lunes, 7 de julio de 2014

Ya circula Sieteculebras

Mario Guevara nos cuenta que ya está en circulación el número 35 de Sieteculebras. Unos dicen la "ya legendaria" revista cusqueña, aunque es cierto, es más propio decir "la importante" revista cusqueña. ¡Salud! (y no pregunten ¿dónde la puedo conseguir?)
Notable portada y mejor contenido

viernes, 27 de junio de 2014

Una palabra

Una  palabra, sin embargo, para volver
a la sombra de tu espalda impecable,
como quien vuelve la mirada
entornando los ojos hacia lo visto y no        tocado.
Tanto tiempo. Tanto.
Sorprendido por un temblor de tierra
que recorre la memoria de un momento a otro,
me detengo, en la misma palabra.

Alfredo Herrera Flores (2014)

miércoles, 25 de junio de 2014

Ana María Matute (1926 - 2014)

Falleció la escritora española Ana María Matute, Premio Cervantes 2014. Leí algunas novelas y unos cuentos de esta narradora impecable, considerada como autora solitaria y ajena a los carteles de la literatura exhibicionista de España de las últimas décadas.
Ana María Matute en una de sus últimas apariciones en público
Unas frases de Ana María Matute:

"Me parecería una auténtica falta de cortesía que dios no existiera".

La palabra es lo más bello que se ha creado, es lo más importante de todo lo que tenemos los seres humanos. La palabra es lo que nos salva.

El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad.

domingo, 22 de junio de 2014

Lampa

Lampa queda en la zona norte de Puno, al sur de Perú, en el altiplano, a 4000 metros sobre el nivel del mar. Es allí donde nací. Dicen. Aquí algunas imágenes de ese espacio olvidado por el tiempo, felizmente. Esta semana estuvo el pueblo de aniversario. Nosotros lejos. Debo decir que las fotos han salido de la red, donde hay muchas. No he podido, ahora, poner las que he tomado yo, ya habrá oportunidad.
Calle característica, vacía, solitaria
Vista panorámica, el templo, y alejada, su torre
La plaza, bajo los viejos queñuales, la pileta reconstruida por un tío alcalde y al fondo el templo
Luego de una tormenta, a la derecha, la casa de la abuela, donde nacimos, o vivimos, Víctor Humareda,
Vladimir Herrera y quien esto recuerda

Alfredo Herrera Flores (2014)

martes, 10 de junio de 2014

Onetti vuelto a ver

Han pasado veinte años desde la partida de Juan Carlos Onetti, el novelista uruguayo al que hay que volver siempre para refrescar nuestra mirada íntima y profunda sobre el ser humano. Pero por ahora pocas palabras. Hay un muy recomendable video que se puede ver en la página de la Revista Ñ, de Argentina, no solo para volverlo a ver sino para entenderlo cada vez más, y entendernos a nosotros mismos y entender nuestra sociedad. Vale. Se puede acceder al video aquí.
Una de las imágenes de un Onetti uraño y solitario

miércoles, 4 de junio de 2014

Principe de Asturias de las Letras para John Banville

No estaba precisamente entre los favoritos, pero Banville es uno de los escritores europeos voceados para los principales premios, y ahí está. Reproducimos lo que dice el acta del jurado y recomendamos revisar la nota sobre el premio en el diario El País y darle una mirada al Cultural de ABC, España, donde también hay un interesante repaso a sus obras más importantes.
Banville, al estilo de sus personajes
PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS

ACTA DEL JURADO

Reunido en Oviedo el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, integrado por Xuan Bello Fernández, Amelia Castilla Alcolado, Juan Cruz Ruiz, Luis Alberto de Cuenca y Prado, José Luis García Martín, Álex Grijelmo García, Manuel Llorente Manchado, Rosa Navarro Durán, Carme Riera i Guilera, Fernando Rodríguez Lafuente, Fernando Sánchez Dragó, Ana Santos Aramburo, Diana Sorensen, Sergio Vila-Sanjuán Robert, presidido por D. José Manuel Blecua Perdices y actuando como secretario D. José Luis García Delgado, acuerda conceder el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 al novelista irlandés John Banville por su inteligente, honda y original creación novelesca, y a su otro yo, Benjamin Black, autor de turbadoras y críticas novelas policiacas.
La prosa de John Banville se abre a deslumbrantes espacios líricos a través de referencias culturales donde se revitalizan los mitos clásicos y la belleza va de la mano de la ironía. Al mismo tiempo, muestra un análisis intenso de complejos seres humanos que nos atrapan en su descenso a la oscuridad de la vileza o en su fraternidad existencial. Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano.

