y que está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre siempre!


Quisiera hoy ser feliz de buena gana...

Quisiera hoy ser feliz de buena gana,
ser feliz y portarme frondoso de preguntas,
abrir por temperamento de par en par mi cuarto, como loco,
y reclamar, en fin,
en mi confianza física acostado
sólo por ver si quieren,
sólo por ver si quieren probar de mi espontánea posición,
reclamar, viy diciendo,
por qué me dan así tánto en el alma.

Pues quisiera en sustancia ser dichoso,
obrar sin bastón, laica humildad, ni burro negro.
Así las sensaciones de este mundo,
los cantos subjuntivos,
el lápiz que perdí en mi cavidad
y mis amados órganos de llanto.

Hermano persuasible, camarada,
padre por la grandeza, hijo mortal,
amigo y cotendor, inmenso documento de Darwin:
¿a qué hora, pues, vendrán con mi retrato?
¿A los goces? ¿Acaso sobre goce amortajado?
¿Más temprano? ¿Quién sabe, a las porfías?

A las misericordias, camarada,
hombre mío en rechazo y observación, vecino
en cuyo cuello enorme sube y baja,
al natural, sin hilo, mi esperanza...

César Vallejo, de "Poemas humanos"

jueves, 10 de abril de 2014

Final

Escribir un poema en forma de
pájaro o pez o planta venenosa.

Escribir palabras
con letras que c
                a
                 e
                  n.

Escribir un poema que no leerás,
un poema que no tiene...

Alfredo Herrera Flores (2014)

domingo, 6 de abril de 2014

Volver a Fernando Pessoa

Entre los nombres al que hay que volver, siempre, está Fernando Pessoa, especialmente cuando uno está buscando la palabra que el verso necesita, ahora.
Pessoa
Llueve en silencio, que esta lluvia...

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego...

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece...

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...


Fernando Pessoa 

viernes, 4 de abril de 2014

Centenario de Marguerite Duras: un cuento

Otro centenario memorable: Marguerite Duras. Hay mucho sobre ella en la red. Nosotros nos sentamos a la silla para leer este breve cuento, siempre dentro de ese mundo de erotismo con el que ha sabido indagar en la esencia del ser humano.
Duras con enigmática mirada en retratode primera madurez

 El tren a Burdeos

Una vez tuve dieciséis años. A esa edad todavía tenía aspecto de niña. Era al volver de Saigón, después del amante chino, en un tren nocturno, el tren de Burdeos, hacia 1930. Yo estaba allí con mi familia, mis dos hermanos y mi madre. Creo que había dos o tres personas más en el vagón de tercera clase con ocho asientos, y también había un hombre joven enfrente mío que me miraba. Debía de tener treinta años. Debía de ser verano. Yo siempre llevaba estos vestidos claros de las colonias y los pies desnudos en unas sandalias. No tenía sueño. Este hombre me hacía preguntas sobre mi familia, y yo le contaba cómo se vivía en las colonias, las lluvias, el calor, las verandas, la diferencia con Francia, las caminatas por los bosques, y el bachillerato que iba a pasar aquel año, cosas así, de conversación habitual en un tren, cuando uno desembucha toda su historia y la de su familia. Y luego, de golpe, nos dimos cuenta de que todo el mundo dormía. Mi madre y mis hermanos se habían dormido muy deprisa tras salir de Burdeos. Yo hablaba bajo para no despertarlos. Si me hubieran oído contar las historias de la familia, me habrían prohibido hacerlo con gritos, amenazas y chillidos. Hablar así bajo, con el hombre a solas, había adormecido a los otros tres o cuatro pasajeros del vagón. Con lo cual este hombre y yo éramos los únicos que quedábamos despiertos, y de ese modo empezó todo en el mismo momento, exacta y brutalmente de una sola mirada. En aquella época, no se decía nada de estas cosas, sobre todo en tales circunstancias. De repente, no pudimos hablarnos más. No pudimos, tampoco, mirarnos más, nos quedamos sin fuerzas, fulminados. Soy yo la que dije que debíamos dormir para no estar demasiado cansados a la mañana siguiente, al llegar a París. Él estaba junto a la puerta, apagó la luz. Entre él y yo había un asiento vacío. Me estiré sobre la banqueta, doblé las piernas y cerré los ojos. Oí que abrían la puerta, salió y volvió con una manta de tren que extendió encima mío. Abrí los ojos para sonreírle y darle las gracias. Él dijo: "Por la noche, en los trenes, apagan la calefacción y de madrugada hace frío". Me quedé dormida. Me desperté por su mano dulce y cálida sobre mis piernas, las estiraba muy lentamente y trataba de subir hacia mi cuerpo. Abrí los ojos apenas. Vi que miraba a la gente del vagón, que la vigilaba, que tenía miedo. En un movimiento muy lento, avancé mi cuerpo hacia él. Puse mis pies contra él. Se los di. Él los cogió. Con los ojos cerrados seguía todos sus movimientos. Al principio eran lentos, luego empezaron a ser cada vez más retardados, contenidos hasta el final, el abandono al goce, tan difícil de soportar como si hubiera gritado.
Hubo un largo momento en que no ocurrió nada, salvo el ruido del tren. Se puso a ir más deprisa y el ruido se hizo ensordecedor. Luego, de nuevo, resultó soportable. Su mano llegó sobre mí. Era salvaje, estaba todavía caliente, tenía miedo. La guardé en la mía. Luego la solté, y la dejé hacer.
El ruido del tren volvió. La mano se retiró, se quedó lejos de mí durante un largo rato, ya no me acuerdo, debí caer dormida.
Volvió.
Acaricia el cuerpo entero y luego acaricia los senos, el vientre, las caderas, en una especie de humor, de dulzura a veces exasperada por el deseo que vuelve. Se detiene a saltos. Está sobre el sexo, temblorosa, dispuesta a morder, ardiente de nuevo. Y luego se va. Razona, sienta la cabeza, se pone amable para decir adiós a la niña. Alrededor de la mano, el ruido del tren. Alrededor del tren, la noche. El silencio de los pasillos en el ruido del tren. Las paradas que despiertan. Bajó durante la noche. En París, cuando abrí los ojos, su asiento estaba vacío.