Oviedo, 4 de junio de 2014
(El País)

domingo, 1 de junio de 2014

Libro de Homero Rivera

El martes 3 de junio se presenta un libro de Homero Rivera, tendré el gusto compartir comentarios con Víctor Raúl Loayza y Mario Guevara. Nos vemos en la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, a las 19;00 horas.

sábado, 31 de mayo de 2014

Para Feliciano Padilla

El siguiente texto fue leido la noche dek}l viernes 30 de mayo, durante la presentación del libro "Ezequiel, el profeta que incendió la pradera", de nuestro querido amigo Feliciano Padilla, gracias al entusiasmo de Niel Palomino.



Amigas y amigos:

Lamento mucho no poder estar esta noche con ustedes acompañando a Feliciano en la presentación de su novela “Ezequiel, el profeta que incendió la pradera”, una ceremonia familiar en Arequipa me impide estrecharle la mano y felicitarlo por su nueva publicación, estoy seguro que ustedes lo harán con el mismo afecto y cariño que le tengo, y celebrarán con él este acontecimiento.
Hace unos días entablé conversación con un señor en el bus, nos cedimos mutuamente el asiento, a él le pareció haberme visto antes y cuando le dije que era puneño rápidamente me habló de Gamaliel Churata, se quejó de que no hubiera ediciones de su obra al alcance de un público mayor, recordó a Dante Nava y algunos nombres de la literatura puneña y, por su puesto, terminamos hablando de Feliciano Padilla y de algunos otros autores abanquinos. Le anuncié que Feliciano vendría a Cusco a presentar su novela y él recordó haber estado en la presentación de su anterior libro, “Aquí están los Montesinos”.
Veo, entonces, que Padilla no necesita de mayores presentaciones, tiene el privilegio de ser conocido, y reconocido, por sus obras, y eso para un escritor es una de las mayores satisfacciones que puede guardar en su intimidad. Quienes además lo conocemos por su calidad humana, difícilmente podemos desligar su genio creativo de sus dones de amigo y maestro.
La producción literaria de Feliciano Padilla es amplia y variada, abarca diferentes géneros y espacios creativos, sin embargo, hay que destacar, por ejemplo, sus cuentos premiados y antologados, su poesía quechua y su investigación sobre la literatura puneña. Sus dos novelas históricas, “Aquí están los Montesinos” y “Ezequiel, el profeta que incendió la pradera”, son notables y comparten no solo la recreación de personajes importantes en una época y luego olvidados por la historia oficial, sino sobre todo coinciden en que a través de estas historias se revalora el espíritu rebelde de pueblos y culturas como la abanquina y puneña, respectivamente, que son, al final, algo más que modelos del espíritu y la identidad andinas.
He leído con mucha atención y expectativa “Ezequiel, el profeta que incendió la pradera”, y no he sido defraudado. He asistido a la recreación y re – visión, de un hecho real –la fundación de Wancho Lima– y un personaje que se convierte en símbolo –el dirigente indígena Ezequiel Urviola–, y nuevamente he establecido un vínculo con ese pasado histórico que es el que debe sostener y soportar, como una columna de piedra, nuestra identidad.
Es cierto que en la novela histórica se corre el riesgo de hacer ficticios los sucesos reales, o viceversa, pero la fabulación no solo permite ocupar, o cubrir, aquellos espacios o momentos omitidos por la memoria, sino, sobre todo, permite cuestionar con los criterios de hoy los actos, individuales o colectivos, públicos o privados, que han marcado y configurado nuestro presente. Padilla logra, con esta novela, estos objetivos.
¿Dónde está nuestro pasado? ¿Dónde hay que buscar la raíz de lo que somos? ¿En la historia, en la antropología, en la literatura? Feliciano Padilla nos sigue dando pistas. Como él mismo cuenta, en medio de páginas amarillentas de periódicos pasados, como suele ser la historia, descansaba la fuente de la literatura. El resto es arte.
Hay otras personas que también hubieran querido saludarte esta noche, reiterarte lealtades y admiraciones, ya habrá oportunidad, y tú nos has demostrado con tu fortaleza que siempre hay oportunidades y hay que asumirlas. Guárdanos, Feliciano, un lugar en el bosque de robles, los tupidos totorales de nuestro lago y flores de sankayo que brotan de tu arte.

Alfredo Herrera Flores, en mayo, en la ciudad de piedra, una noche de lluvia del 2014.

jueves, 29 de mayo de 2014

Seguir hablando de Onetti

A veinte años de su muerte, se habla cada vez más de Onetti, los jóvenes acceden a sus obras y los mayores reconocen su influencia. Por ahora, breve nota en El País, donde su viuda recuerda al Onetti que todos, y nadie, conocen.
Onetti, en vieja pose

Escribe: Winston Manrique Sabogal
EL PAÍS

“¿Quién se va a acordar de Onetti dentro de 20 o 30 años?”. Esa pregunta que se hacía el propio Juan Carlos Onetti llega ahora a su primer tiempo: hace 20 años, el 30 de mayo de 1994, murió en Madrid el escritor uruguayo. Una pregunta que ya antes de fallecer empezó a tener respuesta positiva y que ha aumentado en cascada en dos décadas. La penúltima respuesta llega en la voz de Dorothea Muhr, Dolly, la mujer con la que vivió desde los años cincuenta. Ella ha vuelto a Madrid estos días. Recuerda, no, evoca al escritor con ráfagas acerca de su vida, creando una especie de homenaje a uno de sus títulos más conocidos, Dejemos hablar al viento,añadiendo aquí, “sobre Onetti”.
“¿Quién se va a acordar de Onetti dentro de 20 o 30 años?”, cuenta Dolly que decía con frecuencia el autor de El pozo, El astillero, La vida breve o Juntacadáveres. Es la reflexión de esta mujer de 89 años, violinista, en el madrileño Centro de Arte Moderno, donde se han preparado varios homenajes. “Cómo no se van a acordar si era un adelantado a su tiempo. Y su tiempo es más este”.
Onetti frente al mundo pero alejado del ruido de la vida. El murmullo entrando por su ventana en Madrid, donde llegó exiliado de la dictadura de su país y tras haber estado preso. Sus lectores que no paran de crecer y los escritores que no cesan de reivindicarlo y convertirlo en uno de los autores latinoamericanos más admirados por ellos. Empezando por Mario Vargas Llosa. Era anterior al boom latinoamericano junto a Borges, Rulfo o Asturias, entró en él sin mucha alharaca, y siguió de largo. Jóvenes autores hablan de él. El Nobel surafricano J. M. Coetzee ha pedido novelas suyas, cuenta Dolly.
El escritor, nacido en 1909, se adelantó tanto que le quedó tiempo para estar en casa, en cama, con su whisky, con sus charlas. Existencialista, moderno, avanzado… Onetti no creía del todo lo que ocurría a su alrededor. “No porque no creyera que fuera bueno, sino porque no le interesaba ser una especie de servidor de la fama”.
Dejemos hablar a su mujer con su musicalidad argentina en estos recuerdos sueltos como el viento que va y viene...
“Él solo quería leer, quería escribir, quería estar en su hogar”.
“No eligió ser así, no pensó en ser así, un poco aislado y todo eso. Simplemente era así”.
“Tal vez lo único que le alteró fue cuando le concedieron el Cervantes en 1980. La noche anterior a recibirlo, del 22 al 23 de abril, ¡no durmió nada! Luego no asistió a la fiesta. Así es que me tocó ir a mí a poner la cara”.
“Una de nuestras pasiones era la novela negra. Nos intercambiábamos libros y teníamos nuestras propias claves”.
“Se habla mucho de los autores que le gustaban o lo habían influido como Faulkner o Joyce o Proust… ¿Conrad? Pocos hablan de Conrad y le apasionaba”.
“Periodista fue su primer trabajo. En una agencia de noticias. Le gustaba informar de la Segunda Guerra desde Buenos Aires porque era el primero que se enteraba de lo que sucedía. A veces hablaba de lo mucho que le había enseñado el periodismo: te enseña a contar a ir al grano, de lo que en verdad interesa a la gente”.
“Se ha hablado tanto de su existencialismo, su lado pesimista y esas cosas… La verdad es que le molestaba que se insistiera tanto en su parte de sombras. Creía, y yo también, que tenía un poco de todo. Encara la realidad”.
"Y tenía un gran humor sin que fuera muy bien entendido”.
“Se rebelaba contra la decadencia. Le dolía envejecer”.
“Tenía una gran capacidad para expresar y hacerle sentir al lector cosas que este aún no había vivido”.
“Y la música. Era fanático de Gardel. Le encantaba la música clásica… Bach… Beethoven… Shostakóvich… ¡Todo eso después de Gardel, claro!”.
"No releía sus obras. No leía críticas. Decía que, como el perro, no volvía sobre su vómito”.
“Cada vez que lo leo me enternezco. Y me río. Y comprendo”.
“Madrid, gracias a los amigos, fue el lugar para refugiarse de la dictadura uruguaya que lo amargó tanto. Su habitación aquí era un trozo de Uruguay”.
Y las ráfagas evocadoras de Dorothea Muhr siguen por Madrid. La violinista habla, y a su alrededor parece acudir un pasaje de Dejemos hablar al viento, escrita en Madrid y con la cual Onetti cerró el ciclo de Santa María, donde hay poco espacio para el amor, todos están abatidos por los sueños y las realidades; menos una pareja de ancianos que venden cuerdas para violín sin haberse dejado de querer “mediante la ironía, la burla y la ineludible ternura”.