Marguerite Duras

jueves, 3 de abril de 2014

Poema de Octavio Paz

Pasado el silencio y como la celebración de la poesía es perpetua, escuchamos (leemos) a Octavio Paz, poema sencillo, completo.

Entre Irse y Quedarse



Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
Octavio Paz

domingo, 30 de marzo de 2014

Silencio por Octavio Paz

No escribiré mañana,
guardaré silencio mientras
dure tu fiesta, seré testigo lejano y
ausente, pero estaré
leyendo las líneas de
tu frente, el iris tibio
de tu ojo de niño y
el iris intenso de
tu ojo de viejo sabio,
y no me verás
ni oirás, ni sabrás de mi.

No imaginas cuánto sé de ti,
por eso mi silencio será
un ramo de flores,
aunque ya no sirva para nada.

Sé que OP no es el mar
Pacífico sino tu nombre
y es tan vasto como el agua
que todo lo cubre,
y es tan mar como tu poesía
que todo lo descubre.

Perdona la grosería, OP,
pero sé por experiencia de 
alma en pena
que andas bien sin nosotros
y nosotros andamos leyéndote
para estar mejor.

Alfredo Herrera Flores (2014)

sábado, 29 de marzo de 2014

Canción de amor

Aquí,
en mi corazón
(apunto con mi dedo el lugar exacto),
siento la presión
de un dedo fatal.

Alfredo Herrera Flores (2014)

viernes, 28 de marzo de 2014

Sobre la novela ganadora de la Bienal MVLL

Una breve nota sobre la novela ganadora de la Primera Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que concluyó el jueves por la noche con canciones de Cecilia Barraza y el anuncio precisamente de la obra ganadora. El texto viene con la firma de Álvaro Valverde y fotografía de Daniel Mordzinski, tomada del blog personal del español y de El País, respectivamente, en vista de que no hay nada de esto en los diarios peruanos (pero si se tratara de Gastón o de Tilsa habrían publicado hasta cuando se levan las manos). No he leído la novela de Bonilla, Prohibido entrar con pantalones, pero lo que dice Valverde es alentador, no se ha premiado a un "bestseller", sino a una obra verdaderamente literaria. Mejor lo que dice Valverde, que transcribimos con el atrevimiento de la confianza:
Bonilla en Lima visto por Mordzinski
Escribe: Álvaro Valverde

Los habituales y quienes pasen de vez en cuando por aquí recordarán que Juan Bonilla estuvo en Plasencia hace poco y, por eso, en este rincón. Leyó en el Aula de Literatura. Venía cansado porque aprovechó el viaje para hacer un tour y ya había pasado por otras aulas y le esperaba aún alguna más. 
Cuando vi que era finalista del premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, le escribí para darle la enhorabuena y le advertí que lo ganaría. Mi argumento: el paso por el Aula favorece esas situaciones y son varios (no diré muchas por no exagerar) los casos en que, tras la lectura placentina, éste o aquélla han ganado tal o cual galardón, público o privado. No me creyó, como es lógico, pero dejó caer un: "Que San Mario Vargas Llosa te oiga!!!!!" Y nos oyó. Y lo ha conseguido.
No tengo dudas respecto a los otros finalistas, en especial Chirbes, unánimemente reconocido, acaso el mejor novelista vivo de la España de hoy. Recuerdo, eso sí, que una mañana de 2012, a la entrada de Huelva capital, uno al volante y él de copiloto, Bonilla me habló con fervor de esa novela entonces inédita y de cómo en la editorial seguían teniendo dudas sobre si publicarla: demasiado literaria. Por eso me alegro aún más de este premio que viene a señalar el valor de la literatura frente al del maldito bestsellerismo que nos invade. Que ya nos ha invadido. A los últimos premios planetarios me remito. 
Ah, que Javier Rodríguez Marcos, a quien por culpa de un inoportuno y persistente resfriado no pude escuchar, se vaya preparando. Leo que tiene libro inédito. ¿Será el próximo Loewe? Al tiempo. 

martes, 25 de marzo de 2014

Identidad


Digo "ese soy yo"
señalando mi sombra
cuando el sol me acecha
o cuando la nostalgia camina 
a mi lado.

Alfredo Herrera Flores (2014)

domingo, 23 de marzo de 2014

Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

No vale la pena restar méritos ni ser mezquino con aplausos. Desde mañana, lunes 24, hasta el jueves 27 la ciudad de Lima se convierte en el centro de atención de la literatura hispanoamericana, al celebrarse la I Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Me parece que lo interesante es eso, que el país sea el punto de atención gracias al nombre del Premio Nobel peruano. Es como lo que hace Gastón con la cocina. Otro asunto es que si los invitados son los mejores, que si los escritores peruanos seleccionados son los más representativos, que si el debate incluye realidad y política, que si debe buscar bajar el precio a los libros o si se promueve la lectura en niños, jóvenes y maestros. Lo cierto es que en el campo de la literatura la vitrina está abierta. Es como el rallye Dakar para los amantes del automovilismo. Ojalá se sepa aprovechar. Los interesados pueden abrir cualquier página de la Bienal para saber de eventos, horarios y locales.