martes, 27 de mayo de 2014

Feliciano Padilla en Cusco

El escritor Feliciano Padilla vuelve al Cusco con nueva, interesante y necesaria novela.



TEXTUALIA 
REVISTA DE LETRAS Y HUMANIDADES 
INVITA A UD. 
A LA PRESENTACIÓN
DE LA NOVELA "EZEQUIEL, EL PROFETA QUE INCENDIÓ LA PRADERA", 
DE FELICIANO PADILLA

COMENTAN:
ENRIQUE ROSAS PARAVICINO
ALFREDO HERRERA FLORES y
NIEL PALOMINO GONZALES

LOCAL: SALÓN KILLA  DEL TEATRO MUNICIPAL DEL CUSCO
FECHA: VIERNES, 30 de MAYO del 2014.
HORA:   7 p.m.



lunes, 26 de mayo de 2014

Nuevo poema sobre el mar

VOLVER AL MAR

Volver al mar como quien vuelve
al punto de llegada,en abril, 
con las mismas palabras dichas 
al nacer, con la mirada nueva,
abiertas las heridas y limpias
las encías, la frente en su sitio
y las manos abiertas.
Volver al mar para verlo y decir
lo que acabo de decir para
que sea verdad.

Alfredo Herrera Flores (2014)

lunes, 19 de mayo de 2014

Juan Ramón Jiménez, enamorado a la peruana

Una novela recrea las raíces de uno de los poemas más celebrados del premio Nobel Juan Ramón Jiménez. El mito se afloja en esta historia que rastrea a un Jiménez enamorado por carta de una mujer peruana, que al parecer nunca existió, y estuvo a punto de embarcarse y cruzar el océano si no fuera por un oportuno telegrama que lo terminó por desilusionar. La nota viene en el diario El País, de España.
Juan Ramón Jiménez 
Escribe: Angel Luis Sucasas
EL PAÍS
Se llamaba Georgina Hübner. Y pudo haber existido o no. Pero lo que es seguro es que Juan Ramón Jiménez se enamoró de ella por carta durante el verano de 1904 y le dedicó una de sus creaciones más brillantes, la elegía Carta a Georgina Hübner en el cielo de Limacontenido en su poemario Laberinto (1913): “¡El amor! ¡El amor! ¿Tú sentiste en tus noches / el encanto lejano de mis ardientes voces / cuando yo, en las estrellas, en la sombra, en la brisa / sollozando hacia el sur, te llamaba: Georgina?”. Georgina fue el nombre elegido por dos admiradores peruanos del autor, Carlos Rodríguez Hübner y José Gálvez Barrenechea, obsesionados por engatusar al maestro y mantener con él una correspondencia.
Un siglo después, el joven escritor Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) debuta en la novela recreando esta historia en "El cielo de Lima" (Salto de página). Una historia con muchos vacíos que han estimulado a este autor: “Ahí está el oficio del escritor, en llenar esos vacíos con literatura. Porque de esto se sabe poco. Solo se conservan cinco cartas: las dos primeras que manda Georgina y la primera respuesta de Juan Ramón y la última de Georgina y un fragmento de la última de Juan Ramón”. El motivo de esta correspondencia, amén del ego que pudieran tener los dos jóvenes, era bastante banal, como indica José Antonio Expósito, experto y editor del autor: “Sus libros no llegaban a Perú, así que la idea de estos muchachos, amén de enamorar al maestro, era conseguir las copias de su admirado escritor”.
Dedicó a su ficticia amada ‘Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima’
Lo que está claro para los eruditos es la importancia del episodio en la vida artística y literaria del Nobel. Expósito indica que “este episodio muestra a un Juan Ramón Jiménez que ya busca a un ideal de mujer distinto a los romances que había tenido. Una mujer ideal, sensible, cultivada que a él le llenase. En cuanto leyó unas cartas tan finas y cultas quedó prendado”. Hasta el punto de dedicarle ese poema que Expósito señala como “una de las elegías más bellas de la historia en castellano”. Y esto pasó un año antes de la recaída de salud de Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881- San Juan de Puerto Rico, 1958) en 1905, con su vuelta al Moguer natal e inclinaciones al suicidio. Pero superada esa fase, estalló su etapa de mayor esplendor creativo entre 1905 y 1920, que dejó obras como Baladas de primavera (1907),La soledad sonora (1911) o Platero y yo (1912).
Bárcena ha aprovechado este contexto para urdir su novela. Ha estudiado la tesis del quien descubrió esta historia en España, Antonio Oliver Belmás (Cartagena, 1903-1968), poeta, crítico e historiador que primero publicó un artículo en la revista Destino en los años 50 y luego lo desarrolló: “Oliver entrevistó al trío, Carlos Rodríguez, José Gálvez y Juan Ramón Jiménez. Y las versiones entre ellos no casaban en sus detalles. Aunque sí admitían haber cogido el nombre de la prima de Carlos y haberse inspirado en ella algo, porque les parecía una mujer guapa. Pero otras versiones desmienten que existiera”. Expósito afirma que la opinión general entre los eruditos de Jiménez sobre este tema es que Georgina Hübner efectivamente existió, y que sirvió de inspiración sin saberlo para que se llevara en su nombre esta farsa. La anécdota ha sido comentada, con mayor o menor amplitud, por sus principales biógrafos como Gabriela Palau o Antonio Campoamor.
Juan Gómez Bárcena recrea la historia en su primera novela
El romance Georgina-Juan Ramon tuvo un súbito y trágico final. El escritor envió una carta avisando de que tomaría el próximo barco para Perú para conocerla. Asustados, Gálvez y Rodríguez Hübner enviaron un telegrama con un mensaje sucinto y definitivo: infórmese a Juan Ramon Jiménez de que Georgina Hübner ha muerto. El viaje quedó truncado. “Pero fue un anticipo de lo que ocurrió años después con Zenobia Camprubí”, indica Expósito. “Cuando su madre decidió alejarlo de él y llevársela a Estados Unidos para casarla con un abogado de Harvard, Juan Ramón cruzó el océano tras su amor”. Solo que esta vez la amada sí existía.
La novela se detiene en el descubrimiento de esos versos elegíacos contenidos en Laberinto (1913), con los dos amigos firmando, ya en la madurez, lo más grande que habían hecho en sus vidas. A fin de cuentas, Bárcena ha aprovechado la anécdota para hablar “de lo ilusorio del amor”. “De cómo imaginamos a quien queremos amar como un molde y luego se lo ponemos a alguien que nos agrada”. Pero la historia llegó más lejos: “Juan Ramón no quiso aceptar durante mucho tiempo que le habían mentido”, revela Expósito. “Cuando se supo la mentira, se metieron mucho con él por haberse enamorado de un sueño. Hacia el final de su vida, lo aceptó y llegó a revisar el poema para reflejar la amargura de haber sido engañado [incluido en el libroLeyenda (Visor Libros)]”. Pero en esa primera versión, su amor por aquella delicada admiradora peruana, enfermiza y cultivada, se advierte en cada verso: “Yo no sé cómo eras / ¿morena?, ¿casta?, triste? ¡Sólo sé que mi pena / parece una mujer cual tú, que está sentada, / llorando, sollozando, al lado de mi alma!”.

martes, 13 de mayo de 2014

Los novelistas hablan entre ellos

Una reunión por el aniversario de Alfaguara permite conocer algunos detalles más sobre la vida de tres extraordinarios escritores, más allá de que a la gente les guste o no o sean afines a sus posiciones políticas. La cita desarrollada en España es resumida por Winston Manrique Sabogal en el diario El País. Nos tomamos la libertad de reproducirla en vista del interés de los jóvenes.
Un pasaje de la conversación con el peruano tomando la palabra

Escribe: Winston Manrique Sabogal
EL PAÍS

Silencio. Unos 840 lectores escuchan atentos las historias, revelaciones, vericuetos y cotidianidades literarias y felicidades irrepetibles contadas de viva voz por Mario Vargas Llosa, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Mientras Marías de muy niño casi odiaba los libros porque le quitaban espacio para jugar, Pérez-Reverte jugaba con ellos creando barricadas y Vargas Llosa, que aprendió a leer a los cinco años, le pedía cada 25 de diciembre al niño Dios que le regalara libros y más libros.
Entre el silencio, risas sacadas por un Nobel y dos de los más destacados escritores del idioma español —los tres académicos de la Lengua— al compartir su pasión con el público en los Teatros del Canal, de Madrid. Lo hicieron dentro de uno de los principales actos de celebración de los 50 años de su editorial: Alfaguara.
Murmullos en poco más de hora y media de recorrido por la trastienda de tres grandes autores como creadores y en su tránsito hacia su fin último: el público. En el escenario, bajo varios focos de luz, los tres de camisa blanca, recordaron el primer encuentro con los libros, luego sus primeros escritos, después se encaminaron por la ruta que los lleva a la concepción de su literatura. Hablaban de sus vidas. De la felicidad. Más anécdotas y más secretos desgranados bajo la moderación de Pilar Reyes, su editora: “Un momento emocionante estar con tres figuras icónicas de nuestro catálogo y que representan a la figura más importante de la editorial: el autor”.
Una nube de dudas, titubeos e inseguridades a la hora de escribir los identifica. Vacilaciones que aumentan con los años. Los une también el hecho de que el descubrimiento de la lectura en la infancia se les convirtió en el mejor placer. Después no es que quisieran ser escritores, sino que querían escribir para prolongar las historias que les gustaban, o que no les gustaban para cambiarles el final.
Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936), Nobel en 2010 y entusiasta crítico de libros también, debutó hace 55 años, en 1959, con el volumen de cuentos Los jefes. Estaba en París. Allí reafirmó su vocación y descubrió a los autores latinoamericanos que habrían de formar aquella feliz escandalera llamada boom. Él es uno de sus pilares. No sabe aún que le preguntarán qué se siente el saberse el último mohicano de una época fascinante de la literatura.
Marías (Madrid, 1951) publicó su primera novela en 1971: Los dominios del lobo. Gran admirador de William Shakespeare, el autor de Mañana en la batalla piensa en mí y Tu rostro mañana ha reconocido varias veces que la grandeza y misterio del dramaturgo inglés lo invitan a escribir: “Me espolean e incluso me dan ideas”. Por eso cuando Vargas Llosa le pregunta qué escritor le hubiera gustado ser si pudiera elegir, se decanta por el genio británico porque, dice, “nunca acabo de entender cómo funciona su cabeza”.
Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) empezó en la narrativa en 1986 con El húsar. Curtido en el periodismo, 15 novelas y muchos artículos de prensa acompañan al autor de títulos como El club Dumas, La reina del sur y El francotirador paciente. Él hubiera querido ser Joseph Conrad, “porque fue marino antes que escritor, y hay autores como él que envejecen bien y siempre sorprenden”.
Un escritor serio es lo que ha leído, lo que ha vivido más lo que imagina, asegura Pérez-Reverte. Todos coinciden en que las historias los buscan a ellos. Él y Vargas Llosa reconocen que suelen tener temas en nevera y que les produce cierta melancolía el saber que no los podrán escribir, ya que cada libro tiene su momento. “¡Qué envidia me dais!”, exclama Marías. Dice que a él eso no le ocurre: una vez que termina un libro no sabe lo que viene.
En medio de risas, llega la pregunta a Vargas Llosa, formulada por Pérez-Reverte: “¿Cómo se siente al ser el último de los mohicanos y saber que va a apagar la luz de una época…?”. El autor de La casa verde y Conversación en La Catedral ríe. Más de 800 personas ríen con él. Y contesta: “No lo sé”. Pero confesó que hay experiencias que obligan a la modestia: “Un día iba en un avión a Canarias y una azafata me dijo que un pasajero me admiraba mucho y quería conocerme. Acepté. Él se acercó conmovido y me dijo: ‘No sabe lo importante que han sido usted y sus libros en mi vida’. Y ahí vino la cuchillada: ‘Cien años de soledad ha sido muy importante’. No me atreví a decepcionarlo y decirle que yo no era García Márquez”. Todos ríen, mientras concluye: “Así suplanté a García Márquez”.
Y siguieron más historias reales de estos creadores de ficción. Fue por la celebración de este medio siglo de Alfaguara, que se cumplirá este otoño, y que empezó en diciembre pasado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). Un sello que nació en 1964 por iniciativa del constructor Jesús Huarte y bajo la dirección de Camilo José Cela y sus hermanos Juan Carlos y Jorge. En 1975 la editorial tomó un nuevo rumbo bajo la dirección de Jaime Salinas que alentó su vocación contemporánea. Con Salinas llegó Enric Satué, encargado de diseñar esas portadas azules exquisitas. En 1980, la editorial entró a formar parte del Grupo Santillana (del Grupo Prisa, editor de EL PAÍS). En 1993 empezó Alfaguara Global, con edición simultánea en España y América Latina. En marzo de 2014, Santillana vendió Ediciones Generales, que incluye este sello, a Penguin Random House, del grupo Bertelsmann. Con esta operación, Santillana busca centrar y reforzar su línea educativa de gran tradición y presencia en España y América Latina, donde es líder. Sigue una vocación transatlántica donde autores como Mario Vargas Llosa, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte borran las fronteras.

jueves, 8 de mayo de 2014

Los poetas recuerdan a Gelman

A cuatro meses de la partida del poeta argentino Juan Gelman, sus amigos poetas se reunieron en México, donde Gelman vivió sus últimos años, y lo recordaron con anécdotas y versos. La nota viene en La Jornada.
El buen Gelman recordado en México
Escribe: Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Jueves 8 de mayo de 2014

Juan Gelman ocupa su lugar tanto en el canon como en la marginalidad. No temas Juan, los homenajes, sobre todo los póstumos, no pretenden petrificarte ni convertirte en estatua, dijo el poeta Hugo Gutiérrez Vega al finalizar el homenaje que este martes cinco poetas rindieron a su colega argentino, fallecido en enero pasado.
La ceremonia se realizó en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en la que participaron los poetas José Ángel Leyva, Eduardo Hurtado, Marco Antonio Campos, Eduardo Lizalde y Gutiérrez Vega, quienes hablaron de la obra de Juan Gelman, quien nació el 3 de mayo de 1930 en Buenos Aires, Argentina. El sábado habría cumplido 84 años, 25 de los cuales vivió en México.
La poesía rindió homenaje al poeta. Se recordó al amigo, al poeta, al periodista. Al creador de palabras.
La presencia ausente de Gelman nos enseña la fortuna de su existencia. Su paso luminoso y ejemplar por este planeta. De Gelman aprendimos muchas cosas, en primer lugar su capacidad de amar al otro, su pasión justiciera, la fidelidad a la memoria y una voluntad inquebrantable por la verdad, pero sobre todo ello, la porfía en defender la palabra, en mostrarla como la herramienta espiritual que es. En trabajarla, como esa llave que abre la puerta del misterio para evidenciar otros misterios, dijo Leyva, quien señaló que la de Juan Gelman es una de las más originales y de mayor calado del siglo pasado.
“Gelman cumplió hasta el final con todos sus propósitos de reivindicación de la memoria, en términos de justicia por los crímenes cometidos a manos de las juntas militares Argentina y Uruguay contra su familia y las demás víctimas. Pero no lo celebró, siguió reflexionando y escribiendo sobre las causas que conducen al ejercicio del mal, buscando el máximo dolor del otro y su exterminio, por sus ideas, su origen su color de piel, sus creencias, sus preferencias. Juan lo tenía claro, por eso cuando en 2012 en el Palacio Bellas Artes le entregaron la medalla en plenos juegos olímpicos reivindicó la sabiduría de la inocencia. Dijo: ‘Como dijo mi nieto Iván a sus 11 años: peor que haber muerto es no haber nacido’”, recordó José Ángel Leyva, editor del libro amaramara que se publicará en unas semanas.
Juan Gelman era un hombre que siempre sabía escuchar más a los demás, al otro, recordó Marco Antonio Campos. No sólo eso, sino que estaba realmente preocupado por lo que a uno le pasaba o lo que uno vivía. Recordar que hasta el último día de su vida estuvo escribiendo. Tuve la fortuna, o no sé cómo llamarle, que me mandaba sus textos, que eran fragmentos de memoria, y era tan buen poeta en verso como escritor o poeta en prosa. No sé cuántos de esos fragmentos queden, tal vez 20 y tantos, y alguna vez se recordarán y son momentos de su historia y de Argentina intensamente vividos. Juan fue un hombre que vivió muchas vidas, también sobrevivió varias muertes.
Campos hizo comentarios al poema Carta a mi madre, algunos de cuyos fragmentos cobraron vida en la voz de Eduardo Hurtado, quien de Gelman  dijo: Lo siento vivo, está muy vivo.
Eduardo Lizalde, a su vez, habló delas dolorosas desapariciones de amigos, colegas, entrañables personajes que han ocurrido este año, este terrible obituario que hemos padecido. Una de las más dolorosas fue la de Juan Gelman. Habló de esa llamada que recibieron cada uno de los poetas que asistieron al homenaje, en la que Gelman les informó que tenía cáncer en el pulmón, inoperable, y que no le quedaba mucho tiempo de vida.
Llevará tiempo estudiar a fondo su vasta obra, con todo y que lo hemos leído a fondo y estudiado muchos de sus colegas, puntualizó.
Hugo Gutiérrez Vega, director de La Jornada Semanal, poeta, diplomático y Premio Nacional de Ciencias y Artes, recordó aquel encuentro en el que mientras leía el poema que Juan Gelman dedicó a su hijo, no pudo contener las lágrimas. Ambos lloraron.
Buscar la luz, abrirse paso, entre la cerrada tiniebla, no aceptar la derrota y hacer de la desesperanza una manera de reconciliarse con el mundo, de hacer un pacto de no agresión o un acuerdo de tregua prolongada con la historia y todo sus errores, injusticias e insensateces.
La poesía de Juan Gelman, el argen-mex –siempre me corregía, decía: ‘dadas las circunstancias soy mex-argen’ y para nuestra fortuna escogió nuestro país para seguir adelante en la vida en su trabajo creativo–, reúne esas características y nos ayuda a reconciliarnos con los días y las noches y redescubrir el asombro y la gloria de los alimentos terrenales.